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Confusión empresarial

JP Morgan Chase, el banco más grande de Estados Unidos, con operaciones en más de 50 países, anunció recientemente que accederá a que grupos de activistas participen en las decisiones sobre la concesión de créditos. El banco recibió muchas alabanzas, pero con ello viola principios básicos del capitalismo y entre los enemigos del libre mercado ninguno es tan efectivo como aquellos que se auto designan “socialmente responsables”.

Aclamados como buenos ejemplos corporativos, las empresas “socialmente responsables” entrelazan sus políticas administrativas con causas sociales, razón por la que logran fama de no preocuparles sólo las ganancias, sino que buscan el bien común. Eso puede significar que dan contribuciones a ciertas y determinadas organizaciones o que cambian políticas internas y procedimientos de producción para satisfacer a esos grupos. Muchos ejecutivos de empresas están dispuestos a utilizar activos de su compañía para ayudar a resolver problemas alrededor del mundo, pero por buenas que sean sus intenciones siempre terminan haciendo más daño que bien.

Ultimamente, en cuanto a políticas empresariales el bien común se define como “consciencia ambiental”. Luego de ser el blanco de una larga campaña de los verdes, JP Morgan Chase decidió en abril establecer una nueva política de créditos que prohíbe conceder préstamos a empresas multinacionales con proyectos en ciertas áreas ecológicas. A pesar de los aplausos recibidos, se trata de una política con graves inconvenientes. Así limitan el acceso al financiamiento, lo cual perjudica la producción y el empleo. Eso resulta devastador para países pobres con alto desempleo. También afecta al consumidor norteamericano que se beneficia de importaciones baratas. Pero, peor aún, perjudica a los accionistas del banco porque la retirada de ciertos mercados financieros significa que otros bancos se aprovecharán del vacío. Esto simplemente es contrario a los fundamentos del capitalismo. Los ejecutivos trabajan para los accionistas de las empresas y cuando se desvían de tal principio están incumpliendo sus obligaciones fiduciarias.

Tratar a grupos de activistas como si fueran accionistas de la empresa es una violación de los derechos de propiedad de los dueños. Esta teoría corporativa tradicional y de sentido común está siendo puesta a un lado por la creencia que, como institución social, la empresa tiene una obligación con la sociedad. El premio Nobel Milton Friedman explica que como ente artificial, la empresa no tiene responsabilidades naturales. La única responsabilidad empresarial es aumentar las ganancias, respetando, claro está, la ética. Además de cabildear a las empresas, los activistas están utilizando el mercado para instrumentar cambios en el sector privado.

Muchos están invirtiendo en fondos mutuales designados como “socialmente responsables”. Además de JP Morgan Chase, otras grandes empresas como General Electric, Ford y Citibank han modificado sus políticas para complacer a los activistas. Quienes creen en el libre mercado pueden contrarrestar esas actividades con la formación de fondos mutuales pro-capitalistas, de manera que sus inversiones no sólo busquen rentabilidad sino también la defensa de los principios del capitalismo, respaldando así a ejecutivos que realmente creen en el libre mercado y no se dejan chantajear por activistas. Milton Friedman sostiene que los ejecutivos que predican la llamada “responsabilidad social de las empresas” están apoyando a los enemigos del capitalismo. Es hora de acabar con tanta confusión empresarial. Anthony P. Archiees Académico de políticas públicas en el Pacific Research Institute.