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Conindustria y la defensa del capitalismo

Son los grandes empresarios capitalistas los que determinan al mercado y a la oferta monetaria

Por: Emeterio Gómez

El martes 9 será la Asamblea Anual de Conindustria. Agradezco el gesto de hacer en ella la presentación de mi nuevo libro ¿Qué es lo Humano en ti? Ojalá pudiese cuajar a partir de esa asamblea una defensa sistemática -profunda y conceptual- del capitalismo; una batería de argumentos capaz de trascender y superar la otra defensa de dicho modelo económico, una que lo deja muy mal parado: esa concepción tradicional que se escandaliza ante la sola idea de la necesidad de refundarlo éticamente. Resumo a continuación lo esencial de este enfoque.

1- Un primer planteamiento -semántico y anecdótico- pero que vale la pena mencionar, es el siguiente: “No está planteado refundar éticamente al capitalismo, porque él nunca fue fundado por nadie; porque, como bien sabemos, surgió espontáneamente de las entrañas de la edad media”. ¡Si no tiene algún papel o documento en el que conste que alguna vez fue fundado, obviamente no puede ser refundado!

2.- Precisamente, por ser un proceso espontáneo, el capitalismo no tiene por qué plantearse ningún modelo utópico o idealista de redención o mejoramiento del ser humano, no tiene por qué ponerse como tarea la transformación moral del hombre; su único fin es producir bienes, empleos, impuestos y dividendos en forma masiva. A diferencia del comunismo, el capitalismo no tiene por qué andar promoviendo la elevación espiritual ni ética de nadie, y mucho menos del empresario.

Un argumento que hasta el siglo XVIII algún sentido tenía, pero que fue “barrido por la historia”. Porque en ese proceso occidente descubrió y desarrolló la noción de conciencia activa, el carácter esencialmente activo de la conciencia, que lleva a los hombres a la necesidad ¡y a la posibilidad! de mejorarse ética y espiritualmente. Es el maravilloso descubrimiento de que una cosa es ser utópico ¡y otra muy distinta es ser activo! Y el capitalista -humano como cualquier otro- no tiene ninguna posibilidad de abstenerse de ser activo, de negarse a luchar por un mundo éticamente superior.

3.- Como derivación concreta del argumento anterior, esta concepción tradicional que venimos comentando, rechaza de manera drástica el menor asomo de la noción de responsabilidad social (para no insinuar siquiera la de responsabilidad moral) de la empresa capitalista. El único compromiso de ésta para con la sociedad, dicen, es la ya mencionada visión de Milton Friedman: generar riqueza, empleos, impuestos y dividendos. Una posición que hace 40 años -y en EEUU- algún sentido tendría, pero que hoy -y en Venezuela- es totalmente absurda. ¡Sobre todo con el comunismo a la vuelta de la esquina!

4.- El argumento más importante ¡y el más endeble! de toda la concepción tradicional: el capitalismo no requiere de la intervención estatal y mucho menos de una refundación ética porque él solito, espontáneamente, es capaz de corregir sus propias deficiencias. Es la fundamentación última de esta defensa primitiva del sistema: la mítica mano invisible del mercado, que todo lo puede. Una noción que en el siglo XVIII tenía pleno sentido, porque ni las empresas, ni el sistema financiero tenían la menor posibilidad de acción consciente, de conciencia activa, capaz de modificar el funcionamiento del mercado. Porque en el siglo XVIII, las empresas estaban regidas por la ley de la oferta y la demanda y la esfera de lo monetario-financiero por el patrón-oro, en tanto que hoy es exactamente al revés: ¡son los grandes empresarios capitalistas -con la ayuda del Estado- los que determinan al mercado y a la oferta monetaria!

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