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Conmemorando Una Década Del 11-S

Hay muchas reflexiones interesantes respecto al primer decenio en que se ha vivido bajo una política reactiva al terrorismo fundamental islamista. Sin duda una de ellas es la ofrecida en la edición más reciente de The Economist.

Conviene resaltar que es preciso diferenciar este término, islamista, de islámico. Islamista tiene una connotación de posición fundamentalista, mientras que islámico se refiere a una de las religiones monoteístas más importantes en la historia, la cual sedujo nada más y nada menos que a Goethe y la cual generó un esplendor cultural importante en el Medioevo; algunos como Hilaire Belloc (1870-1953) consideraban a la religión de Alá como una herejía del cristianismo; en efecto, uno de los triunfos de la religión musulmana fue ofrecer al fiel la imagen de un Dios único, en lugar del complejo concepto – si bien a mi juicio más hermoso – de 3 Divinas Personas integradas como el mismo Dios – Padre, Hijo y Espíritu Santo-. Se podría decir que el Islamismo es una versión “2.0” del Cristianismo.

En suma, todo esto dicho con el mayor respeto por la religión islámica y sus seguidores que fueron custodios del saber antiguo en el medioevo, quienes alcanzaron cimas de pensamiento, ciencia y creación artística notables y es más, creo que muchos españoles cometen un error al rechazar en general ese pasado musulmán de siete siglos, cuyo esplendor arquitectónico mudéjar es todavía admirado, al punto que La Alhambra fue la construcción granadina propuesta por España para ser incluida entre las nuevas maravillas del mundo.

Un interesante artículo sobre el 11-S, además de los ya existentes, es ofrecido por Steven Kull y publicado por la organización World Public Opinion, la cual tiene por eslogan esta afortunada frase: “Otros reportan lo que el mundo hace – nosotros reportamos lo que el mundo piensa”.

En tal sentido, traduzco para el sitio de Internet de Cedice este material, originalmente en inglés. Los descargos usuales: el original en inglés es propiedad de su autor, vinculado a CNN y a WPO. Se difunde en castellano sólo con fines académicos y los errores de la versión en este idioma son responsabilidad de este traductor. Además, exigir por favor que, de ser citado el documento, se refiera a la fuente original.

Sin más preámbulos, a la materia:

“Por qué los Musulmanes aún están enojados con los Estados Unidos de América

Por Steven Kull.

Originalmente publicado en el CNN’s Global Public Square

En el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11-S, muchos estadounidenses aún se preguntan si el riesgo de un ataque terrorista contra EEUU se ha reducido. El cuadro es mixto. Con la muerte de Osama bin Laden, al Qaeda es más débil. Con las revoluciones en varios países árabes, las frustraciones con gobiernos autocráticos e impopulares – un tema para reclutar grupos terroristas – se han mitigado. Mas un factor importante de contribución aún está sin mejorar – la ira generalizada con EEUU en el mundo musulmán. Aunque esta perspectiva ha mejorado en Indonesia, a través del Medio Oriente y en el Sur de Asia, la hostilidad hacia los EEUU permanece imbatida.

Esto no significa que la mayoría musulmana respalde ataques terroristas en EEUU. Por el contrario, una enorme mayoría rechaza el terrorismo, incluyendo los ataques del 11-S, y los considera como errados moralmente. Al Qaeda es bastante impopular.

No obstante, la ira contra EEUU contribuye a un ambiente en el cual es más fácil para grupos terroristas ‘Anti-Estadounidenses’ el reclutar a seguidores de la yihad, obtener financiación y en general operar con poca interferencia gubernamental – Apréciese como bin Laden operaba en Pakistán y la ira generalizada allí cuando el ejército paquistaní falló en evitar que los estadounidenses lo capturaran.

Intentar entender los sentimientos musulmanes hacia EEUU ha sido el objeto de un quinquenio de estudios los cuales he completado recientemente, incluyendo grupos de entrevista y encuestas a través del mundo musulmán. Me senté por muchas horas para tratar de entender el porqué los musulmanes me explicaban que estaban enojados con EEUU.

Los musulmanes tienen muchas cosas que les desagradan sobre cómo EEUU los trata. Mas existe una que es la fundamental: su percepción de que EEUU busca de debilitar al Islam – una percepción mantenida por amplias mayorías.

El hecho de que muchos estadounidenses rechacen esta acusación, sin realmente entenderla, es una razón para que el enojo persista. Para entenderlo, se debe penetrar en la visión musulmana del mundo.

Los musulmanes tienden a ver los eventos actuales bajo la óptica de una narrativa histórica largamente prevaleciente. Según esta interpretación, desde el Medioevo las fuerzas cristianas de occidente han persistentemente buscado de romper la influencia del Islam entre sus fieles. Manteniéndose firmes en su propia fe islámica, creen los musulmanes, fueron capaces de florecer como civilización y muchas veces superar a Occidente en muchas dimensiones.

Hoy día, según creen estos devotos musulmanes, la batalla continúa – excepto porque hoy día el desafío es aún mayor. Los productos culturales occidentales son vistos como un seductivo método para dinamitar los cimientos de la cultura islámica. Aún más importante, los poderes occidentales han ganado extraordinaria fuerza militar que es vista como amenazadora y coercitiva para el mundo musulmán y que ha impuesto autócratas seculares acomodaticios con Occidente. El apoyo estadounidense a Israel, algunas veces descrito como ‘el portaviones de EEUU en la región’, es visto como parte de un plan estadounidense de dominación. Todo esto es interpretado como servidumbre a los poderes económicos occidentales, como asegurarse petróleo, lo cual encaja con la agenda estadounidense de sojuzgar al Islam.

Los musulmanes mayoritariamente consideran que los ataques del 11-S, como cualquier ataque a civiles, son contrarios al Islam. Aún así, opinan que EEUU debe alejarse del mundo musulmán.

EEUU no se retiró tras en 11-S. Más bien, avanzó en Afganistán, en Irak y fortaleció sus bases militares en el Golfo [Pérsico]. Muchos musulmanes, con su preferencia por teorías conspirativas, aún se preguntan si los propios EEUU de alguna manera urdieron estos ataques para justificar su avance. Cuando George Bush – en lo que tiene que ser considerado como uno de los grandes errores diplomáticos de todos los tiempos – anunció una ‘cruzada’ contra el terrorismo, la asimilación de las acciones estadounidenses por la larga narrativa de hostilidad occidental hacia el Islam estaba completada.

Como muchos estadounidenses, inicialmente vi esto como un gran malentendido. Los musulmanes, parecía, subestimaban el pluralismo de la sociedad occidental y con una imaginación histórica desbordada habían entrelazado varios elementos – cada uno con su buena explicación – para una narración paranoide de la hostilidad estadounidense hacia el Islam.

Y con el tiempo se me hizo aún más claro lo qué había en los estadounidenses que les daba esta impresión a los musulmanes. Es cierto, admitirán, los estadounidenses están satisfechos de que los musulmanes vayan a las mezquitas y es más, si quieren apartarse cinco veces al día para rezar, está bien…

Mas para muchos musulmanes esta bonhomía pluralista enmascara una narrativa estadounidense que es realmente bastante opresiva. En esta versión de la historia los estadounidenses consideran tener mayor clarividencia que los propios musulmanes.

Según esta narración estadounidense – la cual los musulmanes perciben como arrogante y peyorativa – la sociedad humana de manera natural e inevitable evoluciona por las etapas que ha pasado el propio Occidente. Como ocurrió en el Renacimiento, la religión queda prohibida de participar en la esfera pública, permitiendo sí que la pluralidad y diversidad de creencias se mantengan en la esfera privada, mientras exista una esfera pública secular. Esto conduce naturalmente a la elevación de las libertades individuales y al surgimiento de principios democráticos, los cuales hacen de la voluntad popular la base de la autoridad de la ley, en lugar de la correspondiente a los principios religiosos.

Desde la presunción de esta perspectiva estadounidense, la sociedad musulmana es simplemente vista como rezagada respecto a Occidente en su proceso evolutivo. Las fuerzas retrógradas en la sociedad musulmana son percibidas como asidero a las tradiciones islámicas, las cuales hacen de la Sharia [ley que según los musulmanes deriva de El Corán, las afirmaciones mahometanas y la costumbre] el fundamento legal, en lugar de la voluntad popular, e inevitablemente manteniendo a las mujeres en sus tradicionales papeles oprimidos y en la discriminación a las minorías religiosas.

Los musulmanes ven esta narración como la empleada por EEUU para violar los principios democráticos en relación al mundo musulmán. Aunque sea contrario a la voluntad popular, los EEUU apoyan gobiernos autocráticos bajo el fundamento de que son relativamente más afines al progreso – según la narración occidental – que aquellos a quienes la gente apoyaría. Cuando los militares argelinos rechazaron en 1991 los resultados de una elección democrática en la que aparentemente prevalecería un partido islamista, los estadounidenses y otros gobiernos occidentales hicieron la vista gorda. Cuando las fuerzas democráticas emergieron en Túnez y Egipto, los musulmanes percibieron que los EEUU sólo se unieron a la fiesta cuando el resultado era inevitable. Aún los EEUU apoyan fuerzas autocráticas en Bahrain, aún ante las fuerzas favorables a la democracia que reclaman un cambio.

Una característica particularmente frustrante de esta narración estadounidense, para los musulmanes, es que divide a la sociedad musulmana en un grupo secular liberal afín al progreso y por otra parte un sector retrógrado de islamistas que quieren imponer de vuelta las tradiciones islámicas. Los EEUU buscarían apoyar a las fuerzas liberales y a debilitar las fuerzas islamistas.

Esto dista de ser imaginario. Actualmente, en el Congreso de EEUU hay esfuerzos para asegurar financiación estadounidense a la promoción democrática en Egipto, la cual sólo beneficia a los partidos liberales y seculares, sin beneficiar a partidos islamistas como la Hermandad Musulmana.

Para muchos musulmanes esta perspectiva estadounidense sobre la sociedad musulmana es simplemente incorrecta y los esfuerzos estadounidenses para elegir al ganador es realmente EEUU buscando de imponer su modelo secular occidental de gobierno y erradicar el papel de El Islam en la esfera pública. Dado que para los musulmanes, por definición, el islamismo ha de estar en la esfera pública, los esfuerzos estadounidenses estarían dirigidos a debilitar al propio Islam.

La aseveración de que EEUU está malinterpretando la sociedad musulmana cuenta con apoyo en las encuestas. Mientras que los estadounidenses tienden a dividir a los musulmanes entre seculares y grupos islamistas, las encuestas sustentan que los musulmanes no se dividen a sí mismos de tal forma.

Las mayorías musulmanas tienden a apoyar los principios liberales incluyendo que la voluntad popular debe ser el fundamento del gobierno, que los líderes gubernamentales deberían ser elegidos libremente y que debería haber plena libertad religiosa.

Al mismo tiempo, igualmente la mayoría musulmana dice que la Sharia habría de ser la base para el gobierno, que los académicos islámicos habrían de tener derecho a vetar las leyes inconsistentes con El Corán y que no debería permitirse a los musulmanes la conversión a otra religión.

Obviamente, hay contradicciones serias en estas posturas. Mas estas contradicciones no son entre sectores de la sociedad musulmana, sino más bien dentro de cada individuo musulmán. Esto podría describirse como un “choque de civilizaciones personal”.

Los propios musulmanes son conscientes de estas tensiones. Están atraídos por las ideas democráticas y pluralistas y quieren incorporarlas en sus sociedades. El modelo de al Qaeda de rechazar todas las influencias occidentales a favor de una sociedad tradicional más pura tiene poco apoyo.

Al mismo tiempo, la mayoría musulmana quieren preservar los fundamentos islámicos de su sociedad y desean una vida pública infundida de principios islámicos. Muchos quieren que la Sharia juegue un papel mayor. Quieren cierta cualidad de piedad religiosa que permeé en su cultura. Integrar estas aspiraciones con las ideas liberales de democracia y libertad religiosa es decididamente un desafío.

Así que a los musulmanes les enfurece la intervención estadounidense de manera que desestabiliza, intentando apoyar a un bando imaginario contra el otro, en lo que los estadounidenses conciben como una evolución inevitable hacia la victoria de un sector.

Si se tratase verdaderamente de un conflicto entre grupos externos, tal intervención de hecho fortalecerá a un lado sobre el otro. Mas precisamente porque es un conflicto interno, la intervención estadounidense puede acabar produciendo un retroceso, haciendo que los musulmanes sientan que necesitan hacer más para defender sus fundamentos islámicos y haciendo sospechar de los defensores del liberalismo.

Hay razones para creer que este fue el efecto intencional de los ataques realizados por al Qaeda el 11-S. Provocando una acción armada estadounidense, se esperaba revivir la narración antigua de una cruzada occidental y alzar en armas al pueblo musulmán bajo la visión de al Qaeda de una sociedad islámica pura, desprovista de elementos liberales u Occidentales.

Al Qaeda fracasó en atraer a la mayoría musulmana. Los métodos terroristas de al Qaeda son vistos como equivocados y su visión como extremista. La adherencia a ideas liberales no es fácil de tambalear. Ahora bien, al Qaeda sí triunfó en colocar a los EEUU en una posición dentro del mundo musulmán que ha molestado a la mayoría de la sociedad musulmana.

Mediante la intervención de manera que se profundice la polarización entre fuerzas seculares e islamistas, los EEUU han hecho aún más difícil para los musulmanes la construcción de un espacio político dentro del cual estos últimos encuentren un término medio para integrar estos elementos en algo más coherente.

Con los EEUU iniciando su retirada gradual de Irak y Afganistán, hay potencial para que estos sentimientos negativos hacia EEUU comiencen a reducirse. Los musulmanes generalmente perciben a las fuerzas militares estadounidenses en la región como una presencia amenazante diseñada para mantener a la región de la manera que desearían los estadounidenses. Cualquier reducción de esta presencia militar estadounidense mitigará esta sensación de coerción.

Más quizás de mayor importancia resulte que la relación con los estadounidenses mejore en la medida que estos entiendan, acepten y se adhieran al camino elegido por la propia sociedad musulmana. Los musulmanes creen que están en un sendero distinto al de Occidente. Este camino es central para su noción de que deben tener libertad para practicar su religión. Cuando sienten que EEUU está amenazando su religión y sus aspiraciones, los musulmanes se vuelven resueltamente hostiles.

Como estadounidenses podemos creer que resulta imposible mezclar tal forma de religiosidad y los valores liberales. Quizás los musulmanes concluyan lo mismo. Mas solamente cuando los musulmanes dejen de percibir a los estadounidenses como un obstáculo para sus propósitos, podrán movilizarse hacia dirimir esta cuestión. Y es solamente así que la relación entre los estadounidenses y el mundo musulmán mejorará.

Steven Kull es director del Programa Internacional de Actitudes Políticas y es el autor del recientemente publicado libro, Feeling Betrayed: The Roots of Muslim Anger at America [Sintiéndose traicionados: las raíces de la ira musulmana hacia EEUU]”.

Espero que la lectura haya sido menos fatigosa que la traducción. Simplemente algunas consideraciones finales.

Primero, he quedado sin encontrar en el diccionario de la Real Academia Española la palabra “Sharia”. Desconozco si hay alguna traducción para este término religioso. Probablemente esté por incorporarse como palabra nueva, como lo está siendo “yihad” en la vigésimo tercera edición.

Siguiente, me desagrada, especialmente tras la lectura de la obra de Amartya Sen “La Ilusión del Destino” – sobre la cual he publicado trabajos disponibles en este sitio web y el de www.carlosgoedder.com -, esta distinción vigente entre un supuesto Occidente y el Mundo Musulmán. Creo que esto de Occidental y Oriental valía para el Imperio Romano, mas hoy día creo más afortunado y sincero dividir entre Cristiano y Musulmán. El problema es que el mundo cristiano es menos “fervoroso” digamos, o simplemente carece de sectores tan visiblemente fanáticos y armados como el islamista. Por otra parte me agrada que se confirme el argumento de Sen en esa obra, según el cual en un propio individuo pueden convivir afiliaciones incluso disímiles entre sí.

Por último, sorprende este camino. Una interpretación religiosa de la vida desea hacerse compatible con el pensamiento liberal. El desafío va a la inversa en Occidente: quiere darse más ética o moral… o Religión quizás, al pensamiento liberal. Muertas las ideologías, la filosofía libertaria está en búsqueda espiritual, como agudamente ha percibido el profesor Emeterio Gómez hace años. Así que el “conflicto interno” del individuo musulmán esté en cierta forma emparentado con una carencia interna del propio liberalismo… La espiritualidad. Ojalá ambos mundos converjan en su búsqueda.

Sobre este tema elaboraré más en artículos propios futuros.

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