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Consecomercio: “Declaración del Comercio y los Servicios en Apure”

Controles de cambio y de precios terminaron convirtiéndose en las mayores causas de nuestra difícil situación económica.

Los comerciantes formales y organizados del país afiliados a las Cámaras y Asociaciones mixtas de Comercio y Producción, y que constituyen la base filial de Consecomercio, acordaron formular este pronunciamiento “en beneficio del rescate económico venezolano”.

(Especial, Apure/31.08).- La máxima dirigencia empresarial del sector terciario de la economía se reunió en la sede de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios del Estado Apure, ubicada en San Fernando, y difundió el contenido de la “Declaración del Comercio y los Servicios de Apure”, cuyo objetivo principal es “exhortar a las autoridades a reaccionar ante las dificultades que agobian al país, y enfrentar las causas que generan dicha problemática”.

Los comerciantes formales y organizados del país afiliados a las Cámaras y Asociaciones mixtas de Comercio y Producción que constituyen la base filial del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), consideran que Venezuela y los venezolanos merecen una respuesta urgente ante la situación general  que se ha creado, y cuya solución, definitivamente, depende de la voluntad gubernamental de asumir que su quietismo injustificado ante las decisiones que se requieren,  sólo está contribuyendo a un agravamiento de dicha realidad.

“Declaración del Comercio y los Servicios en Apure”

El sector terciario, expresión de la actividad económica que se desarrolla de manera más directa con la ciudadanía consumidora de bienes y servicios nacionales o de manufactura internacional, exhorta a las autoridades a reaccionar y decidir lo que corresponde, para que la economía venezolana supere progresivamente su actual cuadro de contradicciones y complicaciones que están provocando, quizás, la peor de las crisis que ha vivido durante el último medio siglo.

El Comercio y los Servicios registran con preocupación que cada día se hace más complicado satisfacer las necesidades básicas de la población. La escasez y el desabastecimiento dejaron de ser, en muchos casos, un accidente económico para convertirse en la causa de la desaparición de pequeños y medianos comercios, principalmente familiares. La consecuencia es hoy lo peor de dos realidades conexas: desempleo y una ya incontenible degradación de la calidad de vida de los consumidores.

Las decisiones que necesita urgentemente la economía, no pueden seguirse considerando desde el alto gobierno como una demostración de debilidad suya. Tampoco como una concesión a los emprendedores que insisten en mantener funcionando sus empresas, indistintamente del área donde se desenvuelven.

De dichas decisiones, depende que renazca la confianza en la palabra del Gobierno. Pero también que la inversión privada nacional e internacional se haga presente y se fortalezca. El Estado tiene que reasumir su rol constitucional y hacer posible que la empresa privada le libere del peso de las obligaciones fiscales improductivas que asumió durante los últimos años. Insistir en mantener el tamaño del Estado o de hacerlo crecer por razones ideológicas, equivale a seguir castigando a la población con mayor inflación y peores niveles de escasez, además de un empobrecimiento inmerecido.

Decidir en las condiciones como hay que hacerlo, no es un asunto de izquierda o de derecha; de burgueses o de proletarios: es un exigente y comprometedor asunto de país. Hay que decidir para que se pueda producir más, mejorar la oferta de bienes y servicios, impedir que siga expandiéndose el desempleo, estimular la generación de más puestos de trabajo, evitar que la violencia social y la delincuencia sigan haciéndose más poderosas cada día.

Los desequilibrios macroeconómicos tienen que ser enfrentados en sus causas. Hacerlo, es verdad, provocará efectos sociales difíciles. Pero serán momentáneos, porque la economía venezolana, bien conducida y mejor motivada, sí es capaz de reaccionar positivamente en pocos meses. Inquieta y angustia lo que hoy se vive: la sociedad paga altos costos por un presente complicado, y un anticipado futuro lleno de incertidumbre.

Los controles de cambio y de precios tienen que dejar de ser las causas de los graves males que nos aquejan. Once años de vigencia forzosa son suficientes. Ya no existen alternativas funcionales de maniobra para que se les convierta en un soporte cierto de la recuperación económica. Mantenerlos por la fuerza, no contribuirá a superar su condición actual: simples alimentadores de ilusiones políticas y de obstáculos del fortalecimiento de la capacidad productiva del país.

Consecomercio, los comerciantes formales y organizados, apuestan por un país con una economía productiva y competitiva dentro y fuera de sus fronteras. Y lo hacen porque también confían en que dentro y fuera del Gobierno sí existe la capacidad para reorientar rumbos, y divorciar objetivos de gobernabilidad a sometimientos ideológicos. Pero hay que actuar. No hacerlo equivale a convertir el 2015 en un año de peores resultados económicos y sociales a los que ya está ofreciendo este 2014.

A Venezuela, le convienen -porque los necesita- comercios fortalecidos, pujantes, vigorosos, plenos de bienes y servicios para ofrecer a sus clientes y consumidores, y no como ante los que nos encontramos hoy: establecimientos en condiciones de merma y luchando a brazo partido para poder mantener sus inventarios y sus nóminas.

Apure también es Venezuela. Los estados fronterizos también son Venezuela. Y cada estado del país es un agente económico con fuerza propia para reaccionar, sumar esfuerzos y contribuir con la importancia de evitar dos años continuos signados por la incertidumbre. La conjunción de esos esfuerzos, sin embargo, tiene que responder a un propósito definido, claro; a una nueva concepción sobre las decisiones gubernamentales que se requieren con urgencia.

Los comerciantes declaramos y ratificamos hoy desde esta hermosa y trabajadora región de nuestro país, que estamos trabajando decididamente -y más que nunca- por lograr los objetivos que una vez nos trazamos de defender a la empresa privada, el trabajo digno, la promoción de la libre iniciativa, y la búsqueda incesante del mayor bienestar social al que tienen derecho todos los venezolanos.

San Fernando de Apure,
31 de agosto de 2014