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Constitución: imposición y consenso

Publicado Diario El Universal 24/09/07

Por: Trino Márquez

En un acto de insólito sectarismo el presidente Chávez proclamó en el Poliedro de Caracas que “La Bicha” -forma elegante cómo él llama a la Constitución del 99-, a partir de su reforma no tendrá la carátula azul, sino roja, color que sirve de símbolo internacional al comunismo.

Desde que comienzan a elaborarse las primeras constituciones modernas, en el siglo XVII, estas se definen como cartas que resumen los derechos ciudadanos, consagran las obligaciones y límites de los estados, y regulan la relación entre el Estado y la Sociedad. Luego de derrotado el Absolutismo, las constituciones democráticas y liberales expresan “contratos sociales” que permiten normar las relaciones dentro de una nación, haciendo posible que las diferencias y conflictos entre grupos con intereses diferentes se resuelvan en paz. Estos pactos, por lo tanto, deben contar con la más amplia base de apoyo social posible, de modo que la mayoría de los ciudadanos y sectores de un país se vean reflejados en ellos. Cuando se aprueban las constituciones en ambientes democráticos, sus redactores evitan que un sector se superponga de manera soberbia sobre otros. Se evade imponer la dictadura de la mayoría de la cual habla Tocqueville. Por supuesto, en las dictaduras comunistas este principio no se respeta. El Estado rojo sólo se preocupa por concentrar al máximo el poder, sin importarle el consenso social.

En Venezuela, en el siglo XX la búsqueda del consentimiento a través de las constituciones comienza luego de la muerte de Juan Vicente Gómez. La Constitución de 1961, elaborada por una comisión parlamentaria designada por el Congreso electo en 1958, resulta de un amplio proceso de consultas que incluye a todos los sectores de la vida nacional. Tan extensa es la exploración de la opinión del país, que hasta los diputados del PCV refrendan el texto constitucional.

La de 1961 fue una Carta concebida para que el país, luego de 10 años de dictadura y con una experiencia democrática muy breve durante el siglo XX, entrara en un largo período de paz, estabilidad y progreso. Los valores predominantes que subraya son la democracia, la vigencia del Estado de Derecho, el respeto a las minorías, la alternabilidad y el carácter federal y descentralizado del Estado, entre otros. Su vigencia permite que al teniente coronel Hugo Chávez se le respete su triunfo en las elecciones de diciembre de 1998.

El rasgo consensual de la Constitución del 61 desaparece en la Carta del 99, que el Presidente dicta luego de obtener una desproporcionada mayoría en la Asamblea Constituyente de ese año (con 60% de los votos obtiene más de 95% de los diputados) y después de hacerla sancionar en un referendo aprobatorio en el que se abstiene más de 50% de los electores, y donde no se establece el quórum aprobatorio de 50% más uno, tal como rige en la mayoría de los países donde la Constitución se sanciona a través de la consulta popular. En esa oportunidad Chávez le impone, por la vía del escamoteo electoral, su criterio a la mitad de la nación que está en desacuerdo con su modelo. Sin embargo, en esa Carta -especialmente en los artículos 2, 4 y 6- aún se preserva el carácter democrático, electivo, descentralizado, alternativo, responsable y pluralista del Gobierno.

En la propuesta que el primer mandatario introdujo en la Asamblea Nacional, el ideal del consenso queda pulverizado, así como la naturaleza democrática, descentralizada, pluralista y alternativa del Gobierno. Chávez busca pasar a lo que Lenin llama el “Estado revolucionario”, es decir, un Estado en el que desaparecen las instituciones republicanas y liberales, y su lugar lo toman organismos subordinados al líder, el cual se arroga la soberanía y representación de las masas populares.

La proposición que discute la Asamblea Nacional contiene una clara orientación colectivista. Con la reforma se busca imponerle a la nación el proyecto comunista que el jefe de Estado viene macerando desde su juramento en el Samán de Güere. Es un plan que gira en torno de la autocracia, el militarismo, el ataque a la propiedad privada, el centralismo, el caudillismo, la desaparición del voto como fuente de legitimidad y la arbitrariedad en todos los campos de la vida nacional.

El carácter excluyente de los cambios llevan al Presidente a oponerse a que la votación en el referendo consultivo previsto para diciembre se haga artículo por artículo, con un CNE independiente y con un reglamento electoral que impida los abusos.

cedice@cedice.org.ve