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Constitución sin libertad

28/10/07

Se apunta a un cambio radical de dirección, contra la propiedad y el mercado.

Por: Domingo Fontiveros

La economía es la ciencia social con proyección más democrática, aunque muchos economistas demuestren lo contrario y otros no lo acepten. La Revolución que inspiró Adam Smith al centrar las bases del análisis económico en la orientación al mercado, es decir, a las masas, rompió el paradigma de quienes hasta entonces entendían el tema como algo circunscrito a dar consejos al rey sobre las mejores técnicas para sacarle dinero a los súbditos.

La revolución intelectual que inicia Smith partió de descubrir lo esencial de la soberanía del consumidor como principio ordenador del sistema económico, de la misma manera que la soberanía popular sirvió en otros ámbitos para delinear los derroteros de la revolución democrática.

El ciudadano y el consumidor, de la mano, son los sujetos principales de esta larga onda de desarrollo que ha recorrido al mundo en poco más de los últimos dos siglos. El ciudadano sin soberanía como consumidor está a merced del poder económico, mientras que el consumidor soberano sin ciudadanía está a merced del poder político. Democracia y mercado, mecanismos de ejercicio de la libertad, es el binomio que ha impulsado el avance humano desde la publicación original de la Riqueza de las Naciones y de las primeras constituciones escritas en el siglo XVIII.

Varios de los socialistas contemporáneos han entendido todo esto, y se han planteado instrumentar la democracia y los mercados para promover objetivos sociales. Blair y Bachelet son buenos ejemplos de este “aggiornamento” de la izquierda, que la aproxima a las ideas fundamentales del liberalismo igualitario. En cierta forma han dejado de ser socialistas, aunque no hayan encontrado una denominación superior.

Los socialistas del régimen venezolano, por el contrario, están perdidos en el mundo de las ideas. Su supuesta lucha contra los privilegios privados, que en la retórica los ubicaría en el terreno de la izquierda, se ha convertido en una sustitución pura y simple de viejos privilegiados por afines y compinches en su combo, bajo el amparo de las prebendas del poder. Para ellos ser de izquierda equivale a expropiar o invadir empresas y otras propiedades personales, poner a muchos a comer en su mano, y perpetuarse en el poder y control del Estado y la sociedad. Quieren publicar una nueva constitución que cercena libertades públicas y privadas, lo cual contradice la naturaleza de cualquier constitución.

La constitución de 1999 estorba para liquidar lo que allí quedó de democracia y de mercado. Con la “nueva” quieren atornillarse en sus privilegios, terminar eligiéndose ellos a sí mismos en una parodia vil de democracia, y ordenarle a los demás un modelo de vida. Por el mismo “token”, se lanzan a ridiculizar la propiedad privada, degradan las ideas del costo de producción y del valor agregado, y se aferran al espejismo del torrente de petrodólares como justificativo de sus desmanes administrativos. Venezuela merece mucho mejor.

Lo que se está viendo en el zarpazo constitucional que adelantan los poderes públicos, apunta a un cambio radical de dirección, contra la propiedad y el mercado, la eficiencia y el valor agregado, contra la soberanía del consumidor y, también, contra la soberanía del ciudadano. Es decir, contra lo mejor que ha logrado el género humano en 200 años.

dfontiveros@cantv.net

Publicación Diario El Universal