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Conversaciones con Antonio Cova

21/06/09

El tema de la conversación fue la religión o exactamente el fanatismo religioso

Por: Emeterio Gómez

Ida y vuelta a Calabozo en taxi dejan mucho tiempo para conversar. Agradecemos a la gente de Súmate la invitación y la fuerte dosis de afecto y de calor humano. Fueron en total siete fértiles horas de amable charla con Antonio Cova, un interlocutor de postín.

Como para entrar en calor: el inevitable lamento por la eterna carencia de una comunidad intelectual en Venezuela. Cada quien por su lado a lo largo de décadas, con algún debate puntual en algún foro, pero ni por asomo un intercambio crítico y sistemático de ideas. Cero espacios para el enriquecimiento mutuo.

El tema central de la conversación -renovado cada tantos kilómetros- fue la religión o más exactamente el fanatismo religioso. En algún país del mundo acaban de aprobar una “ley” que obliga a la mujer a tener actividad sexual, por lo menos cada cuatro días. Y uno no puede dejar de imaginar al marido, ley en mano y reclamando sus “derechos”. Es el regocijo y el agradecimiento a la civilización occidental por esta reivindicación de la mujer, por el auge pleno de la libertad individual y de la igualdad entre los seres humanos.

A partir de ese tema caímos Antonio y yo en la coincidencia plena de la admiración por el Cristianismo, por la asunción del libre albedrío, que ni el dogmatismo, ni la santa inquisición de la Edad Media lograron anular. La dignidad de la Persona elevada a su máxima expresión. La omnipotencia de Dios, moderada y refrenada por la fuerza infinita del espíritu humano. La primacía de lo Universal sobre cualquier asomo primitivo de la noción de secta.

El Comunismo y el Socialismo como versiones políticas de esas aberraciones religiosas que aplastan a la persona. Porque no hay mucha diferencia entre ambos fanatismos. Mao que, a decir de Antonio, llegó a tener más control y poder sobre la vida de sus semejantes que Stalin, Hitler o Pol Pot. La Revolución Cultural China como el más grande esfuerzo que ha hecho la humanidad para liquidar la libertad individual. Y emergiendo de todo ello: la intuición profunda de la tragedia de lo Humano, el peso desmedido de la animalidad en nosotros, que no es ya el componente tribal de algunas religiones fundamentalistas, sino la sensación trágica de pertenecer todavía a una manada, con el líder imponiendo hasta lo que se debe comer.

Al final de esta larga conversación -y en medio de tantas coincidencias- planteó Antonio un tema en el que diferimos profundamente pero en el que no hubo chance para la discusión. Estábamos llegando de regreso a Hoyo de la Puerta. Un tema que tal vez sirva de pretexto para una nueva tertulia, no ya casual sino programada. Un tema crucial, además. Me refiero a la conexión entre la Filosofía Griega y el Cristianismo, a la fusión entre estos dos grandes procesos espirituales e intelectuales, gracias a la cual Platón y Aristóteles pudieron servirle de fundamento racional al mensaje religioso de Jesucristo.

Coincido plenamente con Antonio, en las bondades de dicha fusión en el momento en el que ella se produjo. Sin el poderoso apoyo del pensamiento de Platón es difícil imaginar que San Agustín hubiese podido darle al Cristianismo el impulso formidable que -sin la menor duda- le permitió constituir a la civilización occidental. Un impulso que 800 años más tarde y con el apoyo de Aristóteles, Tomás de Aquino logró consolidar. Las inmensas virtudes y ventajas de esa fusión en su momento, repito, están fuera de toda discusión. Pero hoy -ante la quiebra radical del pensamiento racional- tal vez quepa alguna fuerte dosis de deshelenización del Cristianismo.

gomezemeterio@gmail.com