Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Crisis complica amenaza expropiatoria

Consideran que el discurso de Chávez potencia los conflictos laborales. Muchos trabajadores han considerado que el modelo de cogestión puede resultar una alternativa en el modelo productivo nacional

Venancio Alcázarez

Seña actual

El presidente Hugo Chávez levantó nuevamente la bandera de la lucha obrera, y lo hace con la amenaza de expropiar a las empresas que no cumplan con las exigencias contractuales que hacen sus trabajadores.

Pero esta vez la advertencia se concreta bajo la sombra de un inminente desbalance de las cuentas fiscales, producto de la bofetada de la crisis financiera mundial sobre los precios petroleros, principal fuente de ingresos para el país.

Un Gobierno con menos posibilidades financieras para mantener el nivel actual de importaciones y también para subsidiar a los sectores productivos y a los consumidores, pero también para asumir una oleada de estatizaciones como se ha visto en los últimos meses. Así observa el panorama la directora del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice), Isabel Pereira, quien critica la reciente amenaza del mandatario nacional por considerarla una promesa peligrosa que, de todos modos, no será capaz de cumplir.

El riesgo que observa Pereira es que un discurso como el ofrecido por Chávez el lunes en la noche potencia los conflictos laborales en las empresas porque genera unas expectativas entre los trabajadores que están lejos de generar un avance para el sector productivo.

Hambre para mañana La directora de Cedice apuntó que la del jefe de Estado se trata de una propuesta ideológica de un modelo productivo alternativo al sector privado tradicional que todavía, aun con los experimentos desarrollados en el pasado, no ha logrado generar resultados positivos.

En este contexto, manifestó que el clima que se genera entre los trabajadores, debido a los discursos netamente ideológicos, provocará la destrucción del sector privado sin que exista una plataforma que lo sustituya porque la cogestión, las empresas de producción social y las fábricas socialistas no muestran productividad.

Por ello, Pereira alertó que los llamados del Gobierno nacional deben dirigirse a pacificar las fábricas, en lugar de conducir a los trabajadores a un futuro de desempleo, debido a la progresiva reducción del sector privado y las fallas del modelo productivo socialista, por lograr un apoyo político inmediato.

En el transcurso del último año se ha presentado un sinfín de paralizaciones y tomas a instalaciones de industrias por parte de la masa laboral, situación que ha provocado una desmejora del nivel de producción, especialmente en sectores como el automotor, siderúrgica y de alimentos, entre los más afectados.

Paralelismo sindical La proliferación de sindicatos oficialistas en el seno de las empresas ha generado problemas que van desde las intenciones de los representantes de esas organizaciones en generar el caos para que el Gobierno expropie o estatice la industria, hasta la tradicional confrontación entre el obrero y el patrono para lograr reivindicaciones laborales.

El problema de fondo, en estos casos, es la existencia de paralelismo sindical en esas industrias porque el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social autorizó a una organización que debe convivir con otro sindicato que ya existía en ese establecimiento. Es precisamente este punto el generador de conflictos, pues existen sindicatos antagónicos en una misma fábrica.

De hecho, los datos que maneja el despacho laboral indican que 24% de los reclamos laborales han culminado en conflictos graves o paralizaciones.

Paralelo a estas situaciones, el Ejecutivo nacional ha intentado por todas las vías poner en pie a un esquema socialista de producción, el cual se encuentra definido en el marco del Primer Plan Socialista 2007-2013.

“El modelo productivo socialista estará conformado básicamente por las empresas de producción social, que constituyen el germen y el camino hacia el socialismo del siglo XXI, aunque persistirán empresas del Estado y empresas capitalistas privadas”, indica el lineamiento expresado en el plan.

Hasta los momentos el resultado palpable es el de un grupo de empresas en cogestión que registran pérdidas y que el Ejecutivo debe financiar para que puedan sobrevivir.

Mientras tanto, las empresas de producción social que funcionan con mejores resultados están asociadas directamente al sector petrolero, controlado por el Estado.

Además, el Gobierno todavía tiene pendiente la puesta en práctica del Plan Fábrica Socialista que, pese a los esfuerzos, no logra arrancar.

stejero@eluniversal.com