Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Cuentos infantiles para adultos. Hildebrando Chaviano Montes

A pesar de todo lo que se ha hablado y escrito sobre la imposibilidad de lograr resultados favorables con el sistema de economía planificada, Granma, el órgano de prensa oficial del Partido Comunista de Cuba, publicó el día 20 de mayo que el Consejo de Ministros de Cuba, presidido por Raúl Castro, se había reunido en la capital cubana para analizar aspectos de la planificación de la economía, incluyendo nada menos que las bases generales para la elaboración del programa de desarrollo económico en el período 2016-2030, las cuales aprobaron los altos dirigentes.

Estas bases no deben ser poca cosa. Son el fundamento sobre el cual se construirá el programa que regirá toda política económica del estado durante la próxima década y media, el cual buscará crecer el Producto Interno Bruto, mantener la propiedad social sobre los medios de producción, lograr un modelo de desarrollo socialista, estimular la ciencia y la tecnología, transformar la matriz energética y asegurar la sostenibilidad demográfica, entre otros puntos, según el vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo Jorge.

Y así de fácil los burócratas de La Habana insisten con tozudez en que un grupo de personas supuestamente inteligentes, honradas y fieles al Partido Comunista pueden predecir cuáles van a ser las necesidades del país para años venideros con respecto a los alimentos, la generación de electricidad, la circulación mercantil, las inversiones, y los puestos de trabajo, para nombrar sólo unos pocos de los indicadores que toman en cuenta.

Es decir que una de las encomiendas de los gobernantes cubanos debe ser la de ser profetas o adivinos con capacidad de prever qué van a comer las personas y en qué cantidad dentro de cinco, diez o quince años vista. Supuestamente tienen también el ingenio de pronosticar cuánta electricidad se va a consumir, con independencia de que no se sepa con certeza si va a llegar el petróleo de Venezuela o qué precio va a tener, además de la previsión para saber si habrá ciclón o sequía, si la población disminuirá o si a las mujeres de pronto les da por parir más de un hijo.

La situación trae a la memoria el caso de la lecherita de la historia infantil, quien de camino al mercado para vender una cántara de leche, calculaba los huevos que iba a comprar con el dinero que obtuviera de esa venta, las gallinas que lograría de esos huevos, el dinero que ganaría por venderlas, las compras que haría con ese dinero y así sucesivamente planeando sus sueños y fantasías. Pero de tanto elucubrar sin atender donde pisaba, tropezó. La cántara se rompió, se derramó la leche y adiós huevos, adiós gallinas, adiós granja, adiós sueños. Como la lecherita, los dirigentes cubanos han roto unas cuantas cántaras de leche en estos cincuenta y cinco años de sueños y proyectos, pero quieren seguir rompiéndolas. Le han cogido el gusto y lo peor es que ni las leches derramadas ni las cántaras son de ellos, son los recursos del pueblo dilapidados a capricho.

Las bases generales aprobadas para la elaboración del Programa de Desarrollo Socio Económico en el período 2016-2030 son ambiciosas. Se pretende que expresen, según Murillo, “a través de indicadores de largo plazo, concretos y medibles, los objetivos, líneas estratégicas, fuentes de financiamiento, metas y brechas a superar, para consolidar la construcción de una sociedad socialista, próspera y sostenible.”

Pero con el conocimiento que se tiene del socialismo y su consecuente incapacidad para crear riquezas, sumado a la ineptitud crónica de la burocracia estatal, nadie pone en duda que este programa, calcado de programas anteriores presentados con el mismo entusiasmo, forma parte de lo que ya constituye un síndrome nacional que podría llamarse “El Síndrome de la Lecherita Frustrada”.

HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES
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