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Cumbres borrascosas en Iberoamérica

Las últimas Cumbres Iberoamericanas han dejado un sabor amargo. Aunque cifrar el éxito de estos encuentros en función del número de jefes de Estado y presidentes que asisten no es acertado, no es menos cierto que ese dato, junto a otros -folklóricos y no tanto-, ilustra que no se están logrando plenamente los objetivos políticos y de integración.
La Comunidad Iberoamericana funcionó satisfactoriamente desde el punto de vista político gracias a la complicidad e impulso activo de México y España y el acompañamiento de Brasil y Portugal.

Por: Guillermo Hirschfeld

En los últimos años, fundamentalmente a causa de la desidia del gobierno socialista español, el empuje de la Comunidad se ha visto frenado. Alguien me dijo alguna vez que no hay mejor política exterior que una buena política interna. Lamentablemente, los años del gobierno socialista fueron una verdadera calamidad.

Tampoco se puede obviar que México se encuentra ensimismado en su grave problema de seguridad interna y ello le impide ejercer el liderazgo como solía hacerlo en Iberoamérica. Ha optado quizá por una mayor apuesta por la fachada pacífica de América. Asimismo, Brasil, devenida en una potencia con una explosión económica sin precedente en su historia reciente y que ha emergido como potencia global, tiene intereses y política con países de América Latina pero con un claro afán de liderazgo en Sudamérica.

Hay dos fenómenos muy notables con respecto a la Comunidad Iberoamericana desde el punto de vista de España: la presencia creciente de la inversión española a partir de los años noventa y de la llegada de inmigrantes iberoamericanos en España a partir de ese mismo momento.

El presidente de gobierno socialista de España ha demostrado un desinterés manifiesto por la presencia exterior. Iberoamérica no ha sido una excepción. En contraste con sus dos inmediatos predecesores, el presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, no visitó cada país de la región y, por primera vez en la historia, no acudió a una Cumbre Iberoamericana, la de Mar del Plata en el año 2010. La Comunidad Iberoamericana dejó de contar en este período de gobierno socialista con uno de sus impulsores políticos.

No obstante, merecen destacarse los notables esfuerzos que ha realizado el Rey de España para mantener la fortaleza y cohesión de una comunidad que trasciende lazos culturales y comerciales. Por cierto, el Rey Juan Carlos es uno de los líderes mejor valorados por los ciudadanos Iberoamericanos.

Por otro lado, tampoco se puede soslayar el arduo, incesante y comprometido trabajo del Secretario General de la Cumbre Iberoamericana, Enrique Iglesias, y su equipo de trabajo desde la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana) para lograr durante estos años avances significativos a pesar de las adversidades políticas ajenas a la institución que representan.
La Comunidad Iberoamericana lo tiene todo a su favor, y estas líneas intentan plasmar optimismo planteando una serie no exhaustiva de activos. En definitiva, oportunidades con las que no sólo gana la comunidad, sino también las partes que la componen al pertenecer a un bloque con tanta fortaleza en el mundo:

  • Iberoamérica cuenta con más 500 millones de habitantes, un capital humano con un tejido social incorporado plenamente al entramado de valores occidentales de democracia y libertad.
  • Tiene la mayor superficie de tierra cultivable del planeta, una grandísima proporción de los recursos y reservas de crudo del mundo
  • Es una comunidad que comparte una historia, una lengua, una cultura y un derecho en común. Una tradición jurídica que permitiría generar marcos comunes de colaboración tanto para combatir el crimen organizado como para armonizar el derecho comercial.
  • También comparten problemas similares, lo que abre la puerta a encontrar soluciones conjuntas en temas sensibles como seguridad, educación, justicia.
  • Los países miembros de la comunidad iberoamericana tienen juntos un PIB que es mayor que el de China.
  • En los últimos 30 años las clases medias han superado la cifra de 120 millones de personas.
  • Cada vez es mayor el incremento del número de empresas denominadas multilatinas que invierten en Europa y otras partes del mundo, y su presencia sería muy bienvenida en España, porque generarían riqueza y crearían trabajo en momentos difíciles.
  • En este contexto de crisis financiera global, muchos de los países de América Latina tienen hoy un sistema financiero extraordinariamente sólido. Además, Latinoamérica sabe lo que es caer y recuperarse; así lo demuestran las dos últimas décadas del siglo XX. Las naciones latinoamericanas estabilizaron sus economías y en el mismo período casi todos sus países reinstauraron sus democracias con la excepción de Cuba.
  • Por último, la Comunidad Iberoamericana se verá reforzada si hacemos cosas de forma mancomunada, si actuamos juntos tanto en terceros países como en organismos internacionales sobre asuntos de interés común: Asia, África, cooperación al desarrollo, defensa de la propiedad intelectual, medio ambiente, entre otros.
  • Indudablemente, la SEGIB es la herramienta necesaria para dar el imprescindible apoyo institucional y técnico a los distintos proyectos y dotar a la comunidad de una dirección política clara.

Es cierto que las últimas cumbres de jefes Estado y de Gobierno fueron un tanto borrascosas. Pero no es menos cierto que, así como la novela de Emily Brontë da un giro feliz al final de la historia poniéndole fin a los desencuentros de las familias que protagonizan la trama, la comunidad iberoamericana también tiene todo para ganar si los actores deciden darle ese giro y elevar a Iberoamérica a la vanguardia del mundo que viene. El año que viene en Cádiz tendremos la posibilidad de aprovechar las oportunidades, recuperar el protagonismo y devolverle el vigor que se merece al sistema de cumbres de esta comunidad.

Guillermo Hirschfeld es profesor de Derecho y politólogo. En la actualidad, es Coordinador de Programas para América Latina de la Fundación Faes (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, de España)

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