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Cumpleaños del odio

El Universal 05/02/09

Diez años de la instauración del odio como razón de las decisiones del gobierno

Por: Carlos Raul Hernandez

El régimen celebra sus diez años de desgracias nacionales quitándose de encima cualquier remilgo y enseñando su rostro fascista. Violencia cruda y ruda de quien demuestra con cada una de sus palabras que lo que carga en la zona intercostal izquierda es el negro y espeso lodo del odio. Cuando un mandamás sin frenos en la lengua ataca brutalmente a la Iglesia, al día siguiente las tropas de asalto invaden el Palacio Episcopal, cuando ordena rociar con gas a los estudiantes, las tropas de asalto estupran la Facultad de Arquitectura de la UCV, la Universidad de Carabobo, la del Táchira.

Después de insultar a Globovisión, lanzan bombas contra la planta. Golpean, maltratan insultan, vejan, humillan para terminar en la obra maestra, profanar la Sinagoga, luego de que los capataces denominan a Israel “Estado asesino”. Este aquelarre es la forma de celebrar un cumpleaños trágico para Venezuela.

Diez años de la instauración del odio como razón de las decisiones del gobierno y de la existencia misma de quien lo dirige. El odio corroe y unido al poder sin límites, nos pone a las puertas de un régimen totalitario que tiene potencialidades de ser aún más bellaco que el cubano, aunque afortunadamente nunca tan largo.

Vaclav Havel, uno de los héroes del siglo XX que enfrentó al totalitarismo, en discurso pronunciado en Oslo en 1990, (Discurso sobre el odio) dice que: El odio es la característica diabólica del ángel caído: es un estado del alma que anhela ser Dios e, incluso, cree serlo, pero se siente permanentemente atormentada por las insinuaciones de que no lo es& He observado que quienes odian acusan a los que los rodean -y a través de ellos al mundo entero- de ser malos.

El origen de su disgusto lo constituye la sensación de que los hombres malos y el mundo malo les niegan lo que les pertenece de forma natural… El odio entraña un gran egocentrismo quienes odian se sienten víctimas de injurias pérfidas, malévolas y omnipresentes que deben ser eliminadas para que, al final, la justicia pueda abrirse paso.

El odio colectivo libera a los hombres de la soledad, del abandono, del sentimiento de debilidad, de la impotencia y del desprecio, y así, evidentemente, les ayuda a hacer frente a su complejo de fracaso y de ser menospreciados.

Al integrarlos a una comunidad, se crea entre ellos una hermandad basada en un principio aglutinador simple -ya que la participación en ella no exige nada-, las condiciones de la admisión se cumplen fácilmente, nadie debe temer suspender el examen de entrada.

Entonces, ¿qué puede ser más sencillo que compartir el objeto común de rechazo y adoptar la “Ideología de la Injusticia”.

carlosraulhernandez@gmail.com