Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Demasiada frivolidad. Gabriela Calderón de Burgos

Este último mes los líderes latinoamericanos, salvo honrosas excepciones, han mostrado al mundo su débil compromiso con la democracia y con los derechos humanos. Durante esta última década, a pesar de que se crearon nuevos foros para promover esto en el hemisferio, hoy tenemos cáscaras vacías y una colección de gobiernos demasiado frívolos para defender algo tan básico como la democracia representativa y las libertades individuales.

2013 empezó con el espectáculo de una Venezuela gobernada desde La Habana y la posesión el 10 de enero de una persona que nadie ha visto en público desde hace más de un mes. Esta posesión, que sólo fue posible gracias a la interpretación antojadiza que hiciera una Corte Suprema carente de independencia, fue recibida con un silencio sepulcral por organizaciones americanas que dicen promover los derechos humanos y la democracia.

Entre estas, la de mayor importancia es la OEA. Esta organización inició el nuevo milenio plasmando en la Carta Democrática Interamericana su objetivo de “promover y consolidar la democracia representativa”, considerando que son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, “el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho … y la separación e independencia de los poderes públicos”.1 Pero en la práctica y bajo el liderazgo de José Miguel Insulza, se ha ignorado todo tipo de violaciones al Estado de Derecho en varios estados miembros. El Sr. Insulza no fue el único que ignoró las violaciones a la Carta Democrática, tuvo a su lado una mayoría casi unánime de países miembros que guardaron silencio.

Por eso sobresale lo que dijo el ex-embajador de Panamá Guillermo Cochez en la OEA hace un par de semanas: “[La Carta Democrática] es violentada a diario e impunemente por algunos de los que aquí estamos representados con aquello de que los intereses económicos y los objetivos políticos están por encima de cualquier principio democrático [y] por costumbre, comodidad o complicidad se ignoran selectivamente esas violaciones…Lo que nos debe doler a los demócratas aquí congregados es que nuestro Secretario General se ha precipitado a convalidar una serie de eventos sin ningún fundamento legal o ético y sin ningún precedente histórico…Como resultado y hasta tanto no corrijamos semejante entuerto la OEA entera se ha vuelto cómplice involuntaria de lo que ocurrió ese 10 de enero”.2 Por decir esto, Cochez fue removido.

Luego vino la bochornosa posesión como presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) de Raúl Castro, quien preside una dictadura de más de cinco décadas. Algunos, como el Sr. Insulza, han tratado de presentar las críticas a la inclusión de Cuba en clubes supuestamente democráticos como si fuese cuestión de derecha versus izquierda o si se tratara de intolerancia. Pero como dijo el analista Andrés Oppenheimer: “Este no es un problema de izquierda o derecha, sino de democracia o dictadura”.3

Lo sucedido este mes revela que el liderazgo político de la región o (a) no tiene claro lo que es una democracia representativa con un Estado de Derecho o (b) no le parece algo esencial para garantizar los derechos humanos que dice promover o (c) está anteponiendo algún objetivo político o económico por encima de estos importantes principios. Cualquiera de estas opciones es preocupante para el futuro las sociedades libres en Latinoamérica.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Chile) el 1 de febrero de 2013.