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Descubra su nivel de utopía

Publicado Diario El Universal 16/09/07

Por: Emeterio Gómez

Tal vez fue eso lo que intuyó Miquilena: que lo más grave no es el robo desmedido que Chávez avala. O lo que captó Ramón Martínez: que lo peor no es la recentralización que dejará a gobernadores y alcaldes como figuras decorativas. O lo que barruntan Ismael García, Baduel y el propio Maduro: que la verdadera tragedia no es la concentración irracional de todo el poder en una sola persona. Tal vez sea eso lo que está a punto de descubrir José Vicente Rangel, quién sabe. En el otro extremo, quizás sea eso lo que no han descubierto Aristóbulo, Rodrigo Cabezas, Mario Silva o Jorge Rodríguez: que lo más grave no es revivir el comunismo y el totalitarismo. Que todo ello pierde peso ante la verdadera amenaza, ante el “eso” en cursivas que estamos asomando.

Tal vez sea esto lo que cada chavista por su cuenta está empezando a descubrir: que lo más grave de la locura neocomunista no es que va a destruir a Venezuela; ni es que se trate del marxismo, es decir, de un regreso acelerado a la barbarie. Nada de ello –con todo lo grave que es– es lo más grave. ¡¡Lo realmente nefasto es que se trata de una Utopía absolutamente inviable!! Una ilusión pueril que no tiene ningún chance de concretarse; que si lo tuviese ¡aun a cambio de matar al 40% de los venezolanos! algún sentido –trágico– tendría. Que no fue que fracasaron en Rusia, China, Cuba, Vietnam o Nicaragua porque fuesen brutos o porque no hicieron las cosas de tal o cual manera, sino porque el Comunismo es sencillamente imposible. Lo que tal vez Rangel, Vielma Mora, Didalco o Diosdado estén empezando a intuir es que tienen ocho años al servicio de una necedad. ¡¡Quizás estén avizorando ese poderoso dispositivo psíquico que nos lleva a aceptar más fácilmente el pasar por corruptos que por brutos!!

Tal vez Tascón, Iris Valera, Ameliach o Albornoz estén empezando a presentir la estupidez radical de Marx al arremeter contra el capitalismo; esa incomprensión inaudita de que tanto el valor de cambio, como la escasez relativa –los dos conceptos claves de la economía de mercado– son apenas la expresión superficial de un proceso insondable y profundo: esa condición egoísta, visceral y miserable de lo humano, esa “manera de ser” nuestra que –en lo económico– nos hace más imagen y semejanza de las serpientes y las bestias que de Dios. Esa misma condición que en lo político nos lleva hacia la guerra y no hacia la paz. O, más exactamente, que nos hace ver a la paz como el break necesario para preparar la próxima guerra.

Quizás los chavistas –dadas sus particulares inteligencias– estén descubriendo cada uno su dosis personal de utopía. Quizás Miquilena se equivoque al decir que Chávez “nunca fue de izquierda y que no tiene la menor idea de lo que su Socialismo es”. Él fue y es de izquierda e intuye su propio Proyecto: ¡¡la doctrina de Marx!! Una ideología que no pasó de ser eso: un redencionismo ingenuo incapaz de entender que el Ser Humano, al menos este patán que conocemos, no da para ningún hombre nuevo. Que tal vez tengamos que mejorar moralmente antes de pensar siquiera en una sociedad mejor. A cuyo respecto cabe precisar que por la misma época que Marx escribió su utopía, su redencionismo iluso, Nietzsche –ese sí, un verdadero pensador– postulaba la antítesis y la otra cara de su propio Superhombre, la idea del Último Hombre: el pobre diablo que somos, que sólo piensa en la venganza, el egoísmo, el sexo, la mezquindad, la envidia y la porquería espiritual.

emeteriog@cantv.net