Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Dibujos adoctrinadores sin papel higiénico ni biberones. A. Chinchetru

Las noticias que desde Venezuela saltan al mundo retratan un panorama que desde fuera pudiera parecer cómico. La escasez de papel higiénico, un punto más en el que el país gobernado por Maduro se parece a la Cuba de los Castro, ya dio lugar a episodios auténticamente esperpénticos. El sucesor de Chávez no dudó en acusar a la oposición de acaparar dicho producto, como si Capriles pensara que ganaría el apoyo de más ciudadanos por forzarles a tener la retaguardia sucia o irritada. Después, un alto cargo del régimen bolivariano dijo sin pudor alguno que el motivo de que faltara el ansiado bien es que sus conciudadanos comen mucho. Traducido a román paladino, que si no había papel higiénico era porque los venezolanos defecan mucho. Curiosa excusa esa de llamar “cagón” a todo un pueblo.

El esperpento se completó desde Bolivia, cuando el Gobierno de Evo Morales anunció que enviaría grandes cantidades de ese producto a Venezuela. Si la ONU creó el programa Petróleo por alimentos –que produjo mucha corrupción– para el Irak de Sadam Hussein, tal vez estemos ante otro llamado Petróleo por papel higiénico.

Lástima que no tengan en Venezuela el Granma cubano. Dicho periódico es el sustituto del papel higiénico en la martirizada isla controlada por los Castro. Y lo es hasta tal punto que los cubanos pagan el mismo precio por uno del día que por uno de jornadas pasadas, puesto que “sirven para lo mismo”.

Pero con papel higiénico o sin él, el absurdo no queda ahí. Una deposición que no se limpia con ese producto, puesto que es mental, se tradujo en la idea de crear y emitir por televisión una serie de dibujos animados llamada Chávez nuestro que estás en los cielos. El protagonista no es otro que ese que supuestamente se le presentaba a Maduro en forma de pajarito, que conversa en el cielo con diversos personajes. Que alguno de ellos pudiera entrar en el paraíso celestial es más que dudoso. Si se lo permitieran, el resultado sería nefasto. Néstor Kirchner seguramente robaría hasta las arpas con las que los ángeles tocan alrededor de Dios y Che Guevara fusilaría hasta al Arcángel San Gabriel. Claro que, bien pensado, Chávez expropiaría incluso las llaves de San Pedro.

Y para completar el esperpento bolivariano, el Ejecutivo de Caracas ha declarado la guerra al biberón –no se debe a que fuera costumbre venezolana limpiarlo con un papel higiénico que escasea–. No contento con prohibir la publicidad de dicho producto, el chavismo pretende imponer fuertes multas a las madres que no amamanten a sus bebés. Menos mal que contemplan excepciones. Una diputada oficialista dijo en televisión: “Hay excepciones, porque hay mujeres cuando están enfermas o en casos excepcionales que tienen que tener tetero”. Al menos no han prohibido que las mujeres tengan problemas de salud. Aunque a este ritmo cualquier día las multan si sufren una gripe.

Al margen de las bromas o el tono jocoso con el que se pueda comentar todo lo anterior, en realidad se trata de algo muy serio. De hecho, es terriblemente grave. Si hay problemas de abastecimiento de papel higiénico es debido a que el socialismo impuesto por el chavismo conduce de forma inexorable a la escasez de los productos más básicos, como saben los millones de personas que vivieron en la Europa comunista o los cubanos para los que la cartilla de racionamiento ha sido durante décadas un recordatorio diario del régimen bajo el que viven.

Y, como siguiendo un manual soviético, se utiliza cualquier cosa para señalar a los supuestos enemigos del pueblo y destacar inexistentes logros del régimen. Y para eso sirve incluso un descarado fracaso como la incapacidad para que haya en los supermercados un producto tan básico como el papel higiénico: se culpa a Capriles al tiempo que se presume de que los venezolanos tienen alimentos en abundancia.

Los dibujos animados son un asunto de una gravedad aún mayor. Se trata, ni más ni menos de una burda estrategia de adoctrinamiento de los ciudadanos desde su infancia. Se ofrece un producto atractivo para los niños en el que se lanzan consignas ideológicas totalitarias para amoldar su mente a los deseos de los gobernantes desde las edades más tempranas. De paso, si se convence a algún adulto, mejor. Es de sobra sabido que para que la propaganda sea efectiva, los mensajes han de ser comprensibles hasta para el menos inteligente de los destinatarios.

En cuanto a la prohibición de los biberones, es un paso posiblemente sin precedentes en la estrategia de todo sistema totalitario consistente en pretender inmiscuir y dirigir hasta los tratos personales de los ciudadanos. Se inmiscuye en la relación más íntima que puede existir entre dos seres humanos, la que se da entre una madre y su hijo lactante.

Definitivamente, Maduro ha acelerado el proceso para la construcción de un Estado totalitario en Venezuela que comenzó Hugo Chávez.

ANTONIO JOSÉ CHINCHETRU
Instituto Juan de Mariana