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Dicto cursos sobre El Capital de Marx

24/01/10

¡Y doy diploma! Currículum que me califica para dictar dicho curso

Por: Emeterio Gómez

¡Y doy diploma! Currículum que me califica para dictar dicho curso: haber estado diez años (1967-77) tratando de entender El Capital sin haberlo logrado. ¡No por bruto, sino porque no había nada que entender! Porque es una ristra de inconsistencias. Porque no se trataba de intuir tautologías -que eran evidentes- sino más bien de explicar cómo es que ellas habían logrado tanta fama; cómo es que la intelectualidad occidental, de izquierda o de derecha, no había puesto en evidencia la estafa de Marx. ¿Cómo es que se tenía por un gran filósofo a quien sostenía que la fuente exclusiva del valor de las mercancías era el trabajo y que, en consecuencia, la escasez relativa de ellas ¡nada tenía que ver con su valor!? Y que si un bien requería menos trabajo que otro valdría necesariamente menos, aunque fuese mucho más escaso.

Aquellos 10 años fueron en realidad el tiempo que nos llevó captar la debilidad asombrosa de una intelectualidad occidental que -en pleno- se había dejado timar por la Teoría marxista del valor-trabajo. Sólo hacia 1977 empecé a barruntar que Sartre y Althusser, paladines de la Izquierda, no habían entendido para nada a Marx. Un fracaso tan grave, que por haberse enfrentado a Sartre se le reconocieron méritos a Albert Camus. ¿Cuánto habría ganado Occidente si este insigne pensador, amén de oponerse a la violencia revolucionaria, hubiese denunciado la profunda endeblez de El Capital de Marx, fundamento último de dicha violencia y de las ideas de Sartre? Denuncia ésta que -hasta donde sé- no se produjo y que tal vez era demasiado pedir. Alí Rodríguez debería regalarle también a Chávez las obras completas de Althusser y de Sartre, digo, si como parece de verdad desea fundirle los tapones.

Pero el que nos llevara diez años captar la profunda debilidad del pensamiento occidental, se debe también a los intelectuales de derecha y, sobre todo, al que tal vez fue el más importante de ellos para la época: Raymond Aron. Un pensador que nos ayudó mucho en la traumática transición hacia la Derecha. En 1969 Aron publica Los marxismos imaginarios, de Sartre a Althusser, y -¡oh, milagro!- le dedica una sección a El Capital de Marx. ¡Cómo recuerdo los esfuerzos que hice para tratar de entender que un intelectual de aquella talla no descubriese lo zonza que es la noción de Plusvalía! Y que se enredase tratando de explicar los infinitos enredos de Althusser. Cómo aceptar que un pensador lúcido pudiese escribir cosas así: “La teoría de la plusvalía, tal y como la hemos resumido, es ciertamente una especie de obra maestra. Pertenece a la historia de la ciencia y, simultáneamente, a la de las ideologías. Se presta a tantas interpretaciones que la controversia puede proseguir indefinidamente… ¡Personalmente no me interesa mucho! (¿?¿?) Pero quien pretenda (re)encontrar la verdad del marxismo en la plusvalía tiene el estricto deber, si quiere ser científico, de responder a las objeciones cien veces señaladas contra esta teoría”. (Ob. Cit. pág. 101).

Releyendo 40 años después estas cosas, no puedo dejar de recordar con ternura a un entrañable amigo ausente, José Luis Branger, quien ya desde entonces, para contrarrestar mi devoción por la Teoría marxista del valor, nos decía, “pero Emeterio, ¿cómo es eso de que el trabajo es la fuente exclusiva del valor de las mercancías? ¿Cómo es que un kilo de lomito vale más que uno de solomo -para no hablar de panza, costilla o chocozuela- si todos recibieron exactamente la misma cantidad de trabajo, la que se invirtió en criar a la vaca?

htpp://emeteriogomez.wordpress.com

El Universal