Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Diez años sin Celia Cruz. Carlos Goedder

El Caribe aún sigue bailando comandado por la gran cubana, cuyo decenio de ausencia merece un año de conmemoración en alegría y libertad

La cantante Celia Cruz fue un emblema de la América Hispana alegre y libre. Falleció el 16 de julio de 2003, en EEUU y su nacimiento se estima que había ocurrido el 21 de octubre de 1929 (ella era renuente a revelar su año de natalicio). Exiliada cubana desde 1960, cuando huyo de la dictadura de Fidel Castro, la dama de la música antillana pasó por las desgracias correspondientes a quien abandona familia y patria por motivos políticos. Uno de sus golpes más duros fue estar ausente en las exequias de su madre en 1962, ya que visitar Cuba hubiese sido una temeridad. Así que Celia Cruz tuvo que hacer acopio de fuerzas y mantener su trayectoria musical tras derrumbarse el mundo en que primero había reinado: el de las grandes orquestas cubanas que alegraron el Caribe hasta el ascenso comunista en 1959.

En 2013 el mundo asiste a muchos homenajes musicales, destacando el bicentenario de Verdi y Wagner (sobre el primero prepararé un trabajo en breve) y el centenario de Britten. Ahora bien, en el ámbito caribeño e hispanoamericano aplica hacer un sonoro tributo a Celia Cruz por su irreparable ausencia física durante un decenio.

Desde el punto de vista musical, José Arteaga ofrece esta opinión sobre Celia Cruz (En LA SALSA, UN ESTADO DE ÁNIMO. Acento Editorial, 2000, p. 63):

“Celia Cruz se destacó desde el comienzo de su carrera por el tono altísimo que imprimía a sus interpretaciones y porque era capaz de sostener ese tono sin que le flaqueara la voz. En su garganta existía y existe un segundo aliento que se mantiene constante, hasta que ella decide bajarlo a su antojo. De esta forma, su voz es un instrumento solista que, incluso, puede llegar a hacer fraseos interminables sin más respaldo que un coro.

Pero por encima de todo eso, la principal virtud de Celia ha sido su carisma innato. Cuando ella sube al escenario, su magnetismo invade al público y éste hace lo que ella dice que debe hacer. Un asunto de divas en concierto, que en el caso de Celia también se traslada a los estudios de grabación.”

Celia contó su autobiografía musical en 1980, en el tema “LA DICHA MÍA”, incluido en el disco CELIA, JOHNNY AND PETE. Allí repasa los hitos de su vida musical: La Sonora Matancera en Cuba, la Orquesta de Tito Puente al mudarse a Nueva York, Johnny Pachecho y la salsa bajo el sello Fania, mundo en el cual tuvo otro nombre clave en el joven director Willie Colón. En la canción menciona su trabajo con otras orquestas y merece comentarse que entre Cuba y EEUU hubo un período mexicano con el director Memo Salamanca.

La historia de Celia resume las vicisitudes del músico caribeño al producirse la transición entre las grandes orquestas con arreglos jazzísticos del próspero Caribe en los años 1950 hacia una música urbana que habla al barrio pobre, cuya culminación es la salsa inaugurada en los años 1970. Mientras muchos músicos cubanos exiliados fueron engullidos sin éxito por el anonimato neoyorquino, Celia consiguió triunfar en el mundo salsero y mantenerse vigente hasta su muerte en 2003. Además de su talento vocal, estaban el carisma y la disciplina que componen a todo divismo, haciéndolo inmune a un mundo tan complicado y cruel como el musical.

Celia se inició musicalmente en Cuba (donde estudió magisterio) a finales de los años cuarenta y entró a protagonizar elenco musical en la Sonora Matancera. La Sonora es una institución en la música caribeña, consiguiendo conjugar a varias de las mejores voces americanas bajo unos arreglos sabrosos y coqueteos con la grandiosidad correspondientes a un jazz de salón. La Sonora tuvo grandes cantantes emblemáticos: Nelson Pinedo, Carlos Argentino, Celio González, Vicentico Valdés, Bienvenido Granda y puntuales apariciones del venezolano Víctor Piñero. Ahora bien, los más carismáticos cantantes de la Sonora fueron el puertorriqueño Daniel Santos (“el inquieto anacobero”) y Celia. En aquella época de inicios de los años cincuenta era visto con malos ojos una mujer rodeada de tantos hombres en una orquesta, puesto que Celia fue la única cantante femenina en el plantel desde su llegada – antes hubo colegas suyas en la Sonora con menor permanencia, como Carmen Delia Dipini y Myrta Silva-. Lo cierto es que en ese lapso Celia se divorció y contrajo nupcias con su inseparable compañero hasta el final, el trompetista de la Sonora Matancera Pedro Knight.

En ese período dorado de los años cincuenta Celia produjo éxitos memorables. Ella destacó “Caramelos” como número clave (grabado en 1960), si bien son notorios el bolero “Tu Voz”, el clásico “Burundanga” (ese que dice “Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé y tiene el coro “practica el amor, defiende lo humano porque siendo hermano se vive mejor”), “Dile que por mí no tema”, “Yerbero Moderno” y un listado extenso. Ese catálogo se reeditó bajo el sello SEECO y se consigue en casi cualquier compilación de Celia Cruz, a bajo precio. Es la Celia más joven y enérgica, con un acompañamiento musical impecable. Una época feliz para el Caribe – a pesar de las dictaduras – y para ella en lo personal. Hay grabaciones en radio que rescató el sello cubano Bárbaro (paradójicamente los royalties van al gobierno comunista cubano) y atestiguan lo brillante de ese tiempo. Celia refulgía en guaracha, bolero, son, guajira, merengue y un género que es el canto a los santos, manifestación religiosa propia del sincretismo espiritual caribeño, en el cual deidades africanas se mezclaron con las católicas.

En el futuro, los acompañantes musicales de Celia en el exilio intentaron reproducir ese sonido matancero. El que abrió la puerta fue Tito Puente en el álbum “ALGO ESPECIAL PARA RECORDAR”, grabado con Celia en 1972 (y que ha sido reeditado por el Sello Fania en el Siglo XXI). Quien mejor lo capitalizó fue el cofundador del sello salsero Fania, el dominicano Johnny Pacheco, padrino musical de Celia junto al productor Jerry Masucci en los años setenta, cuando la salsa tuvo su época áurea. Willie Colón también grabó números de la Sonora con Celia en ese memorable disco “Sólo ellos pudieron hacer este álbum” (con título en inglés “Only they could have made this álbum”) de 1978.

Marchada al exilio, Celia, ya con un nombre hecho, se encuentra con que el gusto estadounidense rechaza lo cubano por comunista –prefiere la bossa nova brasilera – y se rinde al pop inglés. Músicos como Tito Rodríguez habían disuelto su orquesta y optado por dedicarse al bolero. En pie de guerra seguía el maestro Tito Puente (1923-2000). Celia inició con él una relación musical en 1966, produciendo unos discos que hoy son difíciles de hallar, siendo una excepción el disco inaugural de “Cuba y Puerto Rico son” o el mencionado “Algo Especial para recordar”.

Se vincula a Celia con Tito en las imágenes de los años noventa, mas lo cierto es que su asociación en los años sesenta tuvo poco éxito comercial. En ese tiempo confuso, en que aún la salsa estaba sin establecerse, lo que reinaba en los barrios de inmigrantes latinoamericanos en EEUU era el boogaloo, una mezcla de soul y ritmos latinos. Tito intentó recuperar con Celia el espíritu grandioso de los años previos y ensayó mezclar ritmos de balada pop con la magia antillana. Un modesto éxito, enumerado por Celia en “LA DICHA MÍA” fue el tema “Acuario”, versión del éxito pop “Aquarius / Let the sunshine in” (The Fifth Dimension) y en ellos los cubanos podían ver reflejados sus clamores, ya que los coros hablaban del “amanecer de Acuario” con “libertad de pensamiento para todos los humanos” Ese tema está en el álbum “Quimbo Quimbumbia”, segundo del tándem Cruz-Puente. Les siguieron “En España”, “Alma con Alma” y el mencionado “Algo Especial para Recordar”. Son discos que merecen volverse a explorar en estos tiempos, pues tienen un lenguaje propio.

De esta época surge la comparación entre Celia y otra cantante: La Lupe. La Lupe (1939-1992) sí tuvo éxito en sus memorables grabaciones con Tito Puente de la misma época. Sin ser salsa y manteniendo el compromiso con la calidad de una gran orquesta, La Lupe sí conseguía llegarle al barrio latino con su desplante y desenfado. La Lupe fue una cantante maravillosa y difícilmente alguien le gane en el terreno del bolero cantado con sufrimiento y alarde. En los años sesenta La Lupe vendió mejor que Celia, mas sus discos individuales, salvo cuando cantó boleros del maestro “Tite” Curet Alonso, carecieron de buen acompañamiento o repertorio. Celia consiguió mantener un buen apoyo orquestal todo el tiempo y manejar mejor su carrera. Lo cierto es que bajo el boom de salsa el sello Fania optó por Celia, al serle incomprensible el lenguaje de bolero y porque La Lupe era más volátil. Para mí es una intriga qué pensaría Celia de La Lupe (La Lupe sí que la menciona en las dedicatorias de su canción “Oriente”). Se habla de un conflicto personal por la alusión que hizo La Lupe, en una entrevista, sobre el carácter de maestro santero (babalú) que supuestamente tenía el esposo de Celia y según tal leyenda Celia reaccionó con un ultimátum al sello Fania: “o ella o yo”. Esta versión me luce espuria, si bien entre artistas todo es posible y hay rivalidad feroz. En los años setenta Fania apoyó un nuevo disco de La Lupe y Tito, “La Pareja” (1978), mas es un punto bajo en la discografía de ambos. La Lupe, para pena de quienes la celebramos en sus otros discos con Tito, tuvo un reinado efímero frente a Celia, si bien ha sido rescatada por melómanos que la veneramos, por críticos como el indispensable venezolano César Miguel Rondón y José Arreaga, las bandas sonoras del cineasta español Pedro Almodóvar y… Las drag queens.

Cuando Celia estaba sin levantar cabeza comercialmente, el pianista Larry Harlow la convoca a grabar un tema en su ópera latina “Hommy” (imitación del concepto “Tommy” de los Who) y Celia legó un maravilloso tema, “Gracia Divina”. Harlow recuerda la grabación en EL LIBRO DE LA SALSA de César Miguel Rondón (reeditado por Ediciones B): Celia hizo la parte vocal, ya en lenguaje de salsa, en ¡Una sola toma! Suficiente para llamar la atención del sello Fania, el cual producía el disco. Los dueños, Pacheco y Masucci, apadrinaron a Celia para lanzar una estrella femenina dentro de la salsa. La consagración sería la interpretación en vivo de un tema que Celia ya había grabado con Alegre All-Stars en el disco “Son con Guaguancó”: “BEMBA COLORÁ”. En concierto con la orquesta de las estrellas Fania, la “Fania All-Stars”, Celia legó la primera interpretación masiva de ese tema en un concierto grabado en la película SALSA. Y desde allí la pieza quedó en el repertorio de Cruz hasta el final. Tuve el gusto de oírla interpretada por Celia en octubre de 1999 en Caracas, durante el Festival de Música de El Hatillo (conseguí allí el autógrafo de Celia, que conservo como la joya que es.)

Acompañada de Johnny Pacheco, Celia volvió a producir éxitos. El primero fue Quimbara, en el álbum “Celia&Johnny” de 1974, en el cual quedaron piezas fundamentales, incluso del folclor peruano (“Toro mata”). Siguió el disco “Tremendo Caché” en 1975, con una interpretación del éxito “Cúcala” ya interpretado por Ismael Rivera con Cortijo y Su Combo en los años cincuenta. En ese mismo disco de 1975, en la pieza “Tres Días de Carnaval”, Celia añoraba los carnavales caraqueños de los años cincuenta y sesenta, cuando Caracas aún era una ciudad amable y libre tanto de violencia como de marginación social. Con Johnny, Celia siguió grabando discos que, si bien le hablaban al barrio, emulaban el lenguaje de la Sonora Matancera. Esa línea la seguiría también el gran salsero venezolano Oscar D’León, con quien Celia compartió escenario alguna vez.

Jóvenes músicos acompañaron a Celia en otros discos, entre ellos el talentoso pianista Papo Lucca y su Sonora Ponceña (Celia los menciona en “LA DICHA MÍA”.) Quien más éxito tuvo en la asociación fue Willie Colón, nacido en el lenguaje de la salsa, con quien Celia siguió colaborando en otros discos durante los años ochenta y quienes legaron temas tan osados como “Usted Abusó” (música brasilera en lenguaje de bolero salsero) o “Un bembé pa’ Yemayá” (que es casi “salsa tecno”).
Los años ochenta vieron decaer la salsa en favor del merengue. Celia ya era una diva y siguió dejando grabaciones, siendo especialmente afortunadas las que hizo con Ray Barreto (destaca el álbum “Ritmo en el Corazón”). Ya Celia estaba más allá de las listas de éxito. Eso no le impidió, acompañada por su marido, dejar éxitos en los años noventa como “Que le den candela” y “La Vida es un Carnaval”, siendo que esta última canción triunfó hasta en el mercado argentino, usualmente ajeno a la salsa. Hubo, claro está, apariciones en vivo con sus amigos de siempre y una de las mejores fue “CELIA&FRIENDS”, en la cual compartió escenario con Puente y Pacheco, o bien la reunión de Fania All Stars en los años noventa, de la cual quedaron registrados conciertos en Puerto Rico y Cali.

Estos diez años de la partida de Celia Cruz hacia el infinito sirven para recordar que la alegría, el optimismo vital y la libertad son las voluntades propias del Caribe, al margen de las vicisitudes que tanto la inestabilidad política como la marginación social aplican sobre los ciudadanos de esa bella región. La biografía de Celia fue además una de las escasas afortunadas entre cantantes de éxito: abstemia, ajena al cigarrillo, con matrimonio feliz, su voz se mantuvo como un torrente casi hasta el final. “Regalo del Alma”, en 2003, fue su disco póstumo.

La oportunidad es buena para que los sellos que atesoran grabaciones de Celia desempolven varias gemas que están durmiendo en los archivos – por ejemplo, su reunión con la Sonora Matancera en 1980. El sello Fania volvió a la vida en el Siglo XXI, lo cual ha sido afortunado para recuperar catálogo de Celia en los años sesenta y setenta. Un caso excepcional es el del sello Smith&Co., el cual sacó a la luz en 2011 un concierto de Celia con Tito en Ámsterdam durante 1980, contando además con el gran percusionista Patato Valdez. En ese momento Celia y Tito celebraban un disco de ellos que finalmente sí había sido un éxito: el Homenaje a Benny Moré, del cual se sacaron varios volúmenes (el mejor es el primero) y donde el mundo salsero volvía rendir tributo a las esplendorosas raíces cubanas de los años 1950.