Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Diez señales de descomposición. Victor Maldonado

Por más que unos y otros intenten la normalidad, lo cierto es que la procesión va por dentro. La sociedad venezolana está sufriendo un ataque complejo que apunta a su devastación. No quiero decir con esto que sean problemas nuevos, pero sí que su conjunción se constituye en un síndrome cuyos efectos pueden cobrarnos la prosperidad de muchos años. Por eso es que ante la pregunta sobre cómo podemos salir de esto la gente comienza a divagar, intentando saltarse el difícil período de la transición.

La primera señal es la corrupción institucionalizada que ahora encuentra en el gobierno a su principal encubridor. El desfalco del pudor, y el presentarse como el producto del nepotismo, el amiguismo, el compadrazgo, el caciquismo y las montoneras nos coloca en situación de indefensión frente a un régimen que se paga y se da el vuelto, pero que además ya no le importa lo que digan al respecto.

La segunda señal es la presunción de las mafias asociadas al narcotráfico. No solo porque al final terminan compitiendo con el Estado por el control del territorio, y por el daño que se le hace a la población más vulnerable. Lo que quiero significar especialmente es el reforzamiento de la cultura del crimen y el utilitarismo que plantea que cualquier medio es apropiado para escalar en términos de poder y riqueza. Preocupa igualmente el maridaje que refuerza la corrupción institucional y que favorece la constitución de grupos estancos, diferentes en términos de reglas, al resto de los ciudadanos.

La tercera señal es la descomposición económica que produce el socialismo, y la obsesión por los controles crecientes. Nos guste o no la inflación, la escasez y la caída de la productividad va a desembocar en el desempleo. Por ahora el desempleo nuevo se ha convertido en rebusque, pero cuando se agoten las prestaciones apreciaremos una condición más brutal, que va a impactar determinantemente en las condiciones de vida de los más pobres. Se incrementará la condición atroz de la pobreza.

La cuarta señal es la violencia que es el resultado de la convicción social de que vivimos en absoluta impunidad. No rige el estado de derecho. Y eso lo saben -porque lo practican- los que forman parte del régimen y también la calle. No hay respeto alguno por los derechos humanos y priva el cálculo político de los que tienen poder. Y la calle sabe que el crimen no es perseguido, que las policías están desbordadas y que los cuerpos de seguridad son utilizados para reprimir a la disidencia.

La quinta señal es la polarización política. Vivimos en los extremos. Desconocemos las condiciones y justificaciones de los que están en el otro polo. Nadie está interesado en lograr la convivencia entre los diversos, y todas estas son condiciones precursoras de una guerra civil. Hay que decir que nadie se salva. El supuestamente moderado es hipercrítico y descalificador. El líder social es autoritario y apela a las solidaridades automáticas. El diálogo ha sido sustituido por los prejuicios y las actuaciones que se dan en consecuencia.

La sexta señal es la penetración de los militares en los espacios civiles. El régimen no necesita reconocerse como militar, pero lo es. Miles de militares ocupan puestos en la administración pública inoculándola de autoritarismo, voluntarismo y diletantismo, con los efectos que ya vemos. ¿Quién vuelve a meter a esas gallinas al corral?

La séptima señal es la censura. Estamos convirtiéndonos en un país opaco, donde no es posible la rendición de cuentas ni el control ciudadano. El régimen está comprando todos los medios de comunicación, imponiendo su propia versión de los hechos y silenciando otros. La hegemonía comunicacional es proclive a la construcción libérrima de narrativas inconvenientes sobre el país.

La octava señal es el desplome de los servicios y la infraestructura pública. Luz intermitente en el mejor de los casos. Agua insana, si es que llega. Hospitales asolados por la violencia y desprovistos de todo. Escuelas arruinadas y tomadas por la ideología que miente y deforma. Calles oscuras y en manos del hampa. Carreteras y autopistas desprotegidas. Y esa sensación de abandono irrecuperable mientras ellos no quieran.

La novena señal es la nueva ola de emigración. Jóvenes y adultos no ven espacio para seguir siendo productivos en el país. Se ha acentuado la narrativa del destierro que nos está descapitalizando del talento y de la fuerza moral necesaria para encarar esta dictadura.

La decima señal es el resentimiento. Ana Teresa Torres dice que el resentimiento implica el volver a sentir. Repetir, repasar, reverberar sobre un sufrimiento alguna vez ocurrido, pero no necesariamente, porque se funda en un relato que lo convence de haber sido víctima de la maldad de los otros. En esas estamos. En la revolución del resentimiento, que lo justifica todo, que nos convierte en víctimas de un síndrome de efectos tan desoladores.

VICTOR MALDONADO | NOTITARDE