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Reducir la jornada laboral, porque con tanto petróleo ¿para qué tanto trabajo?

Por: Domingo Fontiveros

Los dueños del petróleo han ganado mucho en estos últimos años de precios en alza, y consumo creciendo en espiral en buena parte del mundo. Desde los accionistas de las petroleras, hasta los beneficiarios de los fondos de ahorro como el noruego, pasando por los jeques árabes y los jefes políticos de países como Venezuela, Irán y Libia. Los grandes productores han redescubierto que si algunos producen menos todos ganan más, y a los grandes consumidores como China y EE.UU. no parece importarles demasiado, todavía, que los precios cuadrupliquen lo que hace poco se consideraba un precio “normal” alrededor de los 20 dólares por barril.

Que la riqueza súbita encandile a la gente no tiene nada de nuevo. Y aunque los gobiernos deberían saber más y entender mejor estas cosas, no es así. Por lo menos en el caso venezolano, terriblemente cercano a nuestra experiencia.

Los ingresos petroleros de los años recientes han alimentado una visión ilusoria sobre el futuro nacional y una peligroso descuido de las cuestiones realmente importantes para la prosperidad de un país. Se habla de convertirnos en una potencia económica, política y militar, como hace décadas intentó hacerlo el infelizmente famoso sha de Persia. Sin embargo, la retórica no mueve montañas.

Lo más grave es que se viene gastando en exceso, más allá de lo que se recibe y en franca desatención a que estos ingresos no van a ser permanentes. Se gastan los réditos fiscales, se gastaron los antiguos ahorros (Fiem, etc), lo colectado por deuda interna y externa, y hasta una parte creciente de las reservas internacionales, contraviniendo la más elemental prudencia financiera.

A pesar de la bonanza, se da prioridad al consumo, que viene creciendo cerca del 20% anual, nutrido de importaciones que crecen aún más rápido, y se afloja la tensión necesaria para invertir en la propia industria petrolera, en la infraestructura física y social, sin mencionar el ahorro necesario para una eventual fase de vacas flacas.

En lo estrictamente petrolero, es lamentable que de una cuota OPEP en torno a los 3 millones de barriles diarios (MMBD) que se tenía en el año 2000, se pase ahora a disponer de un techo negociado de apenas 2,47 MMBD a partir de noviembre, como informó la misma OPEP. Mientras, Arabia Saudita ha elevado el suyo hasta casi 9 MMBD, Libia a 1,7 MMBD, los Emiratos a casi 2,6 y la OPEP como un todo a más de 27 MMBD.

Esta cuota menor para Venezuela revela problemas en cumplir su anterior techo de poco más de 3 MMBD, y se compagina mejor con los reportes sobre la verdad verdadera de la producción venezolana, que la colocan según todas las fuentes externas, desde BP hasta OPEP, incluyendo la EIA y la IEA, muy por debajo de la aseveraciones oficiales locales.

Mientras estas realidades siguen un declive inercial, la retórica continúa pintando castillos en el aire, guerra al capitalismo, proyectos fantasiosos que nunca se realizan, nuevas ayudas internacionales, armamentismo, y hasta la construcción de un gobierno paralelo de vicepresidentes según la propuesta de cambio constitucional. Los viejos decían que el dinero fácil engendra el despilfarro. Nada parece más cierto en la Venezuela de hoy, donde incluso se propone trabajar hasta 6 horas diarias y 36 semanales, porque con tanto petróleo ¿para qué tanto trabajo?

dfontiveros@cantv.net

Publicado Diario El Universal 30/09/07