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¿Dios o Jesucristo?

18/04/2010

Un sacerdote amigo, saliendo de mi taller de Ética, me comenta: “¿Por qué te armas ese rollo tan complejo tratando de explicarnos TU noción de Dios? Todo ese enredo acerca del Infinito, lo Absoluto y lo Incognoscible del espíritu humano, que son conceptos muy abstrusos. ¿Por qué no ensayas más bien a hablar de Jesucristo, más que de Dios? ¿No es más fácil identificarnos con otro ser humano que vivió, sufrió y murió, a que lo hagamos con una noción abstractota, muy difícil de asimilar?”.

Por: Emeterio Gómez

El temor a mi entorno más cercano me llevó a reaccionarle torpemente al joven cura: “Bueno, mire ¿no? Yo vengo de la izquierda marxista y todavía el grueso de mis amigos son ateos. Ellos más o menos aceptan eso que usted llama mi noción abstractota de Dios, pero se burlarían si les digo que Jesucristo fue Dios y hombre al mismo tiempo y que -por si fuese poco- hay que meter también al Espíritu Santo en el paquete. Recuerde padre la renuencia de los griegos, creadores de la lógica, para aceptarle a San Pablo lo de las tres personas en una. Deme un tiempito, mis panas me van excomulgar, la mitad de ellos aún son izquierdosos y la otra mitad son gentes muy cultas que -ingenuamente- se aferran al arte para sustituir a Dios”.

“Pero, dígame profe qué tiempo cree usted que le lleve pasarse de Dios a Jesucristo”, dijo el sacerdote, bromeando. “Bueno, no sé, deme seis meses, ¿qué se yo? ¿Cuál es la prisa, padre?”. “Precisamente de eso queremos hablarle: mis compañeros y yo le hemos pedido este taller para la Parroquia, pensando en la posibilidad de crear una Fundación cuya tarea -entre muchas otras- sea promover una discusión a fondo sobre estos temas. Fíjese que hasta una propuesta de nombre para dicha Fundación tenemos”. “Ah sí y cuál es”. “No importa, profesor, ¡tómese sus tres o seis meses y después hablamos!”.

Esa discusión fue el lunes, y el martes, por causalidad, me tocó dictar mi taller en Valencia: Etica y maximización de la ganancia. ¡¡Yo no me lo podía creer!! El joven sacerdote tenía toda la razón. Cuando llegó el momento culminante, empezó mi perorata sobre la religión como única forma de fundar la moral: “Es que Dios es infinito, absoluto e inescrutable”, dije y seis u ocho manos se alzaron, todas con la misma crítica: “Eso es muy enredao, profe: ¿Cómo voy yo a confiar en -o me va a guiar- algo que no tengo ninguna posibilidad de entender? ¿Cómo es que un Misterio Absoluto me va ayudar a amar al prójimo?”. Y mientras más intentaba yo explicar la Infinitud de nuestro espíritu, menos entendía la gente y más angustiadas se volvían sus caras.

A punto ya de tirar la toalla me acordé del joven cura y de Jesucristo: “Métase cada uno dentro de sí mismo y reflexionemos juntos sobre nuestras posibilidades de perdonar una ofensa o de amar al prójimo. Medite cada quien sobre su dimensión humana y su condición animal. ¡¡Sienta la bestia que lleva dentro!! Esa, que mientras más racional y más tecnológica, más bestia puede llegar a ser. Trate cada quien de palpar dentro de sí a Jesucristo. Es decir, sienta hasta qué punto puede usted imponer su bondad y su compasión, por encima de SU animal. Evoquemos juntos lo que pudo haber sido el mundo pagano de hace 2000 años, la Roma primitiva de los emperadores, Zeus o Júpiter y el pan y circo. Cobremos conciencia del inmenso aporte espiritual que Jesús de Nazaret, un hombre de carne y hueso, le hizo a la Humanidad”. Al rato -y a menos de 24 horas de nuestra discusión- no me quedó más que darle las gracias al sacerdote y lamentar no haber podido compartir con él aquel hermoso momento.

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El Universal