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Dios y la Hiperinfinitud del Tiempo. Emeterio Gómez

La certeza absoluta de que -tampoco en él- el Universo empezó, ni terminará jamás.

En mi artículo anterior, hablando de Dios, asomé la idea de la Hiperinfinitud Espacial del Universo. Intento acuñar la idea de Hiperinfinitud para referirme a las Infinitudes Reales, las que sobrecogen y aterran, no a las Formales, como las de los números… ¡¡que no asustan a nadie!! Los números ciertamente son infinitos, pero eso no le importa a nadie. La Hiperinfinitud Espacial del Universo, en cambio, es esa certeza impresionante de que él no se acabará jamás, que no puede acabarse ¡¡ni podemos pensar siquiera que se acabe!! Porque si se acabara… sin la menor duda seguiría… ¡¡continuaría!! Ese Hiperinfinito aterrador, ese Misterio Absoluto, nos conecta con Dios. Porque Éste, es nuestro único asidero ante esa dolorosa, radical y definitiva incapacidad nuestra para entender ¡¡la inexistencia de Confines en el Cosmos!! Porque aunque dichos confines existieran, el Cosmos, sin la menor duda, iría más allá de ellos. Hagamos juntos el esfuerzo, de aproximarnos a este Misterio Infinito, porque ello -repito-, ello nos ayudaría a acercarnos a Dios.

¡¡Pero mucho más aterradora que la Hiperinfinitud del Espacio es la del Tiempo!! La certeza absoluta de que -tampoco en él- el Universo empezó, ni terminará jamás. Porque si hubiese empezado en algún momento, podemos estar seguros de que ya, antes, existía; porque si hubiese surgido de una Nada, es obvio que esa Nada ¡¡ya ERA Universo!! Y exactamente lo mismo si pensamos hacia el futuro: igual sobrecoge saber que el Cosmos jamás dejará de existir. Que si en lugar de una Nave Espacial tuviésemos una Nave Temporal, podríamos viajareternamente hacia el pasado y hacia el futuro, en la Certeza de que nuestro viaje jamás terminará. ¡¡Porque el Cosmos es lo único que jamás empieza ni termina!! Porque subsistiría la pregunta ¿qué había antes o habrá después?, y la respuesta será siempre que “ÉL Mismo”. Intentemos imaginar ese Universo eterno, flotando al garete… en otro Universo aún mayor y más eterno. Y pensemos por un instante que Dios no pudo haber creado “Eso” (no pudo haber creado “Algo Así”) porque siempre subsistirá la pregunta necia: ¿qué había antes de que Dios lo creará todo? Porque sin duda “Algo” había. ¡¡Porque no podía no haber Nada!! Pero pensemos también que, tal como dijo Wittgenstein: Dios es nuestra única posibilidad de darle algún pequeño sentido a tanta Loquetera.

Pero no es la hora de Wittgenstein sino la de Nietzsche. Repasemos ese demoledor párrafo suyo en el que -a pesar de no haber entendido nada acerca de Dios- hace de Éste la semblanza más profunda que conozcamos; a pesar, repito de su ateísmo zonzo: Dios como la Hiperinfinitud del Tiempo, como ese Misterio que no podemos siquiera imaginar, pero que Nietzsche captó: “En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la Historia Universal: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales perecieron. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso… es el estado en que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existió; cuando de nuevo se acabe todo para él, no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca a ningún más allá”. (F. Nietzsche, Sobre Verdad y Mentira en sentido extramoral, Ed. Tecnos, pág. 15). 

EMETERIO GÓMEZ ― EL UNIVERSAL
gomezemeterio@gmail.com