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Dolientes de la Filosofía… pero muy queridos

La Filosofía puede seguir preguntando, interrogando o dudando cuanto quiera…

Un amigo muy querido arremete contra lo que él asume como un insensato empeño mío: ¡¡matar a la Filosofía!! Pero no fui yo el que parió dicha idea, de puro genio que a lo mejor soy, sin saberlo. No fui yo el que decretó esa lenta muerte que ya dura 228 años, desde que Kant fracasó al intentar conectar la Razón y la Moral. O desde que T. S. Eliot afirmó que no soportaríamos la Realidad sin losesquemitas lógicos que le superponemos para humanizarla. No fui yo sino Nietzsche el que se burló de Platón, como le dio la gana, al mostrar que la Razón carecía de basamento.

Y, por si alguna duda quedaba, Wittgenstein le dio el Tiro de Gracia a la moribunda. Acuñó en su Tractatus una idea que nadie ha rebatido; y que dejó a la Filosofía en el aire: que “Todas las proposiciones lógicas son tautológicas”, esto es, que la conclusión de un silogismo no agrega -ni puede agregar- ningún conocimiento nuevo al que ya estaba en las premisas. Si “todos los hombres son mortales” y “Sócrates es hombre”, es obvio que allí está ya contenida, íntegra, la conclusión.

Dice nuestro amigo (en un desafío caballeresco a dos ideas que vengo sosteniendo: que la Filosofía ha muerto y que deberíamos relanzar la Religiosidad; el otro “rollo” que, hoy, no tocaremos); dice él, que “La Filosofía es una interrogación permanente; la Religión, una respuesta permanente. Quien quiere conocer, cuestiona y eso es Filosofía… Quien quiere creer, cree y eso es Religión. Quien duda, busca la Filosofía. El que quiere certezas busca la fe”.

Todo lo cual es absolutamente cierto… pero relativo. Por supuesto que la filosofía fue una “interrogación permanente”… ¡¡pero intentó producir respuestas y respuestas incontrovertibles!! Platón pretendió responder a la pregunta por el Bien… y fracasó. Y lo mismo le pasó con la Justicia, la Piedad y con todas las ideas alusivas a la Moral. Aristóteles fundó la Lógica -es decir, dio una respuesta- pero estaba a 2.400 años (hasta el siglo XIX) de saber que la suya era una lógicahipotética, sin el menor chance de captar la realidad. ¡¡Porque no hay, ni puede haber, ninguna Verdad Universal!! Algo que Rubén Blades ya sabía desde antes de Platón: “Que todo depende del color del cristal con que se mire”.

Pero falta aún el fracaso esencial: Cuando se trata de captar la Naturaleza, el problema no es muy grave, porque -en ella- las premisas son más o menos sólidas. Porque allí cabe lo que el buenazo de Shakespeare creyó: la ingenua idea de que -en el plano de lo Humano- podemos escoger con claridad entre el to be y el not to be. Porque en la Natura hay realidades más o menos estables, que ciertamente son o no son. En ese plano de lo Natural, podemos “salvar” a la Filosofía diciendo que no fue que murió, sino que le cedió el paso a la Ciencia. Pero la verdadera esfera en la que se dirime el asunto es la de lo Humano, el Espíritu, la Conciencia, el Alma o como se llame. Allí la Filosofía no tiene nada que buscar. ¡¡Porque no hay premisas!!

Allí es donde “se bate el cobre”, donde después de 2.500 años de esfuerzos, la Humanidad descubre que no hay Respuesta. Allí la Filosofía puede seguir preguntando, interrogando o dudando cuanto quiera, que, con toda seguridad ¡¡solo generará dogmas!! Simplemente, porque -como titulé un artículo reciente- el Alma es Inescrutable… por definición, tautológicamente. Porque si lográsemos conocerla o escrutarla (o sea ¡¡si le liquidásemos el Inconsciente!!) nuestra comprensión de ella alteraría su Ser. Con lo cual el conocimiento de lo Humano ya no sería de lo Humano sino de una Cosa.

gomezemeterio@gmail.com

El Universal

Domingo, 11 de marzo de 2012