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Dos ejércitos, dos compromisos

Publicado en WebArticulista.net 06/09/07

Por: Trino Márquez

jueves, 6 septiembre 2007

Resulta muy interesante contrastar la actitud de los ejércitos de Turquía y Venezuela, envueltos en procesos de cambio complejos cuyos destinos finales aún están por resolverse.

Turquía es una nación que ocupa una posición geográfica estratégica pues es el extremo oriental de Europa y limita con esa región tan conflictiva que es el Medio Oriente. Incluso, parte de su territorio se encuentra en el continente asiático. Desde su liberación de las potencias coloniales (1923), bajo la conducción a Kamel Ataturk, el Estado turco, a pesar de que en el país existe una inmensa mayoría de creyentes islámicos, se define como una institución laica, al servicio de la nación en su conjunto. Ataturk puso especial celo en realzar y mantener este rasgo. Su gran legado fue crear la República seglar, por eso se le considera el Padre de la Turquía Moderna. El Ejército, que tiene al prócer independentista como su máximo héroe, se ha encargado de velar porque se mantenga el carácter secular de la República, no obstante las fuertes presiones a lo largo de décadas de los radicales islámicos para convertir el Estado en una teocracia regida por la sharia o ley musulmana, tal como en Irán.

Recientemente el economista y ex Canciller Abdulá Gul, dirigente del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), inspirado en el islamismo, obtuvo la Presidencia de la República, luego de arduas discusiones y negociaciones en el Parlamento. El ascenso de Gul al poder se complementa con la presencia del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, líder también del AKP. La asunción de Gul a la primera magistratura ha apuesto en alerta al Ejército, que teme que con él y Tayyip al frente del Estado y el Gobierno, respectivamente, se inicien un conjunto de cambios que islamicen el Estado y el Gobierno turco, y se dé al traste con la herencia civil dejada por Ataturk. La islamización del Estado, por otra parte, conspiraría contra la posibilidad de que la nación turca, que ha vivido una acelerada y espectacular modernización en apenas unas cuantas décadas, se incorporase como un miembro con plenos derechos a la Unión Europea. A las resistencias tradicionales de países como Francia, se sumarían las de otras naciones que se oponen a la existencia de Estados teocráticos en la UE. El Ejército le ha advertido a Gul que no permitirá que el Estado se islamice. La advertencia de los militares cuenta con el respaldo de los hechos: durante los últimos 50 años han derrocado 4 gobiernos que consideraron “peligrosos” para la República.

El recelo del Ejército frente a los islamistas en tan grande, que se negaron a invitar a la ceremonia del Día de la Victoria a la esposa de Abdulá Gul, pues la señora exhibe el velo musulmán, prenda que no es vista con agrado por los militares. En resumidas cuentas, el Ejército turco es el gran cancerbero de la naturaleza laica del Estado, que se ha puesto en riesgo por los resultados de consultas electorales en las que han triunfado los grupos de orientación islámica.

Lamentablemente en Venezuela, desde que Hugo Chávez asume la Presidencia, comienza a ocurrir un cambio radicalmente opuesto al que se da en Turquía. El teniente coronel adelanta la destrucción del Estado secular y la construcción de un Estado ideocrático (dominado por la ideología socialista, convertida en religión oficial) frente a la actitud complaciente y cómplice de un Ejército que se ha plegado de forma incondicional a las apetencias de un caudillo que pretende acabar con la República democrática y eternizarse en el poder.

El argumento según el cual el pueblo lo quiere así pues por eso ha votado por él y su modelo, no es válido. En la consulta de diciembre de 2006 todo el aparato del Gobierno y del Estado se alineo de manera abusiva con la reelección de Hugo Chávez. La oposición y el país democrático fueron a esa cita en condiciones totalmente desventajosas: con un CNE parcializado, con un REP viciado, con una FAN al servicio del mandatario en trance de ser reelecto, con todos los recursos financieros del Gobierno al servicio de la candidatura de Chávez, con el uso desmesurado de los medios de comunicación públicos y privados, y una larga lista adicional de arbitrariedades. Luego de esa victoria distorsionada por el ventajismo obsceno de los recursos públicos y de los organismos oficiales, ahora pretende imponerle al país una ideología ajena a la tradición nacional y contrapuesta a las que inspiran a las naciones que han logrado los mayores niveles de bienestar y libertad para sus pueblos.

El comandante Hugo Chávez, siguiendo el camino trazado por los dirigentes políticos de inspiración marxista, está destruyendo el Estado laico y la República democrática que comienza a gestarse en Venezuela después de la muerte de Juan Vicente Gómez. Uno de los instrumentos fundamentales para llevar a cabo esta labor de demolición es la nueva Constitución que trata de imponer (los otros son PDVSA y la FAN). En el proyecto presentado a la Asamblea Nacional se decreta la construcción del Estado y la Sociedad socialista. El socialismo no es concebido sólo ni fundamentalmente como u sistema de relaciones económicas, sino como un complejo entramado de relaciones sociales que van desde los valores y costumbres hasta la microeconomía. En los artículos reformados y en aquellos que habrá que modificar para adecuarlos a los nuevos textos, se exaltan los principios socialistas.

El funcionario deja de ser un servidor público en el sentido que esta expresión ha tenido tradicionalmente, y pasa a convertirse en un agente o pieza del Estado socialista. Por su parte, el Estado y el Gobierno dejan de ser instituciones y organismos destinados a facilitar y mejorar la vida social para convertirse en dispositivos concebidos para acabar con la democracia y la libertad.
Todo esto ocurre frente a la desnaturalización de un Ejército que se formó para fortalecer la República, garantizar la democracia y defender la libertad.

tmarquez@cantv.net

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