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¿Dos mitades o dos mundos? Isabel Pereira Pizani

Más que diferencias políticas lo que crea el abismo son los sentidos de vida de cada uno.

El panorama político lan-za señales contradictorias. Para la oposición, después del crecimiento de las últimas elecciones, pareciera agotarse el tema del fraude como motor de la opinión; señales y contraseñales que hacen un tanto escabroso seguir en el buen camino. Ya lo decía Miguel Ángel Santos: “aún el hacer bien las cosas, evitando caer en los errores de otros, podría no ser suficiente.

Si ya nosotros estamos ahí o no, es algo que solo vamos a saber si seguimos dando la pelea”. En medio de esta terrible presión que vive la oposición para continuar dando la pelea se ha generado un interesante debate sobre la identificación de nuestro contexto político. La oposición representa la mitad de los votantes y más; es decir, una nueva mayoría, si descontamos el ventajismo del Gobierno. Sin embargo, muchos afirman que somos dos mitades polarizadas que no dialogan. Aquí surgen nuevas interpretaciones que, más allá del tamaño, sería muy útil analizar, ¿somos en realidad dos mitades?

1. Para muchos somos dos mitades, pero distintas. Una con poder, dinero, armas y el control de las instituciones; otra cuya única posesión es la aspiración democrática creciente en la conciencia ciudadana. Esta diferencia funda un reclamo a la oposición: si eres parte de un todo, defínete, lanza un debate lo suficientemente poderoso como para contrarrestar a tu contraparte; enamora. Por supuesto que esta petición omite que la diferencia no se deriva del patrimonio de cada uno, sino de los proyectos que tácitamente conllevan: comunismo o democracia. Esta posición trae muchas confusiones porque si son dos partes de un todo algo tendrán en común, ¡Lógico!, como diría cualquiera. Por tanto, ante el fracaso y la ausencia de soluciones que vivimos, puede plantearse la liquidación de ambos, culpabilizando, por igual, aunque uno sea el gobierno poderoso -Goliat- y otro un montón de ciudadanos que tratan de ser oídos y seguidos. Es la típica postura, basta ya de socialismo u oposición, ninguna sirve. Visión que omite que en ambas quienes están son ciudadanos.

2. Sin embargo, hay más, y creo que lo más acertado. El padre Alejandro Moreno habla de dos mundos de vida, los cuales podríamos extender al terreno político: “en Venezuela coexisten en el mismo espacio geográfico, antropológico, económico, social y político dos mundos de vida, (… ) externos el uno al otro, cuya otredad está definida por una distinta práctica primera de la vida, que hasta ahora nunca se han encontrado en comunicación comprensiva y productiva”.

3. Se trata, en sus palabras, del mundo de vida popular, frente a otro, el moderno, centrado en sus razones, donde lo distinto es visto como desviación, pérdida o retardo en comprender el buen camino. El padre Moreno designa al mundo de vida popular como relacional, abierto a la interacción y al encuentro. Entre estos dos mundos no hay identidades, ni objetivos compartidos, solo se vislumbra que somos venezolanos, lo cual no pasa de ondear la misma bandera. Son dos mundos que coexisten apartados, por eso es tan difícil entender, sobre todo desde la visión moderna, cómo subsisten y se apoyan prácticas, iniciativas y políticas que niegan la libertad al ser humano y a su sociedad, acciones cuyo antihumanismo ha sido claramente demostrado por la historia. Baste nombrar Camboya, la Unión Soviética y Cuba.

La cuestión es la siguiente: si son ciertos los dos mundos, ¿cómo acercarnos, cohesionarnos para tener vida y de verdad tener patria? ¿Cómo encontrar un sentido a la cohabitación en un mismo territorio? Sabemos que el sector popular anhela los bienes y el bienestar del mundo moderno, pero haber carecido de estos no es un estigma de origen, es la constatación de un gran esfuerzo que debe asumir toda la sociedad. El mundo moderno tiene que abrirse a buscar significaciones. Lo popular no puede ser traducido como comunismo, colectivismo, liquidación de lo individual, inacción. Y del otro lado, liberal, moderno, no es conservar lo que se tiene, explotar a los trabajadores o preservar bienes y privilegios, sino lo contrario: crear riquezas para que otros no sean excluidos de forma irreversible; ganar sin perder identidad. En el mero fondo más que diferencias políticas lo que crea el abismo son los sentidos de vida de cada uno, pero a todos nos gusta la música.

El padre Moreno dice que es cuestión de aprendizaje y no de imposición. ¿Qué hay de bueno en cada uno de estos mundos? A buscar y a dialogar.

ISABEL PEREIRA PIZANI ― EL UNIVERSAL
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