Entre el 29 de mayo y el 4 de junio se cumple otro año más del desembarco en Normandía, uno de los hechos bélicos más recordados de la Segunda Guerra Mundial por todo lo que significó. Ha habido varias recreaciones en el cine de esta operación militar de 1940.

En esta nota queremos recordar la película dirigida por Christopher Nolan, Dunkerque, estrenada en el año 2017. En el mismo año de su estreno Cedice Libertad organizó un cine foro con Sergio Monsalve en la extinta Librería Lugar Común de Altamira y el Círculo de Críticos Cinematográficos de Caracas la eligió como la mejor película estrenada en el año 2017 y a Nolan como mejor director de las películas que se exhibieron en la cartelera nacional.

Para variar un poco los temas que recientemente se discuten con ocasión al COVID-19 y sus consecuencias en el mundo y en el país, queremos dedicarle unas líneas a Dunkerque de parte de algunos de los que participaron en distintas actividades que se realizaron en Caracas ese año 2017.

Dunkenque, un esfuerzo de la sociedad civil

Andrea Rondón García, Miembro del Comité Académico de Cedice Libertad

La película se maneja a través de varias historias, a saber, el escape por tierra: los intentos de un soldado inglés por escapar junto con un soldado francés, historia que muestra otros elementos de la pugna entre las fuerzas aliadas para el rescate de sus tropas; el rescate por mar: un militar retirado, junto con su hijo y su ayudante, decide apoyar la operación de rescate de varios combatientes atrapados en Dunkerque con su pequeño bote; la defensa por aire: dos pilotos expertos se enfrentan a aviones enemigos para proteger a las embarcaciones que se dirigen hacia las costas para salvar a las tropas aliadas.

Será justamente la segunda historia lo que llamó mi atención y que quise destacar en un cine foro que pudimos organizar desde Cedice Libertad en la extinta Librería Lugar Común de Altamira. Ciertamente en todo conflicto bélico entran en juego distintos factores, pero en esta historia lo que más destaca es el trabajo voluntario y cooperativo ante circunstancias extremas a partir de decisiones individuales.

Aunque en la película existen pocos diálogos, la segunda historia, el rescate por mar a través de distintos tipos de embarcaciones, pone el acento en un factor que es opacado por la guerra misma; los acuerdos entre los Gobiernos; etc. En esta historia destaca el valor de la sociedad civil, y en este caso específico, para apoyar a las tropas aliadas y lograr rescatar a los soldados ingleses y franceses. Independientemente de que en la realidad pequeñas embarcaciones tuvieran un impacto menor, numéricamente hablando, a la Marina en el proceso de evacuación, definitivamente el rol de los civiles durante las guerras no son un tema menor y Dunkerque lo recuerda.

Nuestro “Dunkerque” ya está activado 

Sergio Monsalve, crítico de cine

Los títulos de Nolan resuenan en la mente del espectador. El realizador británico suele emplear una palabra para definir el concepto de su guion. “Inception”, “Interestellar”, “Following”, “Memento”, “Insomnia” y ahora “Tenet”, un anagrama, un acertijo, un código misterioso.

La academia ha sido injusta con el autor de “The Prestige”.

“El Caballero Oscuro” mereció más que la estatuilla póstuma a Heath Ledger, por cambiar la historia del género de súper héroes.

“Dunkerque”, su obra maestra de la guerra, es otro de sus filmes incomprensiblemente ignorados en la gala del Oscar.

Es una maldición que, a la distancia social, lo empareja con la suerte de Kubrick en la temporada de premios. Ambos son directores acusados de cerebrales y fríos, en una percepción superficial.

Pero nada más caluroso y humano que el final de “Dunkerque”, que la felicidad que desprende la misión que rescató a unos soldados de una muerte segura bajo el asedio nazi.

Nolan es, por tanto, un artista de las masas, que no un vulgar populista, que comunica mensajes cifrados al mundo. De ahí su enorme capacidad de traducir la globalización e incluso el sentimiento de resiliencia de los venezolanos, quienes vimos en “Dunkerque” un espejo de lo que podemos hacer cuando enfrentamos al enemigo común del fascismo militar.

Nuestro “Dunkerque” ya está activado, aunque no se crea, mediante las remesas, los planes de fuga de los individuos, los intercambios independientes entre los que se fueron y los que se quedaron. Juntos buscamos la libertad. El concepto preciado en el Nolan de la película antibélica que hoy destacamos.

El heroismo en 3 tiempos

Luis Bond – Director y Crítico de cine

Sin lugar a dudas, uno de los argumentos con mayor tradición en la historia del séptimo arte es el bélico. Grandes directores como Francis Ford Coppola, Stanley Kubrick, Ridley Scott, John Ford, Steven Spielberg, Clint Eastwood, entre otros, han creado historias espectaculares que trascendieron al Olimpo de lo mejor del cine utilizando como escenario el campo de batalla. Más allá de mostrar la crueldad del combate o explorar la complejidad política de los contextos, la guerra en el cine ha funcionado para abordar dilemas éticos y metafísicos relacionados con temas universales como la amistad, el amor y la lealtad. En el aspecto técnico, hacer cine bélico siempre ha sido un gran reto por su puesta en escena (efectos especiales in situ, cientos de extras, utilería, maquillaje, etc), haciendo que su ejecución esté destinada pocos directores. Por supuesto, la incursión de un genio como Christopher Nolan al campo de batalla nos traería como resultado una obra épica como Dunkirk.

A simple vista, pareciera que fuese una película completamente atípica a su filmografía (cuyo “canon” bebe del neo-noir, adaptaciones y ciencia ficción). A pesar de esto, resulta ser uno de los largometrajes más “Nolan” de toda su carrera, transformándose en un gran exponente de su impronta. Alejado de los mundos imaginarios de Interstellar, Inception y Batman, el director regresa a sus orígenes en los que utilizaba un artificio narrativo diacrónico para convertir una historia sencilla en un complejo rompecabezas que engancha al público, ejecutando un trabajo de filigrana, donde no sobra ningún plano ni un minuto de película. Posiblemente, el único punto en el que Dunkirk difiere de la filmografía de Nolan es en el tratamiento de sus personajes. Desde Following hasta Interstellar, el foco del británico siempre ha estado en sus protagonistas: explorar su dimensión psicológica y su arco de transformación durante toda la historia. En Dunkirk, los personajes se convierten en meras fichas que responden al engranaje del artificio narrativo, a través de una puesta en escena extra depurada y perfeccionista, haciendo que el espectador llegue a saber muy poco —o nada— de ellos. De alguna forma, Dunkirk logra emular ese feeling que tiene el documental que transcurre en In Media Res, donde el público asiste a ver la lucha de varios personajes por unos objetivos bastantes claros, pero sin conocer sus motivaciones internas, quedándose únicamente con las acciones en el campo visual. Algo que pudiese ser tildado como superficial, es de las decisiones más inteligentes del film. Sin lugar a dudas, una vuelta de tuerca interesante en la carrera de Nolan. Todo un reto en términos de puesta en escena y caracterización que fue llevado a buen puerto por todos los actores.

Indiscutiblemente, Dunkirk forma parte de lo mejor de Christopher Nolan. Es una película minimalista en los conflictos que plantea, inteligente en cada plano y narrada con la precisión de un reloj suizo (que, dicho sea de paso, se puede escuchar en el fondo de la mezcla de sonido, acelerándose mientras avanza el relato). Por momento, recuerda a los orígenes del realizador: historias que, sin efectos especiales ni aspavientos metafísicos, te mantenían en vilo desde que comenzaban, sosteniéndose únicamente por su guión y puesta en escena. A pesar de ser un multiplot diacrónico, Dunkirk tiene una duración perfecta (alejándose de los  ladrillos de más de 2 horas y media como Interestellar y Dark Knight Rises), acercándose a ese cine compacto y perfecto en tensión que desarrolló Nolan con maestría en Memento, Following e Insomnia (su trilogía neo-noir). El británico logró aquello que Roland Barthes llamaba el “grado cero de escritura” con Dunkirk, no en vano es considerada a pocos días de su estreno como un clásico contemporáneo del cine bélico. Sin necesidad de diálogos rimbombantes y apoyándose únicamente en la poesía visual, Dunkirk cuenta la historia de una retirada como si fuese una gran victoria épica, recordándole al espectador que sin importar que tan lúgubre sea el panorama o que tan cruel sea el conflicto, siempre hay una posibilidad de pelear, hacer lo correcto y no perderse en la noche oscura del alma. Una película que reivindica la lucha de los héroes anónimos, la solidaridad y realza la importancia de no rendirse en los momentos más adversos, donde todo parece estar perdido. Un mensaje harto necesario para los tiempos que vivimos.

Recomendamos seguir las redes de CEDICE Libertad; del Círculo de Críticos Cinematográficos de Caracas y de los profesores Monsalve y Bond para conocer la filmografía que ayuda en la difusión de la cultura de la libertad.

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Fuente: www.cedice.org.ve

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