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Econoinvest: La ficción del Derecho. Emeterio Gómez

Chávez puede hacer -y va a seguir haciendo, mientras detente el Poder- lo que le dé la gana

Oyendo a una brillante abogada exponer las arbitrariedades del Gobierno contra Econoinvest, Herman Sifontes, Miguel Osío, Juan Carlos Carvallo y Ernesto Rangel -y tratando de apartar de mi mente la idea tonta de que ojalá, si llegan a detenerme, me toque una litigante tan inteligente como ella- no podía yo dejar de pensar en la “Naturaleza” del Derecho, en las ilusiones que la Humanidad puso en él; en cómo, hasta hace unos 200 años, se mantuvo la tranquilizante ficción que nos llevó a creer que el Derecho era un Proceso Natural, y -en sus cimientos más profundos- una Estructura Lógica, conectada (¡además!) con posiciones éticas sólidas; es decir, que se mantenía la Ilusión Griega, la creencia infantil, según la cual la Verdad, el Bien y la Justicia (y a ratos, también la Belleza) eran indisociables; que los tres iban necesariamente juntos. Pero, sobre todo, repito, se mantenía esa ficción según la cual lo Jurídico tenía un carácter Natural, esto es, que se nos imponía de manera inevitable, igual que se nos impone la Lógica. O sea, que dicha Dimensión Jurídica -en la jerga griega- pertenecía a la Esfera de la Episteme, de la Ciencia y no a la de la Doxa, no a la de la Opinión.

Todo lo cual, insisto, es parte de ese magno error que llevó a la Humanidad a creer que el Hombre era un Ente Natural o lo que es lo mismo, que nuestros tres componentes básicos, la Naturaleza, la Lógica y el Espíritu, formaban una unidad indisoluble. Eran los tiempos -más o menos hasta el zonzo de Hegel- en los que creíamos que la Filosofía podía ser monista; ¡¡es decir, que podía Ser!! Que podía existir como una Unidad; que todo dualismo quedaba excluido; que, en consecuencia, contábamos con UN concepto (unificado) de Lo Humano; y, en última instancia -como cimiento de todo- que nuestro Espíritu era perfectamente cognoscible; que no era esa atroz Caja de Pandora, absolutamente infinita e indefinida, o sea, inescrutable e incognoscible, que puede albergar cualquier cosa, desde el Bien y la Piedad mas sublimes, hasta la Injusticia y la Maldad mas horripilantes; desde la más hermosa Noción de Dios, hasta la bestialidad mas profunda.

Toda esa Ficción acerca del Derecho Natural (ficción que privó también para la Economía y la Ética -concebidas hasta el siglo XVIII como naturales- y que le impidió a Adam Smith entender que los precios eran categorías estrictamente Sociales); toda esa Ficción, decíamos, fue barrida por los Totalitarismos del siglo XX: el Nazifascismo de Hitler y Mussolini y el Comunismo de Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro… ¡¡y Chávez!! Carl Schmitt, aberrante jurista y Filósofo del Derecho, al servicio de Hitler, se encargó de exacerbar lo que ya el Derecho Positivo había evidenciado: que Lo Jurídico no es un fenómeno Natural, sino estrictamente Humano. Que son la Fuerza y la Arbitrariedad, la terrorífica y nietzscheana Voluntad de Poder -y no, de ninguna manera, ni la Razón ni la Moral- lo que conforma al Derecho. Es decir, que Chávez puede hacer -y va a seguir haciendo, mientras detente el Poder- exactamente lo que le dé la gana. Que mientras una Sociedad no desarrolle una poderosa Dimensión Moral que condicione a su Dimensión Jurídica; y, más aún, el referente último, mientras no desarrolle una Dimensión Espiritual que condicione a su Dimensión Moral, que mientras nada de esto ocurra, el Derecho ¡¡y el Estado de Derecho!! no pasarán de ser ficciones hermosas. “O sea”: que el Comunismo viene con todos los hierros, y que Dios nos agarre confesaos, a la gente de Econoinvest y a todos nosotros.