Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Economía de calle. Domingo Fontiveros

Está presente en el suministro de materias primas, insumos, repuestos, medicinas, alimentos…

La más reciente improvisación del oficialismo es el llamado “gobierno de calle” que no se sabe realmente en qué consiste, ni para qué le sirve a la gente, o por qué sería superior a un gobierno menos informal. Lo que está claro es que se utiliza como material de propaganda y que nada ha logrado para revertir la crisis económica que recorre al país.

Mientras las autoridades montan su escenario mediático, que ni es gobierno ni es de calle, en diversos puntos de la geografía, la realidad verdadera viaja mucho más rápido en lo que puede llamarse con menos impropiedad la “economía de calle”. Es decir, el espacio concreto donde se realizan millones de transacciones todos los días por parte de personas y empresas, donde se compran, venden o despachan los bienes y servicios requeridos, sean importados o nacionales.

Es en ese espacio, en la economía de calle, donde el gobierno encara uno de sus principales dolores de cabeza. Es allí donde desembocan y aterrizan el conjunto de políticas y decisiones del gobierno que involucran al consumo, empleo, producción, inversiones, inventarios, etc. Y es allí donde el mayor cúmulo de transacciones se realizan a un precio, a un salario, a un tipo de cambio, a una tasa de interés, y a un porcentaje de impuesto. Y, por supuesto, también es allí donde tiene lugar el fenómeno de la escasez.

La escasez es característica de los socialismos reales. Desde Cuba hasta Norcorea, desde la antigua URSS hasta la China del maoísmo, por mencionar los casos más patéticos. En los capitalismos la tendencia, por el contrario, es generar abundancia y cuando se llega al exceso de sobreproducción, ello provoca acciones correctivas en la política económica. En los socialismos, por su parte, la escasez se convierte en un problema endémico.

La escasez, hay que subrayarlo, es un problema severo. Porque genera alza de precios, especulación y fraude, todo lo cual deforma el proceso económico y degrada la asignación de recursos, redistribuye ingresos en contra de los débiles y castiga la inversión productiva, tanto en los socialismos como en sistemas de economía todavía mixta que están siendo forzados hacia la socialización completa, como ocurre en Venezuela.

Si algo revela con crudeza las realidades de la escasez entre nosotros es esa economía de calle. Mucho más allá del pintoresco caso del papel higiénico (y muchos otros artículos de papel), está presente hoy en el suministro de materias primas, insumos, repuestos, medicinas, alimentos y muchos otros. Hasta no hace mucho, las deficiencias de la acorralada producción nacional eran compensadas con ingentes importaciones, que ahora ya son posibles de realizar en cuantía e ítems requeridos precisamente por otra escasez: las de divisas. Esta última provocada por el despilfarro y el fraude.

Las críticas al gobierno no están de sobra, aunque a veces sean como llover sobre mojado. Son demoledoras, correctas y de larga data. El pueblo las conoce y sufre. Que no se hayan traducido en cambios de políticas es responsabilidad principal de las autoridades. Pero involucra también, en menor proporción, a los dirigentes opositores que con los avances logrados deben galvanizar el descontento por los problemas que azotan a la población y los descarados engaños propagandísticos del régimen.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net