Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
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Economía Política y Política Económica. Jesús A. González

Economía Política y Política Económica: ¡obligante complementariedad!

Asumimos que las posibilidades de desarrollo económico-social se magnifican ante la presencia de una eficiente gobernabilidad; entendida como las relaciones entre el Estado y la sociedad civil donde cada ente político, económico y social desempeña su rol en un marco de convivencia en aras de elevar los beneficios a la mayor cantidad de población posible, a la luz de tres posibles modelos—o combinación de ellos–, uno que otorga privilegio al mercado y al empresario en torno a la propiedad privada de los medios de producción; otro que confiere mayor relevancia al Estado y a la propiedad pública de los factores de la producción; y un tercer modelo donde el Estado procura la equidad social armonizando el accionar público y privado con el desempeño del mercado y con distintas formas de propiedad colectiva en presencia de un Gobierno socialista sin que ello implique necesariamente la transición hacia un Estado socialista.

Asumir aisladamente alguno o vinculado con otro, es ya de por sí una altísima dificultad política-ideológica de insospechados efectos sobre la economía, que hace necesaria una obligante complementariedad entre la economía política y la política económica del país. A tenor de lo expresado ha de abordarse la economía política como una táctica traducida en teoría (método o sistema) para enseñar a poner las cosas en orden en función de organizar la producción colectiva, y para lo cual estudia y analiza las relaciones que los individuos establecen entre sí, y el comportamiento de cada uno de los factores que afectan a la economía, teniendo como objetivo estudiar el desenvolvimiento de los individuos en colectivo y frente al Estado; o lo que es lo mismo estudia el comportamiento de los ciudadanos, de la sociedad y de los factores que afectan la economía ¡sin aplicar nada!.

La política económica, por su parte, y observada como una estrategia que vincula variados elementos y establece lineamientos en procura de alcanzar un crecimiento económico con desarrollo sustentable implícito mediante la modificación de comportamientos económicos, basándose en las enseñanzas que emanan de la economía política, y para lo cual debe emplearse—para el caso específico de Venezuela—herramientas relacionadas con política fiscal, cambiaria, monetaria y petrolera (principalmente) habida cuenta de su efecto sobre los precios internos (inflación).

Estas herramientas han de estructurarse como un conjunto de medidas que adopta el Gobierno con el propósito de establecer un marco de referencia para moldear e impulsar el crecimiento de la actividad económica, poniendo en práctica lo descubierto por la economía política, lo cual facilita la modificación y focalización del comportamiento del individuo y de la sociedad para buscar resultados determinados.

Resulta propicio destacar, que hasta el año 1940 en Venezuela los billetes tenían un respaldo en oro de un 100 %, que luego varió a un respaldo del 50% hasta 1960 para posteriormente en 1974 eliminar el respaldo en oro y asumir una paridad con el dólar USA, que facilitó la conformación de un escenario de creciente endeudamiento, continuas devaluaciones y un persistente déficit fiscal ante una intensa presencia del Gobierno en el área económica en su intento de controlar y corregir las fallas del mercado y apuntalar su acción en lo social que, a nuestro parecer, se apoyó en una pobre política para los pobres que los perpetuaba en tal condición y con pocas oportunidades de empleo decente y por ende de movilidad social—tal como en el presente—ante los deficientes logros económicos del país que a la postre se ha reflejado en una caída de las reservas internacionales, una inflación galopante, una sobrevaluación en el tipo de cambio, un permanente ataque especulativo sobre el bolívar, y la presencia por más de 10 años de un control de cambio que no ha impedido la “fuga de divisas” inducida, por un lado, ante la percepción sobre la debilidad de nuestra moneda que incita a mirar al dólar USA como una real alternativa para la “reserva de valor”—que el bolívar no garantiza—y por otro lado, ante la ausencia de oportunidades de inversión habida cuenta de la presencia de una oferta interna signada por las importaciones.

En fin, la histórica política macroeconómica incoherente instrumentada en Venezuela,  no deja espacio para dudar sobre la necesaria armonía que debe existir entre la economía política y la política económica como condición de progreso y bienestar.

ECONOMISTA JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ