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Economía venezolana: ¿y ahora qué? Alicia Sepúlveda

Corresponde tomar medidas que hagan que la economía funcione sobre la base de la productividad…

En los últimos tiempos es frecuente escuchar que los problemas económicos se encuentran supeditados al quehacer político. En el gobierno toda decisión económica pasa por hacer el análisis de su costo político. Esta es la lógica que predomina porque el régimen lo que busca es imponer su modelo socialista a toda costa.

Pues bien, pasadas las elecciones, y dada la cantidad de distorsiones que acumula la economía, llegó el momento de tomar medidas coherentes que permitan el despegue económico de una vez por todas. El gobierno debería dejar de lado ese mecanismo de controles excesivos que se transforman en una carga para la producción empresarial. Las regulaciones asfixiantes deberían ser sustituidas por medidas que fomenten la inversión, sobre la base del respeto a la propiedad privada, que constituye el nervio que permite hacer crecer la riqueza nacional y la bujía que propicia que cada quien pueda mejorar su calidad de vida.

En la actualidad son muchos los problemas en el área económica. Primero, una tasa de inflación que en marzo se ubicó en 2,8% (casi dos veces la de febrero), arrojando una variación acumulada en el primer trimestre de 2013 de 7,9%; este comportamiento de los precios es alimentado por un veloz crecimiento en la liquidez monetaria y la restricción del acceso a las divisas por parte del sector empresarial. Esta limitación se agudizó desde octubre de 2012. El intento de corregir esta deficiencia mediante la subasta y el Sicad, ha resultado ser un mecanismo, por decir lo menos, opaco, y una fórmula subrepticia de devaluar la moneda. La solución a la inflación (considerada por muchos economistas un problema monetario) pasa porque el BCV ejerza un estricto control autónomo de la cantidad de dine- ro que circula en la economía, y porque las formas de acceso a las divisas sean despenalizados y transparentes, amén de la creación de incentivos para producir.

El segundo problema se halla en el plano laboral, donde las políticas públicas han promovido la precarización del empleo. Si bien el INE muestra una reducción de la informalidad, esta ha sido absorbida por el sector público; en el largo plazo el empleo improductivo se convierte en una carga que presiona el círculo vicioso de gasto público, inflación, devaluación, aumento del salario, más gasto público. En ese sentido, la solución debería encaminarse hacia la creación de fuentes de trabajo que agreguen valor a la producción, pues es bien sabido que el empleo público destinado principalmente al servicio aporta al consumo, pero contribuye poco o nada a la creación de bienes para satisfacer necesidades materiales.

Podría mencionar como tercer problema la precariedad de la infraestructura de servicios públicos (electricidad, puertos, aeropuertos), déficit que debe ser abordado desde el plano de la inversión tanto pública como privada, para lo cual se requiere del diálogo y los acuerdos entre el gobierno y el sector privado. Las respuestas ligadas a la militarización y el recurso de supuestos saboteos en nada contribuyen a revertir el deterioro, que ha sido resultado de la falta de inversión.

Hay quienes dicen que el problema económico de Venezuela no es tal, puesto que consideran que existen recursos financieros suficientes para tomar medidas cambiarias, fiscales y monetarias que reviertan los problemas económicos mencionados. Esas mismas personas consideran que lo que hace falta es una eficiente administración económico-financiera por parte de las autoridades, que se concentre en sanear las finanzas públicas y generar confianza en la gestión de gobierno. Estos procesos de transformación eliminarían las distorsiones existentes en la economía y modificarían rápidamente los precios relativos.

Siempre he creído que la economía -entendida como un gran conjunto de intercambios libres y voluntarios, en el cual existe un orden espontáneo que permite que cada quien, en la búsqueda de sus propios fines beneficie al otro-, no se acaba, ni se destruye, ni toca fondo; ese conjunto solo se hace más o menos transparente, solo tiene más o menos mercados negros, y solo concentra en muchos o en pocos el bienestar, su rendimiento depende de la calidad de las políticas públicas.

En el complejo escenario económico actual corresponde tomar medidas que hagan que la economía funcione sobre la base de la productividad y el respeto a la economía de mercado. ¿Será que le cuesta mucho entender eso a las autoridades del régimen? 

ALICIA SEPÚLVEDA ― EL UNIVERSAL
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