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Editorial Grito Sagrado: “El Teniente de San Porfirio” de Joel Hirst

“El realismo mágico que transmite esta novela, acerca tanto a la realidad de la Venezuela Socialista que cuesta no ponerle nombres a los protagonistas. Quienes buscan comprender la realidad de ese país o simplemente quieren disfrutar de la lectura de una atrapante historia deben leer El Teniente de San Porfirio.”  Dr. Alejandro Toledo – Presidente del Perú 2001-2006

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Recientemente lanzado por la casa editorial Grito Sagrado en Buenos Aires, Argentina la primera novela de Joel D. Hirst cuenta con una riqueza de lectura y profundas reflexiones históricas y percepciones sobre los retos de la vida actual para los ciudadanos que viven en la Venezuela Socialista.  El vehículo de la novela tiene una larga historia en

América Latina como forma de transmitir críticas políticas y observaciones puntuales frente a los experimentos interminables del autoritarismo en la región.  El Teniente de San Porfirio sigue esa noble tradición, usando realismo mágico, múltiples puntos de vista y relaciones de poder para mostrar las crudas realidades de las nuevas autocracias de la izquierda en el continente. 

Revisión Del Libro “El Teniente de San Porfirio”

Por Jon B. Perdue
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Facundo: Civilización y Barbarie, libro escrito en 1845 por el escritor y político argentino Domingo Faustino Sarmiento, es considerada la “novela” prístina del “dictador”. El objetivo de Sarmiento en la novela fue exponer a Facundo Quiroga, quien había saqueado San Juan, su ciudad natal, siendo él un adolescente. Desde entonces la novela del dictador se ha convertido en un estándar de la literatura latinoamericana, escrita como una protesta social contra la recurrencia aparentemente perenne del caudillo, una expresión coloquial en español para el autócrata, ejemplo de hombre fuerte que ha descalabrado la cambiante región desde principios de su independencia. Aunque estas novelas siempre fueron escritas por latinoamericanos cuyas cosmovisiones fueron desarrolladas bajo la mirada ineludible de sus protagonistas, rompe el molde de la deriva normal del género una nueva novela de Joel D. Hirst, escritor norteamericano.
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El Teniente de San Porfirioes una historia enclavada en la hoy moderna Venezuela, zona fundante de la última recurrencia de caudillos latinoamericanos. Alli Hugo Chávez ha liderado el antiamericanismo internacionalizado de las autocracias modernas, e incidentalmente, es donde Hirst pasó sus años de escuela secundaria, así como también otros cuatro años como empleado de la Embajada Americana durante los choques más turbulentos entre la autocracia de Chávez y una oposición, si bien organizada, evidentemente abrumada. Esta experiencia le dio a Hirst una perspectiva única a partir de la cual escribió su alegoría destinada inicialmente a lectores de Estados Unidos, quienes por largos años habían perdido el matiz de anteriores novelas que versan sobre dictadores, matiz invariablemente perdido en las traducciones al inglés desde su español original.

A partir de su regreso a los EEUU en 2010, Hirst ya se había hecho un nombre como analista y político erudito sobre Latinoamérica en el Consejo de Relaciones Exteriores y el Instituto del Presidente George W. Bush, y como columnista para el Huffington Post y para El Universal en Venezuela, entre otros periódicos regionales e internacionales. Esto no presagiaba nada respecto a una incursión en novelas de ficción. Los escritores sobre temas políticos es difícil que hagan transiciones facilistas al dedicarse a esta narrativa. Sin embargo, el primer intento de Hirst como novelista muestra una versatilidad sorprendente, así como también una habilidad descriptiva que abarca el uso de la sutileza antes que la fuerza ruda al retratar al dictador y a la ruina lenta de sus personajes. Las punzadas directas cuando describe a esa clase oprimida, con exactitud devastadora, aparecen cuando escribe: “Junto a la estructura, cinco o seis niños desaseados y desnudos jugaban con un perro famélico, cuyas costillas atravesaban su piel delgada como el papel como una súplica silenciosa que clama por una decencia humana básica”.

Hirst también le rinde tributo en su estilo al Laureado premio Nobel Mario Vargas Llosa en su libro El La Fiesta del Chivo describe en forma lúcida los detalles monstruosos de la dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana. Desde la más temprana mitología griega y a todo lo largo de las Sagradas Escrituras hebrea y cristiana, la cabra por mucho tiempo ha simbolizado a las almas en pena y a los subyugados, pero en la literatura Americana y latina, frecuentemente se la ha usado como una representación del opresor. Dondequiera que resulte riesgoso para la vida de las personas la burla abierta a la reinante figura de la autoridad a cargo del poder, la creativa voz de los escritores latinoamericanos a menudo ha sido moldeada para filtrarse a través de las grietas de esas dictaduras por medio de una deliciosa ironía, lo suficientemente sutil como para librarse de los censores del régimen y lo suficientemente afilada como para percutir su marca en los lectores.

La cabra simbólica aparece a todo lo largo de “El Teniente de San Porfirio”,primero al ser pisoteada por una columna blindada del “ejército revolucionario” del dictador, a medida que éste interrumpe las vidas de indiferentes campesinos cuya causa él afirma defender. La cabra servirá a su amo, comerá lo que sea se le de y continuará su camino sin protestar, porque así es como lo debería hacer.

La cabra aparece más tarde en el relato dentro de una alusión histórica a Fidel Castro, en una conversación alegórica entre Fidel y una cabra que habla, llamada Esteban, clara referencia al nombre de la oposición venezolana a Chávez. La anécdota también hace referencia a una pintura mural revolucionaria realizada por ingenuos extranjeros que en verdad han viajado a Cuba para participar en las Brigadas Venceremos, cortando caña de azúcar para mostrar solidaridad con la dictadura castrista.

La historia está enmarcada por una proclama realizada por el protagonista del libro, Teniente Juan Machado, quien le manifiesta al recién llegado grupo de turistas americanos henchidos de ego, que han pintado un mural revolucionario que “durará mil años en esta pared” justo antes que los guías turísticos del régimen la blanqueen a fin de prepararla para el grupo de revolucionarios del siguiente fin de semana provenientes de América.

El dibujo de la estratificación de la sociedad venezolana realizado por Hirst muestra cuidadosa deferencia hacia la sabiduría profunda de quienes han simplemente resistido de manera estoica las vicisitudes de la política, tanto durante regímenes populistas y reformadores, como cuando ignoran las apelaciones de guerrilleros y autócratas. Ha sido la progenie consentida de las elites la que ha llenado de dirigentes a sus cuadros revolucionarios.

La trama de la novela maneja paralelamente los sucesos ocurridos en la Venezuela chavista durante la última década y una intriga secundaria donde pone a dos estudiantes activistas, con fines antitéticos en el espectro político, contra el telón de fondo de un país sumergido en el caos. Allí deben navegar el laberinto de jerarquías de clase y la política populista impuesta sobre ellos por el dictador.

La destreza de Hirst permite con sutileza el desarrollo del personaje que explora, sin condescendencia o simplismo, los discrepantes puntos de vista de la turbulenta sociedad, mientras absorbe a la elite alarmada, así como también a la clase marginada militante recién potenciada.

Una figura central en el libro, Doña Esmeralda, ejemplifica “Los Amos del Valle” de Venezuela, la elite dorada que desciende de la aristocracia colonial y posee la percepción que esgrime su derecho eterno a imponerse en el país. El autor muestra cómo esta compinche e inescrupulosa clase capitalista, va avanzando furtivamente para imponer gobiernos proclives a protegerlos de toda competencia, aunque esto a menudo de lugar a la reacción violenta e inevitable que se produce con autócratas como Chávez.

Mientras la mayoría de las modernas novelas sobre dictadores han sido escritas mucho después que estos has sido desbancados, el desarrollo de la novela de Hirst ocurre en la moderna Venezuela. Así con el fin de la revolución Bolivariana todavía por ser escrita Hirst, en su novela inaugural, deja que los lectores descubran el final ficticio.

Jon B. Perdue es el director de programas de Latinoamérica en el Fondo para Estudios Americanos, y es el escritor de La Guerra de Toda la Gente: El Nexo de Latin American Radicalism y el Terrorismo del Oriente Medio (Potomac Books, 2012).