Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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El 11.09.73 en Chile y el afán por reescribir la Historia. A. Rondón

Los dos 11 de septiembre que se nos vienen a la memoria, tanto el de 1973 como el de 2001, evocan fechas fatídicas. Sobre ello poco desacuerdo habrá. Sin embargo, queremos detener nuestra atención en la primera de las fechas mencionadas.

Ese día se produjo un golpe militar en Chile, que dio inicio a la dictadura de Augusto Pinochet. Definitivamente dictaduras como las del General Pinochet no son ni serán nunca avaladas por liberales, y en general, por quienes defienden la dignidad y libertad de las personas, incluso cuando estas dictaduras aplican políticas favorables a la competencia.

Por ello no dejamos de reconocerle razón al ex Presidente Ricardo Lagos cuando denunció que las políticas económicas aplicadas por los llamados Chicagos Boys (Ministros del área económica) fue una forma de Pinochet de usar el mercado a su favor para ocultar las violaciones a los derechos humanos (Lagos, Ricardo, Así lo vivimos. La vía chilena a la democracia, Santiago de Chile, Taurus, 2012, pp. 81 y siguientes).

Dicho lo anterior, ¡por favor! seamos críticos y conscientes de la situación que existía antes del golpe de Pinochet. Para 1972, 318 empresas privadas, de las más grandes e importantes en sus respectivos mercados, fueron tomadas por el Estado; se estatizó la banca con la compra de los bancos extranjeros con créditos otorgados por las casas matrices y con la compra de acciones de los bancos nacionales privados; se estatizó el cobre y las demás actividades mineras básicas también pasaron al dominio del Estado; el 60% de la tierra agrícola se expropió sin indemnización previa; entre otras medidas (Ramón, Armando de, Historia de Chile. Desde la invasión incaica hasta nuestros días (1500-2000), Santiago de Chile, Catalonia, 7ma edición, 2012,).

Debe advertirse, y esa es la intención de estas líneas, que estas medidas, que además se dictaron al margen del Estado de Derecho, afectaron a todos los chilenos y no sólo a los propietarios de las empresas intervenidas, a los dueños de los bancos, a las empresas extranjeras titulares de concesiones mineras. En el breve período que estuvo Salvador Allende en la Presidencia, convertido como Ernesto Guevara en estampita de culto pop, se desbordó la inflación, escasez, hubo estancamiento económico, así como brotes de violencia y caos generalizado.

Cuando se concentran las actividades económicas y la propiedad en un solo sector, por más humanista que parezca el discurso, el resultado será que las personas serán más pobres y menos libres, pues todo estará reducido a un único proveedor, el Estado. Evidentemente, un Estado así no tiene límites para desconocer los derechos y libertades individuales; para emplear las medidas económicas como arma política; para evitar el control ciudadano y político; etc.

Somos de la opinión que un país de propietarios, o al menos con las condiciones para llegar a serlo, al mismo tiempo será un país de ciudadanos independientes, autónomos y sin trabas para ejercer su libertad política como mejor lo prefiera cada individuo.

Que el Sr. Allende haya sido elegido democráticamente; su discurso fuese de “izquierda” (permítanme la licencia de usar ese tópico para idiotas) y fuese posteriormente derrocado por una dictadura de “derecha”, no significa que en esos 3 años de gobierno se hubiesen respetado la dignidad y libertad de las personas, ni las reglas de la democracia. Frente a la dignidad humana no existen ideologías superiores. Evaluemos a los gobiernos por sus acciones y políticas destinadas a cumplir estos objetivos, no simplifiquemos el debate y nuestra obligación como ciudadanos de ejercer control sobre los Gobiernos.

TRINCHERA LIBERAL
ANDREA RONDÓN ― NOTITARDE