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El Califato Islámico. José Toro Hardy

Los odios ancestrales entre shiíes y sunníes siguen siendo los mismos.

Dentro de la avalancha de sucesos que ocurren día a día, llenándonos de incertidumbre, a veces no le damos la importancia que merecen algunos temas, que son vitales para Venezuela.
Me refiero a lo que actualmente está pasando en Iraq y que, queramos o no, está directamente vinculado con nuestro porvenir a través del hilo conductor del petróleo. Recordemos que la zona del mundo donde se produce más petróleo es el Golfo Pérsico y que lo que allí ocurre tiene una influencia determinante en los mercados petroleros. Para colmo, aquella es una de las regiones más violentas del mundo: Se trata de una violencia endémica que parece manar del fondo mismo de la tierra y estar predeterminada en los genes de sus pobladores.

Los acontecimientos actuales, tienen su origen en temas que se vinculan a las tres grandes religiones monoteístas: -judaísmo, cristianismo e islam- y cuyos orígenes se remontan a épocas bíblicas y a hechos trascendentales del pasado, “extraídos desde el Éxodo hasta el Holocausto”, tal como alguna vez lo afirmó el presidente Reagan.

Permiten remontarme casi unos 1.500 años en la historia, para poder entender lo que ahora ocurre. Hacia el año 570 después de Cristo nace Mahoma en La Meca. El Arcángel San Gabriel le revela de forma milagrosa una nueva religión, el Islam, cuyos principios quedan grabados en El Corán. Esta religión tendría una influencia fundamental en la historia de la humanidad.

El Profeta Mahoma muere en el año 632 sin dejar sucesor, ya que no tenía ningún hijo varón. Sin embargo su hija Fátima se casa con un primo llamado Alí, quien no tenía derecho a la sucesión por no ser descendiente varón del Profeta.

Los tres primeros Califas que suceden a Mahoma – Abu Beckr, Umar- pertenecían a la tribu de los Quaraish, provenientes de la antigua aristocracia de La Meca. Este último muere asesinado, derramando su sangre sobre el sagrado Corán.

Se inicia una guerra por la sucesión del profeta. Finalmente, Alí -yerno de Mahoma y esposo de su hija Fátima- cae también asesinado en el año 661. Su hijo Hussein, nieto de Mahoma, reclama el Califato. Su adversario era Yezeed, hijo de Muawiya, quien en vida había sido el más amargo adversario del Profeta.

Camino a Damasco, que era entonces la capital del califato, Hussein es emboscado por 4.000 hombres al servicio de Yezeed y resulta asesinado.

A partir de ese momento se forman dos facciones dentro del Islam. Los defensores de los derechos de Hussein pasan a llamarse los shií (o shiítas), en tanto que los defensores de los derechos de Yazeed pasan llamarse sunnis (o sunitas). Desde ese entonces shiíes y sunníes no han cesado de odiarse. El derramamiento de sangre entre ellos nunca se ha interrumpido.

Bien. Hagamos una taima e interrumpamos aquí la historia.

Retomemos nuestro relato 1331 años más tarde, en el 2014. Nos encontramos ahora en Iraq y para nuestra sorpresa, los mismos odios y derramamientos de sangre continúan entre aquellos hombres, tal como si el día anterior hubiese sido el asesinato de Hussein.

Desde entonces han ocurrido muchísimas cosas, en el mundo, pero los odios ancestrales entre shiíes y sunníes siguen siendo los mismos.

En general, los sunníes son los pobladores de las monarquías teocráticas como Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Qatar, etc. Los shiíes en cambio constituyen el 95% de la población de Irán y el 55% en la población de Iraq.

Son los sunitas más radicales, los que defienden el legado de Osama Bin Laden y de Al Qaeda, los que ahora se han rebelado en Iraq y acaban de declarar la creación de un Califato Islámico que abarca buena parte del territorio de ese país. También son los que están enfrentando en Siria a la dictadura de Bashar al Assad.

EEUU, amarrado de manos después de haber retirado sus fuerzas de Iraq, no encuentra cómo reaccionar. Para sorpresa de todos, parecen estar recurriendo a su archienemigo Irán -cuyo gobierno reclama el legado del Ayatollah Khomeini- para tratar de reinstaurar el orden en la región. Recordemos que hasta hace poco, Irán era acusada de estar desarrollando armamento nuclear.

Pareciera que la geografía política de la región está en riesgo. No se trata sólo de la creación de este Califato Islámico, sino que además buena parte de los pobladores de Iraq, los kurdos -que aunque sunníes son de origen turco y no árabe- vienen desde hace muchos años reclamando la creación de un Kurdistán independiente. Si esto llegara a ocurrir, la misma Turquía se vería amenazada, ya que los kurdos constituyen un porcentaje importante de su población.

Vecino a todos ellos, está Israel que es el único país de la zona con armamento atómico y a quienes muchos árabes quieren borrar del mapa. 

JOSÉ TORO HARDY | EL UNIVERSAL
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