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El “chavismo madurado” José Toro Hardy

Veremos a Venezuela construyendo la democracia más cabal de Latinoamérica.

El siglo XIX en Venezuela fue la etapa más convulsionada de nuestra historia. En esa etapa tuvo lugar la Guerra de la Independencia. Aquella fue una guerra heroica.

Pero después se produjeron centenares de convulsiones, la mayoría de ellas absurdas que se tradujeron en carnicerías y diezmaron la población. A veces fueron encabezadas por hombres de principios pero, en la mayoría de los casos se trató de líderes cuya trascendencia era inversamente proporcional a su ego. Pretendían darle el nombre rimbombante de “revolución” a cualquier intentona que desencadenaban.

Revolución fue la francesa, basada en el siglo de la ilustración y sus enciclopedistas y en pensamientos de hombres como Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Locke y otros. Esos ideales constituyen la verdadera grandeza de la revolución de esa revolución de la que surgió la Declaración de los Derechos del Hombre y los ciudadanos y los conceptos de Liberté, Égalité et Fraternité.

En Venezuela, nada que se le parezca. Cito a continuación algunas pocas de esas mal llamadas “revoluciones” que azolaron a nuestro país: “La de las Reformas”, “La Popular”, “La Federal Conservadora”, “La Revolución de Marzo de 1958″, “La Revolución Federal”, “La Genuina”, “La Revolución Azul”, “La Reconquistadora”, “La Revolución de Abril de 1870″, “La Liberal”, “La de Coro”, “La Colinada, “La Legalista”, “La de Queipa”, “La Revolución Liberal Restauradora”, etc., etc., etcétera.

Salvajismo

En Venezuela estamos hartos de revoluciones. Después que creíamos haber alcanzado un nivel cultural que nos permitiría sumarnos al grupo de naciones civilizadas que respetan los derechos humanos, la propiedad privada, los principios de la separación de los poderes públicos y la democracia, nos encontramos conque el siglo XXI nos devuelve de golpe y porrazo al salvajismo del XIX.

Muriendo el siglo XX nace la “Revolución Bolivariana”. En realidad fue el resultado simplemente de una crisis petrolera que recorrió el sureste asiático y afectó profundamente a aquellas economías que se conocían como “los tigres de papel”. Aquello provocó una caída de casi 2 millones de barriles diarios en la demanda mundial petrolera y el resultado fue que se derrumbaron sus precios llegando a unos 7 dólares por barril para el crudo venezolano. La frustración fue tal que la sociedad venezolana volteó la mirada hacia un teniente coronel expulsado de las Fuerzas Armadas que había intentado un golpe de Estado.

Tuvo la suerte ese militar de que los precios de los hidrocarburos comenzaron a recuperarse, lo que ocurrió porque las economías del sudeste asiático estaban saliendo de su crisis. En los años siguientes esa demanda retomó y superó el ritmo de crecimiento esperado y los precios petroleros llegaron hasta unos 120 dólares el barril. Nunca gobierno alguno había soñado con tal cantidad de recursos.

El comandante llegó a creer que todo era obra de su genio. Pensó que esos ingresos durarían para siempre y, de la mano con Cuba, se lanzó a trocha y mocha con su revolución.

La tragedia de las masas es que se dejan controlar por cualquier fanático populista que las hipnotiza y termina condenándolos a perder la libertad y a la miseria.

Muchos creyeron que con aquella avalancha de recursos manejados a su antojo, la Revolución Bolivariana podría vivir por generaciones. Pero no fue así. Como todos los entes “vivos”, las revoluciones nacen, crecen, se reproducen y mueren.

En este caso había un solo líder. Con su muerte, la “revolución” quedó acéfala y comenzó a “madurar”. Se enfrenta ya al fin de su ciclo, porque cometió la estupidez de destruir la economía del país y ahora las masas se quedarán sin la verborrea del líder y sin las migajas que recibían en forma de dádivas. Inflación, escasez, desempleo, estancamiento, inseguridad y estanflación: ese es el legado de la Revolución Bolivariana. Las consecuencias políticas serán devastadoras para el “chavismo madurado”.

Quiénes están reaccionando es la clase media -que es la parte más viva de cualquier sociedad- y particularmente los estudiantes que son los representantes más genuinos del futuro. Los sectores populares, que habían sido manipulados por la revolución, terminarán también por reaccionar, a pesar de la amenaza de los “colectivos” que conviven con ellos. 

La historia se apresta a pasar la página. Estoy convencido de que estamos siendo testigos de excepción de un cambio que ya empezó, y también de que veremos a Venezuela construyendo la democracia más cabal de Latinoamérica. Quizá esta “revolución” era una necesidad.

Quizá nos ayudará a poner a un lado el facilismo petrolero y a entender que el populismo es siempre una mala opción.

JOSÉ TORO HARDY | EL UNIVERSAL
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@josetorohardy