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El costo económico del cabildeo. Alicia Sepúlveda

El cabildeo pareciera ser una estrategia empresarial, vigente y necesaria hoy más que nunca.

Al término del primer semestre de 2014 los indicadores económicos de Venezuela siguen deteriorándose. La inflación acumulada es de 23% (entre enero-mayo). La calidad de vida continúa empeorando. El principal avance que muestra el Gobierno en las Conferencias por la Paz, que devinieron en Conferencias Económicas por la Paz, a las cuales, según voceros oficiales, asistieron en total alrededor de 1.500 empresarios, luego de un acto de instalación al que concurrieron 600 empresarios. Las conferencias fueron replicadas en varias regiones, sin embargo, declaraciones de gremios y empresarios revelan que las medidas adoptadas no se han enfocado en la raíz del problema: el modelo económico socialista, que no es sustentable. Todo ha quedado en anuncios etéreos y para sectores particulares.

Podría pensarse que asistir a esas reuniones da la oportunidad a cada empresario de plantear de manera directa las razones por las cuales debe ser objeto de tratamientos especiales y procurar, dentro de la rígida estructura de controles que cercenan la economía, obtener una prebenda. El cabildeo pareciera ser esa una estrategia empresarial, vigente y necesaria hoy más que nunca, por la cantidad de regulaciones que vía leyes, resoluciones, decretos, han hecho del Estado un ente excesivamente interventor en las decisiones económicas.

Cabildear, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), significa “gestionar con actividad y maña para ganar voluntades en un cuerpo colegiado o corporación”. Algo así como establecer y procurar la oportunidad para ejercer presión a favor de los intereses de un grupo de personas o empresas, lo cual dista mucho de abogar por una causa que involucra el diálogo democrático. Interceder por una causa implica buscar áreas de convergencia, entendimiento mutuo y relaciones con funcionarios que están dispuestos a escuchar y promover consensos y cambios en políticas públicas integrales y de largo plazo. La causa empresarial debería ser promover un entorno de negocio que implique bajos costos y predictibilidad, así como la existencia de un Estado de Derecho y protección a la propiedad.

En la dinámica de las Conferencias de Paz, esa no pareciera ser la esencia de las solicitudes. Los temas son: acceso a dólares preferenciales (no desmontaje del control de cambio), ajustes del precio de los productos (no eliminación de los controles de precios), subsidio (no racionalidad del gasto público), etcétera.

Prebendas

Para una empresa es muy costoso destinar parte de su esfuerzo en procurar esas prebendas. Sacará ventaja quien tenga la capacidad de crear una estructura para dirigirse al Ministerio que corresponda, todos los días, hasta tener acceso a quienes toman las decisiones, con el costo de oportunidad que ello implica. El sacrificio: destinar a esas actividades recursos que podrían ser utilizados en innovación, tecnología y generación de conocimientos para mejorar los procesos gerenciales y productivos que crean la riqueza para sacar de la pobreza a los países. El tiempo invertido en actividades de cabildeo es un recurso pocas veces valorado. Ello, combinado con el perverso incentivo a la corrupción que se deriva del monopolio que puede ejercer un funcionario público.

¿Para los ciudadanos, cuánto cuesta un sistema económico cuyas “políticas económicas” son solo resultados del cabildeo? Con una estructura de incentivos que termina premiando, no al más eficiente, sino al que tiene acceso a los tomadores de decisiones, las medidas económicas se dirigen a “negocios de corto plazo”, y no a inversiones productivas que incrementan la capacidad instalada, promueven la productividad y la ganancia. En ese ambiente, se cierran empresas, generándose escasez e inflación.

El cabildeo recurrente es una muestra de que los empresarios han dejado de ser libres para la asignación eficiente de recursos escasos y se han convertido en concesionarios de un Estado hipertrofiado que distorsionó el sistema económico y el funcionamiento del mercado.

La dedicación de los empresarios y los ciudadanos a diligenciar ante el Estado absolutamente todo, termina empobreciendo y esclavizando a la sociedad, y compromete la posibilidad de su realización como individuos y la posibilidad de que ejerzan plenamente los deberes y reclamen sus derechos.

En un entorno jurídico con leyes solapadas que impiden la posibilidad de un diálogo democrático (transparente, legítimo, concluyente, flexible orientado a las políticas públicas que como se señaló generen un entorno favorable a los intercambios y a la inversión) se hará permanente la confrontación entre los venezolanos y los más avezados seguirán un cabildeo permanente.

ALICIA SEPÚLVEDA | EL UNIVERSAL
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