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El empleo en la capital es precario y poco productivo

Isabel Pereira, investigadora del Cedice experta en materia laboral, explica que esta precariedad llega a más de 60%, pues se trata de trabajadores que no solo devengan sueldo mínimo o muy cerca del mínimo, sino que además tienen un empleo sin perspectivas de crecimiento ni mejoría técnica.

Por: Javier Brassesco

En los cinco municipios caraqueños existen 1,2 millones de personas que tienen un empleo formal, pero más de la mitad de estos (700 mil, el 58%) pertenece al sector público, una cifra que demuestra que, en Caracas, el empleo no está asociado a la producción de riqueza.

Y aunque en la capital el porcentaje de empleados que devenga sueldo mínimo es algo menor al resto del país, de todas maneras es preocupante, según los datos que maneja Froilán Barrios, dirigente del Frente Autónomo en Defensa del Empleo, Salario y Sindicatos (Fadess): alrededor de 50% de los empleados cobra sueldo mínimo (a nivel nacional esta cifra es de 58%), lo que es más del triple que en otras urbes latinoamericanas, una distorsión que tiene lugar porque aquí no se decretan aumentos generales sino solo de sueldo mínimo, que al final termina alcanzando a los demás. Además de ser improductivo, el empleo en Caracas es entonces precario.

Isabel Pereira, investigadora del Cedice experta en materia laboral, explica que esta precariedad llega a más de 60%, pues se trata de trabajadores que no solo devengan sueldo mínimo o muy cerca del mínimo, sino que además tienen un empleo sin perspectivas de crecimiento ni mejoría técnica.

Para ella en la capital (que es la sede de todos los 29 ministerios y las 23 misiones que existen), mucho más que en el resto del país, lo único que crece, aparte de la informalidad, es el empleo público, el empleo improductivo, financiado con gasto fiscal y absolutamente insostenible en caso de que caigan los precios del petróleo.

Cree que las cifras sobre empleo a nivel no solo regional sino nacional echan por tierra la tesis del gobierno de que ha logrado disminuir los índices de pobreza: “Si eso fuera cierto, no estaría estancado el empleo privado ni estaríamos presenciando el crecimiento de la informalidad. Lo que se ha hecho es disfrazar la pobreza, intercambiar el empleo por subsidios. Pero no producimos nada: el 55% de todos los bienes que consumimos los importamos”.

La meca del trabajador

Explica que Caracas es el lugar donde se reparte dinero y empleo en las condiciones que sea, porque en el interior lo que hay son oficinas públicas sin autonomía fiscal y las empresas privadas lo que hacen es subsistir. Además agrega un dato: “el parque industrial ha disminuido en 40% en los casi catorce años de este gobierno”.

Si a ello se agrega que se han paralizado gran parte de las iniciativas de descentralización que se emprendieron en el país a partir de 1989, no es de extrañar que a pesar de los pesares Caracas continúe siendo un imán para el empleo, sobre todo para muchos trabajadores del interior sin demasiadas perspectivas de futuro.

Una de las quejas que siempre se oye entre los damnificados que se niegan a recibir un apartamento en los Valles del Tuy, aparte de la inseguridad, es que “Allí no hay trabajo”.

Julio César Duarte, quien es mecánico del teleférico, vive en el lejano Birongo (Miranda) a pesar de que trabaja en la capital: “Si eres profesional, por aquellos lados no hay nada para ti. Hay quienes viven de la pesca, de la siembra, quienes hacen artesanía, pero a nivel profesional no hay ninguna oportunidad”, dice.

Puede que el empleo sea precario o poco productivo, pero comparado con el muy deprimido mercado laboral del interior, Caracas todavía sigue siendo una especie de meca para muchísimos venezolanos.

En Caracas el aumento de la informalidad se puede constatar en la proliferación de buhoneros que ha tenido lugar en los últimos años. En algunos lugares como el centro, Catia, El Cementerio, El Valle, Candelaria o alrededores de la redoma de Petare, los gobiernos municipales han intentado sin éxito su reubicación en mercados municipales. A la larga, siempre han terminado tomando las calles de nuevo.

Fuente: El Universal

30 de abril de 2012