Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
El extraño caso de Sabas Nieves. Andrés Guevara

En un país en el que prácticamente la propiedad social se exige como dogma de fe y los bienes públicos tienen un carácter incuestionable, resulta esclarecedor observar la conducta de los ciudadanos para reafirmar esa consigna según la cual el hombre está llamado a vivir en libertad.

Tomaremos como punto de inicio de nuestra experimentación la zona aledaña del puesto de guardaparques de Sabas Nieves en el Parque Nacional Guaraira Repano (conocido en tiempos del casticismo como “El Ávila”). A primera vista Sabas Nieves está en completa normalidad. En la mañana, Altamira rebosa de tranquilidad y solo se escuchan los pájaros que trinan en los balcones de las casas vecinas a la montaña. Acompañados de aquella hermosa melodía, quienes visitan el lugar dejan sus carros en las calles cercanas dispuestos a continuar su aventura.

Hasta ahora, nada de lo descrito se encuentra fuera de lo ordinario. Se trata, sin más, de una descripción idílica de los elíseos caraqueños. Lo interesante viene después, en el momento en el que los visitantes que emplearon carros para llegar al parque se encuentran a su regreso con un hecho bastante curioso: a lo largo y ancho de las calles, acompañando las hilera de carros, un montón de cuidadores “resguardan” los vehículos.
La dinámica del cuidador es interesantísima. Justo en el momento en que uno se aproxima al vehículo correspondiente, aparece cual espíritu deambulante un cuidador, quien intima al propietario del vehículo por una compensación monetaria en virtud de sus servicios de protección. El propietario del vehículo decide otorgar o no la compensación según lo estime conveniente.

El momento de intimación del cuidador viene acompañado de dos elementos fundamentales: (i) la creencia del cuidador de tener un derecho-pretensión de compensación monetaria en virtud de su actividad y (ii) la amenaza coactiva del cuidador de realizar alguna acción contraria a los intereses del propietario del vehículo en caso de que no reciba su compensación monetaria.
¿Cuál es el asunto que despierta nuestro interés? (i) Que los cuidadores desarrollan su actividad en un bien público como lo es la calle y (ii) Que los cuidadores actúan al margen del Estado para satisfacer sus intereses personales.
Los cuidadores no son propietarios de las calles y, por consiguiente, no pueden disponer libremente de dichos bienes para realizar sus actividades de “protección”. En adición a ello, creemos que los cuidadores comenten el delito de extorsión, puesto que en muchos casos infunden temor a sufrir un daño sobre las personas propietarias del vehículo y sobre el vehículo en particular.

¿Qué pasaría si las calles fuesen privadas? ¿Sería legítimo un acuerdo de protección de vehículos libremente pactado entre el cuidador y el propietario? Posiblemente sí. Si bien en la Venezuela del presente una idea como esta constituye un mero ejercicio teórico, la conducta de los cuidadores nos deja una gran lección: actúan como hombres libres, fuera de la autoridad y el poder del Estado, sin ser conscientes de ello. Hay más liberales de los que creemos.