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¿El fin de Hugo Chávez?. Álvaro Vargas LLosa

Desde 2002, cuando hubo un intento por sacarlo del poder, y 2003, con ocasión de una contundente huelga petrolera, que Hugo Chávez no corría tanto peligro político como hoy, a una semana y pico de los comicios presidenciales.

 

Cortesia de ElMundo.es

Consultores 21 y Varianzas, las dos compañías encuestadoras con mayor número de aciertos en la historia reciente, confirman una subida de Henrique Capriles, que empata o le lleva una ligera ventaja a Chávez. Si la tendencia continúa, será difícil para el verborreico comandante impedir el triunfo de una oposición que ya lo derrotó en los comicios legislativos de 2010 y que se ha mantenido unida tras las elecciones primarias que dieron a Venezuela un atisbo de democracia.

No puede negarse el apoyo de que goza Chávez todavía. Bajo un sistema que canaliza uno de cuatro dólares de las ventas del gigante petrolero, PDVSA, hacia una vasta red clientelista, ha logrado convertir a cinco millones de personas, más de la cuarta parte de los votantes, en seres umbilicalmente dependientes del Estado. Su ideología, mezcla de marxismo clasista y nacionalismo bolivariano, y un aparato mediático que suma 72 televisiones, 400 radios y 18 periódicos han complicado la tarea de la oposición en estos años. Además, un aparato legal y político intimidatorio que incluye las continuas agresiones de turbas fascistoides, el encarcelamiento o deportación efectiva de opositores y el silenciamiento de medios como Radio Caracas Televisión (2007) ha instalado el miedo en mucha gente.

En circunsancias normales, Chávez sería barrido del poder. Más de 150,000 personas han muerto por el colapso del orden público bajo su gobierno y las estadísticas que hablan de una reducción de la pobreza en los años del “boom” petrolero entre 2004 y 2008 ocultan una verdadera debacle económica. La inversión ha desaparecido, la inflación galopa y Caracas ha tenido que pedir una línea de crédito por un total de 38 mil millones de dólares a China para seguir andando. Todo ello, en un país que acaba de superar a Arabia Saudí en reservas petroleras, colocándose en el primer lugar.

En la circunstancias actuales, es milagroso que Capriles, que ha soportado una dura campaña de descrédito durante meses, esté rozando la victoria electoral de cara al 7 de octubre. Que la cosa esté tan reñida a estas alturas se debe a la unidad de la oposición, algo que costó muelas lograr después de muchos años de peleas intestinas, y a la astucia del candidato, hombre sin nexos con la era prechavista que ha prometido no quitarle a la gente lo que el gobierno le dio y ha dicho que profesa algo muy parecido al modelo brasileño en lugar del regreso al pasado.

No sabemos si Chávez aceptará su eventual derrota (ha amenazado literalmente con una guerra civil sis u adversario triunfa). Pero sí sabemos dos cosas. Una: la oposición ha refinado su capacidad de neutralizar la manipulación del escrutinio y ha montado una operación nacional eficaz para hacer un recuento de votos propio. Y dos: hasta en un par de ocasiones –en 2007, cuando perdió el referéndum de la reelección permanente, y en 2010, cuando la oposición venció en las legislativas— Chávez se vio obligado a aceptar, por circunstancias que no controlaba, incluyendo presiones internas del propio régimen, una derrota.

Un último elemento que podría blindar a Capriles si gana es que, según testimonios recurrentes, la enfermedad de Chávez ha sembrado el pánico en parte del estamento militar, que busca su propia impunidad a mediano plazo. Prevenir un fraude electoral sería, en los cálculos castrenses, una forma de empezar a garantizar eso mismo.