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El Futuro del Trabajo. Carlos Goedder

La consultora McKinsey analiza tendencias tecnológicas, educativas y geográficas que ayudan a entender el elevado y persistente desempleo.

La presente Gran Recesión se ha caracterizado por un desempleo renuente a ceder, aunque la economía vaya retornando al crecimiento. El caso español con desempleo rumbo al 27% es uno de los más severos y es frustrante su paro de 50% entre los jóvenes.

Incluso en EEUU los datos de desempleo son desesperanzadores; siguiendo a Mohamed El-Erian en Financial Times, respecto al informe oficial de empleo para marzo 2013: “El desempleo entre los jóvenes (incluyendo la tasa de febrero de 25 por ciento para los que están entre 16 y 19 años) seguirá a niveles alarmantemente altos. Habrá probablemente poca reducción en la brecha entre la baja tasa de desempleo para graduados universitarios (3,8 por ciento en febrero) y la de aquellos sin diploma de estudios secundarios (11,2 por ciento).” (c.f. EL-ERIAN, M. “What to look for in Friday’s US jobs report”. FT, 4 de abril de 2013).

Estos datos europeos y estadounidense sobre empleo revelan problemas estructurales en el mercado laboral que van más allá de la Recesión. Hay tendencias que están generando un desempleo persistente, el cual vulnera a grupos sociales con menos capacidad competitiva. Se precisa una nueva agenda de políticas públicas para evitar el polvorín que supone tanta precariedad y desequilibrio laboral.

Esta nueva realidad del mercado laboral en países más desarrollados es descrita en un reporte de la consultora McKinsey, el cual ha sido publicado en 2012. Su título puede traducirse como “Se precisa ayuda: El futuro del trabajo en economías avanzadas.” El original tiene esta referencia: MANYIKA, James y otros. HELP WANTED: THE FUTURE OF WORK IN ADVANCED ECONOMIES. Discussion paper. McKinsey Global Institute, 2012.

El reporte identifica cambios en lo que las empresas buscan para contratar trabajadores. Las compañías suelen quejarse de que aún con el desempleo que hay, son incapaces de encontrar perfiles que se correspondan con sus necesidades de contratación. El reporte señala que encuestas hechas en 2011 indicaban que 26% de las empresas europeas y 80% de las japonesas estaban sin encontrar candidatos idóneos y en EEUU un estudio con 2.000 empresas señalaba que el 30% de ellas tenía vacantes en búsqueda laboral por más de seis meses. Las empresas son más exigentes sobre las capacidades que buscan. Lo primero que se registra es una escasez de personal con suficiente formación académica universitaria y técnica. Las ofertas de empleo para labores repetitivas y que pueden replicarse mediante automatización informática son cada vez más escasas.

La conclusión es clara: hay una desigualdad en el mercado laboral entre quienes tienen formación universitaria o superior al secundario y quienes carecen de ella. En 1990, las naciones desarrolladas tenían 36% de empleos ocupados por quienes carecían de educación secundaria completa, mientras que en 2010 la proporción ha caído a 24%; los universitarios tienen el 32% de los puestos de trabajo en 2010, cuando hace veinte años tenían 22% de participación.

 En el caso español, por ejemplo, durante la década 2000-2010 el desempleo aumentó 7 puntos porcentuales entre quienes carecían de educación secundaria, comparado con una caída de desempleo en 2 puntos porcentuales para quienes tenían estudios terciarios. En Reino Unido se observa esta misma asimetría. En el caso estadounidense, el desempleo para quienes carecen de estudios secundarios subió a 15%, mientras que entre quienes tienen título universitario el desempleo nunca pasó de 5%. En Francia se observa igual tendencia: desempleo de 5,6% entre universitarios y de 13,5% entre quienes carecen de título de educación terciaria (el reporte desarrolla el punto en la sección 2). Así que el mejor legado familiar a los jóvenes es educación, definitivamente.

Eso sí, tener título universitario tampoco es una salvaguarda completa. Depende de en qué especialidad se tenga el título. En el reporte se concluye que el tipo de trabajo con más demanda es el de tipo interactivo, esto es “trabajos que envuelven significativas interacciones y frecuentemente requieren conocimiento profundo, juicio independiente y experiencia” (p. 2). En estas categorías entran médicos, personal de asistencia sanitaria, maestros y abogados. La capacidad para interrelacionarse es crítica, es un “soft-skill” esencial, porque las máquinas sustitutivas de trabajadores carecen de inteligencia emocional y heurísticas propias de la inteligencia intuitiva. Por el contrario, toda actividad que pueda programarse en códigos informáticos tiende a desaparecer como empleo en esta sociedad del conocimiento contemporánea. En el caso estadounidense, entre 2001 y 2009, los trabajos de esta índole interactiva crecieron en 4,8%, mientras que trabajos “transaccionales” (cajero, por ejemplo) cayeron en 0,7% y los relativos a producción industrial (los “blue-collar” workers estadounidenses en plantas fabriles y granjas) cayeron en 2,7%

El trabajo pasará a ser cada vez más un factor de producción flexible y un coste variable. Las empresas tenderán a achicar sus plantillas permanentes y se evitará que el trabajo sea un coste fijo y que la nómina constituya un inmovilizado. En tal sentido, trabajos a media jornada, desde el hogar y contratos por plazos cortos serán la norma. El trabajo a media jornada y temporal ha crecido el doble de rápido que los puestos fijos desde 1990 en las economías desarrolladas y en Francia, por ejemplo, el incremento de estos contratos temporales fue de 66% mientras que los contratos indefinidos en plazo aumentaron sólo 7%

Los jóvenes cada vez  encuentran menos empleo y los adultos trabajan hasta edades más avanzadas.  Las personas con más de 55 años ya suponen 14% de los empleos en 2010 dentro de economías desarrolladas y se espera que la proporción llegue a 22% en 2030. No sólo se trata de que el componente experiencia es cada vez más valorado, sino que los trabajadores tienen cada vez más dificultad para contar con dinero para jubilarse – en EEUU sólo un 33% de personas en edad de retiro tienen suficientes ahorros para vivir sin trabajar -. La contrapartida a que bajan los gastos de pensiones para estos trabajadores son las ayudas de desempleo para los jóvenes. En EEUU, por ejemplo, hay cerca de 6 MM de jóvenes entre 16 y 24 años que ni estudian ni trabajan, demandando ayudas sociales por USD 100 mil millones anuales (p. 8). La media de desempleo juvenil en naciones desarrolladas es 17%. Ahora bien, los casos de España y Grecia son los más escandalosos, con tasas cercanas al 50%. La media en la Unión Europea es 22,1%, en línea con EEUU.

¿Por qué los jóvenes están sin conseguir empleo? El tema de formación es clave. El sistema educativo está sin proveer a los más jóvenes de suficientes herramientas para entrar a trabajar a edad temprana. La educación básica y obligatoria resulta débil para trabajar en una sociedad del conocimiento como la actual. La necesidad de una reforma educativa es imperativa y en especial que cambie el enfoque del subsidio al desempleo, el cual debe operar como un programa para capacitar activamente al empleado y reciclarlo en competencias, en lugar de ser una simple beneficencia. En España es bien conocido el incentivo perverso del paro, al cual se acogen muchos jóvenes por lo generoso de la ayuda comparado con el esfuerzo de trabajar, desestimando ofertas laborales y suponiendo un lastre permanente no sólo en las finanzas públicas, sino en la moral individual y colectiva. El peligro de estos jóvenes desempleados para males sociales como criminalidad, violencia urbana y revueltas políticas es clarísimo y España lo está sintiendo.

Un modelo de asistencia social para los desempleados que propone el documento es el alemán, con las leyes Hartz y el programa Kurzarbeitergeld, incluyendo medidas como la creación de “mini trabajos” de 15 horas semanales para desempleados y jubilados, subsidio de nómina a empresas que tienen caída fuerte en ventas y, lo más importante, un activo funcionamiento del gobierno como agencia de empleo y de formación. En Alemania la tasa de desempleo ha caído casi a la mitad. Y este modelo es sugerido para la política pública de desempleo que necesita la sociedad contemporánea: “Los sistemas de ayuda al desempleo deben evolucionar de redes de ayuda social que simplemente proveen ingresos a convertirse en efectivas fuentes de entrenamiento, colocación de trabajadores y movilidad laboral.” (p. 14)

La disparidad de ingresos entre trabajadores es otro asunto inquietante. Entre mediados de 1980 y 2010, los hogares más ricos han visto crecer sus salarios más velozmente. En Alemania y EEUU los trabajadores más acaudalados vieron subir sus salarios 1,5% anual en los últimos treinta años, mientras que en Alemania los trabajadores más pobres quedaron sin subida alguna. En Italia los trabajadores más ricos incrementaron su salario en 1% anual, frente a casi cero entre los más pobres. En otras naciones como Reino Unido, Holanda y Canadá el salario de los más ricos creció el doble respecto a los de peor renta. En suma, los trabajadores más pobres caen en trampa de pobreza para sus familias, en la medida que son incapaces de ver aumentar su poder adquisitivo para comprar mejor educación.

En ese mismo lapso, ocurrió algo rarísimo en España y Grecia, contrario a la tendencia mundial y en lo cual les acompañan Portugal e Irlanda. Sucedió que los ingresos crecieron marcadamente más rápido para los trabajadores más pobres que para los trabajadores más ricos. En España, por ejemplo, el ingreso creció 4% anual para hogares más pobres en comparación con 2,5% anual para las familias de mejores ingresos. Esto puede verse como algo socialmente laudable, mas llama la atención que precisamente en estos países es donde hay ahora desempleo más angustiante para los jóvenes (en Portugal es de 30,8% y en Irlanda de 29%) y donde la crisis económica ha causado peor recesión. Para mí la lectura de este dato es que socialmente  se premió poco el involucrarse en trabajos que requiriesen educación fuerte, ya que usualmente son los hogares con mejor ingreso quienes acceden a mayor calidad educativa y especialmente universitaria. Intuyo que la burbuja inmobiliaria hizo que muchos españoles dejasen los estudios para dedicarse a la construcción, donde se requería poca formación académica y allí capturaron las mayores subidas salariales. El resultado tras pincharse la burbuja ha sido que España ha quedado con trabajadores de baja preparación y con poca movilidad hacia los puestos de trabajo que crea la economía del conocimiento.

El tema geográfico castiga también a los trabajadores peor formados, porque las facilidades migratorias son mayores para los mejor educados y la portabilidad del conocimiento favorece a los más educados. El nuevo mercado laboral demanda facilidad para desplazarse y se estima que en el mundo hay 200 millones de trabajadores fuera de su país de origen (p. 7). No obstante, la crisis económica ha traído un problema para la movilidad: al caer el precio de la vivienda tras pincharse la burbuja inmobiliaria, muchos trabajadores temen vender sus casas y mudarse adonde están los trabajos, porque tendrían pérdidas patrimoniales (el precio de venta para su casa es inferior al de compra). Este problema ocurre ya en EEUU y en España. El caso español es además desafortunado por las barreras idiomáticas entre el polo económico de Cataluña y el deprimido Sur español, promovidas por partidos políticos locales. Europa tiene este problema de diferencias lingüísticas como una barrera importante para que sus trabajadores puedan ir a los lugares donde hay empleo. Este desequilibrio geográfico es clave en el nuevo mercado laboral: no siempre hay puestos de trabajo donde se precisan, como amargamente están viendo muchos jóvenes españoles que aún con estudios universitarios ven que sólo hay vacantes en países como Alemania. Las políticas migratorias deben ayudar a que se corrija el desequilibrio global en el trabajo y dejar de lado intereses chovinistas y nacionalismos que sólo traen perjuicios en el bienestar. Las nuevas tecnologías ayudan a vencer barreras geográficas y cada vez más el trabajo a distancia mediante Internet y conexión a banda ancha ayudará a aproximar empleos y trabajadores.

El caso español añade a su complejidad las restricciones que pone el gobierno a la iniciativa empresarial. El reporte señala directamente que en España hay obstáculos regulatorios para abrir negocios y severas reglamentaciones horarias (p. 15), En un artículo anterior que hice para esta misma publicación, señalé lo que dice el reporte DOING BUSINESS, que España está entre los 50 peores países en demora para abrir un negocio y coloqué en el tapete el problema que hay en el registro mercantil. Como se ve, el caso hispano tiene un coctel terrible para el mercado laboral: problemas en el sector educativo, restricciones a la movilidad interna, un programa arcaico de ayuda al desempleo y restricciones a la iniciativa empresarial.

En suma, el Siglo XXI requiere que los trabajadores adoptemos un “modelo de aprendizaje vital” (lifelong learning model) y tendremos que estar añadiendo capacidades y conocimientos permanentemente, incluso en áreas ajenas a nuestra formación universitaria. Y los gobiernos tienen un trabajo importante por hacer. Lo primero es ayudar a que fluya la información del mercado laboral, especialmente a que haya grandes bases de datos con acceso público desde Internet sobre ofertas de empleo. Además ya en EEUU y la India los planes educativos están contando con colaboración de empresas informáticas (se señala el programa P-TECH de IBM para estudiantes de secundario). Además, las compañías al crear puestos de trabajo deben verse como gestoras de conocimientos, en lugar de hacer simplemente una torpe política de recursos humanos de contratar barato donde sea y como sea. La profesión de Recursos Humanos debe evolucionar y dejar atrás el ser una simple central de gestión de costes, como ocurre en España de manera mayoritaria, donde quienes trabajan en este terreno se acercan más a lo contable que a la gestión de personas.

Como concluye el estudio: “si los gobiernos solamente se enfocan en gestionar la función de demanda macroeconómica y las compañías globales simplemente persiguen una estrategia de arbitraje laboral, no resolveremos el desafío de los trabajos – y muchos millones de personas serán relegadas”. (p. 18)

CARLOS GOEDDER.

Madrid, Abril de 2013
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