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El Gobierno de Venezuela apuesta a la violencia. Andrés Volpe

Decenas de motos pasando a gran velocidad, el olor de las bombas lacrimógenas, Guardias Nacionales disparando hacia edificios residenciales, grupos armados conocidos como colectivos rondando las calles y disparando sin reservas, un edificio en llamas, centenares de barricadas obstruyendo los accesos en las vías y despidiendo humo negro de caucho quemado, tanquetas de guerra, miles de policías pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana pisando la alfombra de cartuchos que van quedando de las municiones de escopetas, pistolas y demás armas de fuego usadas contra los manifestantes.

Cae un muerto en la Avenida Panteón de La Candelaria por disparos de la Guardia Nacional, la gente no puede salir de los edificios por miedo a ser detenidos, encarcelados o asesinados, gente durmiendo en el piso de sus apartamentos por miedo a balas perdidas y más motos pasando a toda velocidad disparando y sonando la corneta a todo dar. La noche del 19 y la madrugada del 20 de febrero en Caracas, Venezuela.

Las protestas que han tomado lugar en Venezuela empezaron como una manifestación estudiantil el 12 de febrero como consecuencia del Día Nacional de la Juventud. Los estudiantes expresaban el descontento de varios sectores del país provocado por la situación de inseguridad (80 muertes violentas por cada 100.000 habitantes), la escasez de alimentos básicos (leche, harina, carnes, etc), productos esenciales (papel higiénico), la escalada inflacionaria (56,2% en el 2013), la regulación de precios, el deterioro aberrante de la economía del país, la corrupción en los poderes públicos y la todavía latente duda sobre la legitimidad de los resultados electorales del 2013 cuando Nicolás Maduro se enfrentó con el líder de la oposición, Henrique Capriles Radonski.

Desde el 12 de febrero al día de hoy la situación en Venezuela ha ido degenerando rápidamente de un régimen híbrido o pesudo-democrático a una dictadura de terror fomentado por colectivos (grupos armados auspiciados por el gobierno) y la barbarie de la Guardia Nacional Bolivariana en conjunto con la Policía Nacional Bolivariana.

La protesta pacífica de estudiantes se ha tornado en una resistencia pacífica de la sociedad civil organizada. Poco a poco más sectores de la sociedad se han ido sumando a la protesta, como al mismo tiempo lo hacen múltiples ciudades del país.

Se estima que han muerto seis personas (cifra con tendencia a aumentar), lesionado incluso gravemente a 66 personas y, según información dada por Henrique Capriles Radonski, existen 138 detenidos solamente en el área de la Gran Caracas.

La entrega de López

El 18 de febrero, Leopoldo López, líder de la oposición se entregó voluntariamente frente a una concentración de millares de personas al Gobierno Nacional para enfrentar las acusaciones en su contra. Antes de entregarse expresó a la multitud que se estaría entregando a una Justicia injusta y que si mi encarcelamiento sirve para despertar al pueblo, valdrá la pena.

López fue llevado a la cárcel militar Ramo Verde donde, por medio de un “tribunal móvil” improvisado en la cárcel, según comenta uno de sus abogado por Twitter, se le ratificó la medida privativa de libertad a primeras horas de la mañana del 20 de febrero.

Ahora bien, la situación ha sobrepasado los liderazgos partidistas para convertirse en una situación que amenaza la gobernabilidad del país. Los grupos de seguridad del gobierno promueven la anarquía y el miedo frente a la sociedad civil. Fomentan una guerra contra los civiles desarmados.

Se ha entendido que ya no se está frente a un gobierno que pretende instaurar un nuevo modelo socialista ideado por el “El Comandante”, sino que se está enfrentando a un grupo organizado que ha asegurado, por medio de la violencia, retener el control del gobierno para infundir terror a la población. La concreción de una nueva dictadura latinoamericana.

No obstante, la continuidad de Maduro en el gobierno se ve amenazada. La utilización de la violencia como medio de represión y la escalada brutal que ha tenido en los últimos días implica que el poder de Maduro como representante de la sociedad venezolana (potestas in populo) se extingue.

La única manera de conservar su posición política de ahora en adelante será por medio de la represión y el miedo. Todo venezolano entiende que de cesar la protesta se encontrará viviendo en dictadura, ya que se ha perdido la Constitucionalidad y el Estado de Derecho. No existe autoridad institucionalizada.

El Gobierno ha monopolizado la violencia no para proteger a los individuos y garantizar sus derechos, sino para violarlos y destruirlos. El poder originario reside nuevamente en el pueblo y no en el gobierno constituido.

La sociedad civil organizada seguirá en la calle desafiando al Gobierno de Nicolás Maduro. El liderazgo de la oposición ha pedido que se haga de manera pacífica, pero de seguir la represión brutal por parte de los cuerpos del Estado, es probable que haya una escalada de violencia, organizada o espontanea, por parte de la sociedad civil.

Al mismo tiempo, se ha de destacar que las Fuerzas Armadas no se han manifestado, aunque se le hayan hecho llamados de consciencia por parte de la oposición en consecuencia de la violencia que ha sido empleada en contra de estudiantes y demás sectores de la sociedad. Ahora bien, el reto principal del liderazgo opositor es sumar a los sectores populares, los cuales incluso pueden llegar a tomar iniciativa propia.

Hacia la dictadura

Los problemas subyacentes del país siguen presentes y seguirán erosionando la realidad. La crisis económica no podrá sino agravarse y el Gobierno de Maduro sigue agregando crímenes de lesa humanidad de carácter imprescriptible mediante las constantes violaciones de los DDHH, el esquema de incentivos de Maduro se torna hacia la radicalización para garantizar supervivencia política.

Sin embargo, los regímenes dictatoriales que se sostienen por medio de la violencia siempre han tenido la tendencia histórica de hacer implosión, sobre todo luego de que el líder originario ha muerto.

ANDRÉS VOLPE ― ELMUNDO.ES