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El gobierno quiere sindicalizar a trabajadores no estatales. Orlando Freire

En un reciente pleno del Consejo Nacional de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), su secretario general, Ulises Guilarte De Nacimiento, se refirió al bregar de su organización por sindicalizar a todos los trabajadores por cuenta propia y cooperativistas no agropecuarios. En la cita se dijo que actualmente sólo el 67% de ese universo laboral ―de más de 460 mil trabajadores― se halla sindicalizado. El señor De Nacimiento fue explícito en lo concerniente a este asunto: “La organización y afiliación de estas personas es la tarea política más importante del movimiento sindical y en la cual hay que avanzar más en la estructura a nivel de sección sindical”, como se cita en el periódico estatal Trabajadores.

Pero este propósito de sindicalizar a los trabajadores no estatales no surge de un deseo de proteger a los trabajadores, como es la meta de las fuerzas sindicales en las sociedades democráticas. Al contrario, sirve para transmitir el mensaje ideológico del partido gobernante y ampliar su alcance y control sobre todos los sectores de la sociedad.

Esto se debe a que a diferencia de las sociedades democráticas, donde los sindicatos surgen por iniciativa de los trabajadores, en los sistemas totalitarios, como lo es Cuba, son los gobernantes los que se afanan en agrupar a los trabajadores en los sindicatos oficialistas ―los únicos permitidos― para poder incorporarlos como apéndices del partido político en el poder. En este sentido, el empuje actual para la sindicalización de los trabajadores no estatales en Cuba no se encamina tanto a satisfacer las demandas de éstos sino en garantizar los intereses del aparato de poder, como el pago a tiempo de los impuestos y otras obligaciones fiscales por parte de los cuentapropistas y cooperativistas.

Las acciones del CTC y las reacciones por parte de los cuentapropistas hasta ahora demuestran claramente cuáles son los objetivos verdaderos de la sindicalización. Actualmente, un grupo de activistas de la CTC se dedican a visitar a esos trabajadores no estatales con el fin de captarlos para la organización. La mayoría de los que han decidido afiliarse trabajan en locales o áreas de propiedad estatal y contemplan la pertenencia a ellos como la última tabla de salvación ante los frecuentes desmanes de inspectores corruptos e implacables instancias tributarias. Sin embargo, casi ninguno de los trabajadores no estatales que laboran en sus domicilios manifiesta interés por pertenecer a los sindicatos. Ellos ―sobre todo los cuentapropistas― piensan que esas organizaciones interfieren en las interioridades de sus negocios, entre otras cosas.

Una particularidad que confirma los designios gubernamentales que hemos señalado observamos en el tipo de sindicato que se constituye con estos trabajadores. Las autoridades han preferido integrarlos a secciones sindicales mixtas, es decir, a las que también pertenecen los trabajadores del sector estatal. Claro, con el auge de las cooperativas no agropecuarias, cuyos integrantes laboran casi siempre en el mismo espacio geográfico, les va a resultar más difícil a los gobernantes no acceder a la creación de secciones sindicales puras, formadas únicamente por cooperativistas, pero no nos llamemos a engaño. También en estos casos las secciones sindicales serán controladas estrictamente por los funcionarios de la CTC.

Si alguien aprendió bien la lección de lo que significó el sindicato paralelo Solidaridad en el resquebrajamiento del comunismo en Polonia, esos fueron los dirigentes cubanos. Por tanto, el castrismo no va a permitir, bajo ningún concepto, que los trabajadores se organicen a espaldas de las autoridades del país. Esa es la encomienda que tiene ante sí el señor Ulises Guilarte De Nacimiento. No dudamos de que en ello se juegue su futuro político. Si triunfa, es probable que un comunicado oficial indique que ha promovido al poderoso Buró Político del Partido Comunista; si fracasa, es casi seguro que una escueta información señale que al compañero “se le han asignado otras tareas”.

ORLANDO FREIRE SANTANA