Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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El impacto social. Orlando Ochoa P.

El sector privado está en posición defensiva, con amenazas latentes contra sus inventarios.

El actual proceso de agudo deterioro económico y de la calidad vida en Venezuela, como consecuencia de severas distorsiones cambiarias y de precios, con elevación de la inflación y el desempleo, se podría detener, pero plantea un gran desafío, el cual tiene paralizado al gobierno de Maduro.

Cualquier intento de enfrentar los grandes desequilibrios fiscales, monetarios, en el flujo de divisas de Pdvsa y la acelerada acumulación de deudas, todo orquestado inicialmente por Hugo Chávez para ganar elecciones, y profundizado por Maduro, requiere de un plan económico coherente para ordenar la formación de precios en los mercados de bienes, cubrir el enorme déficit del sector público sin imprimir bolívares en el BCV, reestructurar a Pdvsa, pagar deudas reales a proveedores del país y establecer un nuevo régimen cambiario, con suficientes reservas internacionales para eliminar el control de cambio.

Ante la falta de disposición a hacer una maniobra económica como la antes descrita, compleja e incompatible con la “transición al socialismo”, Maduro tiene la alternativa de hacer sólo una macrodevaluación con unificación cambiaria a 25-30 Bs/$, propuesta de Ramírez, para financiar el déficit del Gobierno/Pdvsa, además de cubrir el gasto electoral del 2015. Sin embargo, si ya el daño social en curso en una economía semiparalizada con un régimen cambiario disfuncional es muy grande y doloroso, con una devaluación fiscalista, sin hacer mucho más, se disparará la inflación por encima de 100%, sin con ello lograr una base de estabilidad económica. El sector privado está en posición defensiva, con amenazas latentes contra sus inventarios, con trabajadores descontentos, sin seguridad jurídica y mal acostumbrado a las ganancias cambiarias instantáneas del régimen actual. Tal como ocurrió en el resto de América Latina y antes en Venezuela, el político promedio piensa en buscar una maniobra sólo para ganar tiempo, mientras el impacto social, más lento o acelerado, es devastador. Al final, solo queda esperar un cambio drástico (un gobierno de unidad nacional) o un nuevo gobernante con autoridad moral y respaldo suficiente para rectificar, luego del desastre económico, con sensatez y sensibilidad social. Maduro y Ramírez, junto a todos los venezolanos, sabemos que la espera no puede llegar hasta el distante 2019. 

ORLANDO OCHOA P. | EL UNIVERSAL
@orlandoochoa
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