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El imperio contra-ataca: amenazas imaginarias con medidas simbólicas.

En estos días veía nuevamente la serie completa de películas Star Wars de G. Lucas recordando que el exitoso director debió decidir si en la ciencia ficción de imperios estelares adoptaría para sus películas un enfoque adulto y sofisticado al estilo de Asimov en La Fundación o infantil y aventurero al estilo de los viejas épicas espaciales de Flash Gordon contra el emperador Ming el despiadado, entre los años ´30 y ´40 del siglo pasado, Lucas se decantó exitosamente por lo segundo pero no dejó eventualmente de incluir algunos guiños a lo primero, como a tantas otras cosas que sirven de inspiración esa galaxia muy lejana.

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Para mí, lo más interesante son precisamente tales guiños en la polìtica de caída de La República, guerras clónicas, ascenso de El Imperio Galactico y complejidad polìtica de la rebelión, por lo que de pronto pensé que los socialistas que destruyen desde el poder material y moralmente a Venezuela se ven a sí mismos como la versión más infaltilmente simple de esa alianza rebelde que en las películas de Lucas lucha contra el maligno imperio de Palpatine y su segundo Darth Vader, fuera de lo que los pudiera insultar la analogía a esa cultura de masas originada en los EE.UU. de cuyos productos culturales se nutren más incluso que los aficionados a las películas de Lucas; más, pero de otros productos culturales, algunos muy específicamente antiestadounidenses y presuntamente anticapitalistas que en ese gran mercado son negocio local y de exportación multimillonarios en constante y paradójica expansión, pero es buena la analogía ya que su “guerra” contra “el imperio” no pasa por acción alguna contra una “Estrella de la muerte” sino de discursos, amenazas vacías, propaganda y provocaciones a las que “el imperio ni se digna responder”, es de imaginar lo ridícula que sería Star Wars si la alianza rebelde comerciara a gran escala con el imperio, dependiera de sus exportaciones al mismo para su gasto interno, estuviera aquejada de escasez, desabastecimiento e inflación por sus propias acciones de gobierno, fuera mayormente ignorada por el emperador Palpatine, y su mayor esfuerzo contra el imperio fuera imponer visados y reducir el número del personal de la embajada imperial, acusando al imperio de una organizar una conspiración interna para que se bombardera múltiples y bien protegidos objetivos del la alianza con un único caza de entrenamiento de la propia alianza, uno lento y débil, casi un deslizador, mientras en lugar de dirigir los destructores imperiales ni usar su sable luz y la fuerza, Darth Vader se ocupaba de ordenar a los burócratas imperiales la congelación de cuentas en los bancos imperiales y la prohibición de acceso al espacio imperial de ciertos funcionarios de la alianza acusados de responsabilidades directas en crímenes dentro de una escalada de brutal represión contra los ciudadanos de la alianza, no del imperio.

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Esa “guerra de las galaxias” socialista sería una bufonada ridícula incluso en el marco de una película épica más bien infantil, y esa es la “guerra contra el imperio” que en clave de bufones respecto al mismo, y de destructivos y represores gobernantes locales aplican los que se imaginan a sí mismos, en un alarde de alucinación delirante, como “los héroes de la película” ante los muchos idiotas que les creen y los aplauden en ansiosa espera de sus limosas decrecientes y la grosera satisfacción de una resentida envidia. Así las cosas, no hay invasión imperial más que en la criminal imaginación del que se ilusiona imaginando las balas atravesando las cabezas de quienes osan no pensar como él; ss decir, no pensar todo el tiempo en adular a sus caudillos y en glorificar la destrucción que han causado denominándola “logros”. Y no llamaríamos luminosa a la actual administración de los EE.UU., la peor de su historia en innumerables aspectos aunque sin la fuerza para que la acompañe a ser incluso peor, pero en la escala comparativa ponderada de la destrucción material y moral la de Venezuela comparativamente es el lado obscuro y maligno a una escala y magnitud de miseria que pocos gobiernos pueden presumir de emular o superar hoy en día.

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El “imperio” no contra-ataca, y si no se limita a ignorarlos por completo, casi por completo apenas, el problema es entender que entre la mayoría de los hispanoamericanos ciudadanos de los EE.UU. y registrados para votar el actual gobierno de Venezuela es mayormente impopular, razón por la que la Administración Obama decidió agregar su propia medida ejecutiva para congelar las cuentas bancarias, inmuebles y empresas además de prohibir la entrada a los EE.UU. a otro grupito de funcionarios venezolanos señalados por violaciones de derechos humanos, su mejor estrategia a las provocaciones de Caracas es no responder, tal silencio es lo que más daña en realidad a un gobierno responsable de la mayor destrucción material y moral que ha conocido Venezuela en toda su historia, pero para ganarle unos votos a los republicanos bien podía el “estadista” a cargo del peor gobierno de las historia de los EE.UU. arriesgarse a perder parte de esa efectividad reduciendo al mínimo el daño por el dudoso medio de nuevamente  dejar muy claro que las sanciones son a funcionarios específicos y no afectan en nada al resto de los Venezolanos de aquí, allá o acullá ni a sus bienes, ni al comercio bilateral en reducción lenta pero segura, diría que lo suficientemente impopular para que una administración que obviamente no desea darle oxigeno a la de Maduro por la vía de las sanciones comerciales amplias se vea en la necesidad de no dejar la condena a la escalada represiva del gobierno venezolano como monopolio republicano.

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Fuera de los discursos imaginativos en que los dirigentes revolucionarios venezolanos despliegan sus teorías conspirativas con malas imitaciones de las peores de entre las malas película de espías de otros tiempos, es imposible tomarse en serio  las sanciones a presuntos violadores de derechos humanos con nombre, apellido y presunción de casos individualmente y personalmente identificados como una respuesta a las provocaciones de la cabeza del Ejecutivo revolucionario en Caracas, de seguir sancionando a personas especificas con casos específicos con la congelación de unas cuentas y activos que los revolucionarios afirman no tener y un acceso a un país que afirman no desear visitar, todo lo que se inventan de este lado del Caribe los gobernantes para inventarse una escalada queda en el aire como bufonada sin efecto y sin sentido, es tan desesperada la necesidad de una escalada real que deben inventarla usando como asidero lo que en realidad está a años luz de una verdadera escalada que desean casi tanto como a su vez temen, queda por saber si la ignorancia de “el colectivo” es tan grande como para que de lo mucho inventado y lo aparentemente tan real como risible le vendan sus desastrosos gobernantes un mal guión inverosímil a fin de obtener las ganancias de una escalada imaginaria sin los riesgos de una escalada real.

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En realidad, que los funcionarios militares, policiales y judiciales a cargo de la escalada de represión en Venezuela, o en cualquier parte en que a eso recurra un mal gobierno, se queden junto con sus familiares y asociados sin cuentas, propiedades y vacaciones de magnates en los EE.UU. está a años luz de ser un ataque a los pueblos sometidos a esa represión, e incluso a la parte de los mismos que la apoya y aplaude, esa que en otros tiempos se hubiera denominado plebe y no pueblo, mientras no pase de ahí, no importa el número o la importancia de los cargos que pueden ir a más en los dos sentidos, porque la única forma en que eso se transforme en algo que afecte al resto de los ciudadanos es que sea el gobierno de los sancionados en que extienda en la medida de sus posibilidades las sanciones aplicadas a ellos, y más nadie, por una potencia extranjera en su propio territorio soberano, al resto de los ciudadanos por la fuerza, cosa difícil, costosas, con más daños que ventajas, y finalmente muy difícil de imponer universalmente, pero no descartable por quien necesita un “bloqueo” imperial que no llega en la realidad mientras el que se inventan despierta más risas que temores.

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GUILLERMO RODRÍGUEZ
Economista
Profesor Universitario