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El imperio y la propiedad privada

El Universal 12/05/08

Por: Diego J. González Cruz

Medir la tierra y convertirla en propiedad es una muestra de la propuesta de Klauss Jaffé

La idea de la tierra como propiedad privada se originó en Inglaterra en 1538, pero sólo se generaliza e impone 247 años después en América del Norte, donde cada ciudadano tiene la libertad de adquirirla (incluyendo el subsuelo). En la intersección entre los estados Pennsylvania y Ohio, vecino del pueblo East Liverpool-Ohio, hay una placa en la cual se lee “El punto del comienzo” – “1112 pies al sur de este punto comenzó la demarcación de las tierras públicas de los Estados Unidos”. Thomas Hutchins (primer geógrafo de Estados Unidos), el 30 de septiembre de 1785, comenzó a cuadricular en ese lugar, matemáticamente diseñado con un único sistema de medida, lo que se repetiría después en todo el territorio de esa nación del norte. En ese lugar Estados Unidos comenzó a tomar la forma geométrica que tiene hoy, desde Canadá hasta el Golfo de México y el Océano Pacífico, creando una estructura de propiedad privada excepcional en la historia. Por ello no es coincidencia que los estados y municipios como se conocen actualmente, estén casi en su totalidad definidos por límites que corren en dirección este-oeste, que coinciden con los paralelos geográficos; mientras en dirección norte-sur, la coincidencia sea con los meridianos. Esta disposición y orientación se extendió también a la mayoría de los pueblos y ciudades.

Transformar

Hutchins señaló que su propósito era medir esa tierra para que pudiera ser vendida. La gran idea fue transformar las sabanas, desiertos, bosques y montañas en propiedad, en dinero para los ciudadanos (Andro Linklater, Measuring America, 2002). Antes, en 1618, para atraer colonos a las nuevas tierras, se ofrecieron lotes de 50 acres (20,2 hectáreas) por $ 1,25 a los que se atrevieran a cruzar el océano. En contraste, mientras esto ocurría en Estados Unidos, en el territorio de California, regido por España (1769-1821), a menos de 30 familias les fue permitido adquirir sus propias tierras.

El precursor de esta fabulosa y popular tesis fue Thomas Jefferson, quien después se convertiría en el tercer presidente de la Unión (1801-1809). Esa idea tuvo el apoyo de otro padre fundador, George Washington (de profesión agrimensor o topógrafo). La fórmula se extendería luego a los territorios franceses al oeste, adquiridos por 23,2 millones de dólares en 1803, ocupados hoy por 15 estados de la Unión. Los lotes se venderían a un dólar el acre. Un informe de 1790 estimó que en los próximos 25 años el precio del acre llegaría a no menos de ocho dólares. Esto provocó un boom en la venta de tierras.

Las dificultades

Implantar esta idea no fue fácil. Los indios que ocupaban parte de esos territorios no veían la necesidad de su demarcación y atacaban a los topógrafos. Hay que apuntar que también surgieron especuladores que solicitaron al Gobierno adquirir parte de las tierras para venderlas con sobreprecio. El proceso en su conjunto llevó más de 120 años, hasta culminar en el estado de Arizona, creado en 1912.

En la actualidad la tierra es propiedad de millones de granjeros y empresas. El censo agrícola registra 2.128.982 de propietarios de 379,7 millones de hectáreas, de los cuales 66% posee 72 o menos hectáreas. Y más interesante aún es el siguiente dato: de ese total, 89,7% pertenece a individuos o familias, y sólo 10,3% pertenece a socios, corporaciones familiares y corporaciones no familiares. De la propiedad de la tierra, como bien transable, se pasó a la creación de empresas de todo tipo. En Estados Unidos hay 23 millones de firmas, con cerca de 111 millones de empleados. La Bolsa de New York maneja 2.764 empresas y mueve 26 billones (1012) de dólares en acciones. La Nasdac (Bolsa electrónica) maneja 3.200 empresas, las cuales en su inmensa mayoría son propiedad del pueblo norteamericano, por el acceso que tienen a sus acciones, ya sea desde colocaciones individuales, o a través de fondos de ahorro, de retiro o pensiones.

La propuesta

Esta idea de medir la tierra y convertirla en propiedad es una muestra de la propuesta que realizó Klauss Jaffé, compañero en el Consejo Académico de CEDICE-Libertad, en su libro La riqueza de las naciones (2007), al proponer un análisis multidisciplinario a los temas de la riqueza y la pobreza. El Centro de Políticas Públicas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), sería un foro conveniente para debatir sobre el tema referido a la importancia de la propiedad de la tierra para el desarrollo y para derrotar la pobreza en Venezuela.

cedice@cedice.org.ve