Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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El incierto futuro de la Revolución Bolivariana

Publicado con la autorización de AIPE

Por: Carlos Sabino

Después de la derrota sufrida en el referéndum del 2 de diciembre pasado Chávez afronta un período de dificultades que, por ahora, tiene difícil pronóstico. La situación económica, a pesar de los muy altos precios petroleros, genera preocupación y malestar en el ciudadano común, porque a la inflación acelerada que supera –según cifras oficiales- el 22%, se añaden la escasez de muchos productos básicos y las pocas inversiones que se realizan.

Pero Chávez no puede lanzarse a actuar, ante estas dificultades, como él quisiera: después del rechazo electoral a la implantación del socialismo el teniente coronel no puede proceder a realizar expropiaciones masivas y a estatizar la mayor parte de la producción del país, como serían sus deseos. No tiene respaldo en la opinión pública para hacerlo y no posee, siquiera, el apoyo decidido de las propias fuerzas políticas que integran su proyecto. Si es cierto que en el chavismo –y en general en Venezuela- existe una mentalidad bastante favorable al control del estado sobre la economía, es cierto también que muy pocos son los que prefieren encaminarse a una economía totalmente estatizada, de tipo cubano.

La situación podría resolverse, como ha sucedido otras veces en Venezuela, si se levantasen de una vez los controles que existen sobre la economía. Esto, sin embargo resulta impensable ahora: para el chavismo sería como abdicar de todas sus propuestas y tomar las medidas “neoliberales”, favorables a la libertad de mercado, que han sido el blanco de todos sus ataques. Si bien se habla ahora de liberar la mayoría de los productos de precio regulado y dejar “apenas” una cesta de 50 productos básicos bajo control, todavía no se ha adoptado ninguna decisión firme y se extienden las discusiones en el seno del aparato gubernamental y los grupos que apoyan al chavismo.

En el frente político sucede algo similar: después de la derrota de diciembre, que tuvo que aceptar debido a la presión que ejercieron las fuerzas armadas, Chávez está en la disyuntiva de persistir y profundizar el curso revolucionario o, al contrario, detener momentáneamente su proyecto y retroceder hacia una política más moderada. En este último sentido debe mencionarse la amnistía promulgada por el gobierno que, si bien limitada y parcial, se agrega a algunas declaraciones conciliadoras del mandatario, que mencionan la necesidad de ocuparse de la economía y de ganar apoyos antes de proseguir se marcha hacia el socialismo. Pero, simultáneamente, Chávez sigue dando pronunciamientos incendiarios, como el que pide dejar de considerar a las FARC como terroristas, e insiste en la posibilidad de llamar a un nuevo referéndum para que el electorado considere otra vez su propuesta de reelección indefinida.

En el seno del chavismo se discuten todas estas posibilidades, aunque dada la naturaleza caudillista del régimen y su vocación autoritaria las decisiones, en última instancia, sólo serán tomadas por el jefe supremo y de un modo muy poco transparente. Con un panorama internacional complicado, en el que no es probable que haya mayores aumentos en el precio del petróleo y sí, en cambio, grandes dificultades para sus aliados internacionales, Chávez afronta un momento de debilidad y de incertidumbre.

Por ahora, sin embargo, la oposición no ha mostrado una real capacidad para aprovechar esta coyuntura y se mantiene como a la expectativa, sin que surjan de sus filas propuestas efectivas y motivadoras capaces de rendirle frutos. Es cierto que existe un creciente malestar en las fuerzas armadas -que en conjunto tienden hacia una salida moderada- y que las futuras elecciones de gobernadores pueden dar por resultado un mayor debilitamiento del régimen. Pero esos comicios aún están muy lejos, hacia el final de este año, y es mucho lo que puede suceder en los largos meses que faltan para su realización.

Lo único seguro es que, en el corto plazo, aumentarán las dificultades económicas de la población: la bonanza de estos años pronto podrá terminar, aumentará sin duda la inflación y la economía tenderá a enfriarse, provocando malestar entre la ciudadanía común y una respuesta cada vez más activa de los sindicatos. Un año difícil, en suma, durante el cual habrá que estar muy atentos a los posibles cambios que en todas las áreas se produzcan.