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El legado de Hugo Chávez y su culto a un año de su muerte. Andrés Volpe

“Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido”
Simón Bolívar

“Váyanse al carajo, yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno, aquí hay un pueblo digno, yanquis de mierda, váyanse al carajo 100 veces, aquí estamos los hijos de (Simón) Bolívar, de Guaicapuro (líder indígena local) y de Tupac Amarú. Nosotros estamos resueltos a ser libres”. Así resonaban las palabras de Hugo Chávez en el año 2008 cuando pedía respeto a la soberanía de Bolivia y Venezuela por parte del gobierno de los Estados Unidos. Quizás esta frase sirva para transmitir lo que Chávez representó y representa para los venezolanos luego de cumplirse, el día de hoy, un año de su muerte.

Para unos, el difunto presidente Chávez era un reivindicador de los derechos de los pueblos oprimidos, un luchador infatigable, incorruptible, representante de la verdadera voz del olvidado por el capitalismo. Una figura que en un discurso transmitido obligatoriamente en televisión nacional se deslinda de la dignidad de su cargo y se permite ser soez y desafiante: un “Comandante” o un caudillo bizarro.

Para otros, Hugo Chávez fue un presidente autoritario y el causante de la crisis económica que Venezuela padece en el presente. No se duda que su mala administración, la política económica dirigida a la importación, la corrupción descarada del movimiento revolucionario junto con el control de divisas, su fijación en un socialismo obsoleto y el mediocre capital humano presente en su gobierno, han causado los problemas de escasez de alimentos y medicinas, la violencia y la inseguridad, e incluso, según recientes palabras del ministro de educación, Héctor Rodriguez, ha mantenido la pobreza en niveles estables y controlables para asegurar una base de fidelidad política.

No obstante, se argumenta que Hugo Chávez en sus 14 años de gobierno celebró 14 elecciones constituyendo a Venezuela en un bastión democrático en América Latina. Así mismo, muchos analistas y periodistas a nivel internacional han mostrado admiración por las misiones, programas sociales dirigidos a los sectores más necesitados de la población para satisfacer problemas de salud pública, alimentación, educación, etc.

Fomentar el terror

La realidad venezolana para la fecha contradice dichos argumentos. El gobierno de su electo sucesor, Nicolás Maduro, ha demostrado que el movimiento chavista es una organización destinada no a la preservación de la democracia, sino a la preservación del poder por medios democráticos o violentos. Se ha expuesto la corrupción que existe entre los poderes públicos que actúan concertadamente bajo la orden del poder ejecutivo y se ha evidenciado que el gobierno chavista durante años fue consolidando yauspiciando grupos armados paralelos a la estructura legal del Estado para fomentar el terror en caso de que las urnas electorales fallasen.

Por otro lado, hoy en día se puede observar el producto de los programas sociales: las largas colas que sufren los sectores más pobres para poder acceder a la compra de alimentos importados con precios artificiales sustentados por subsidios estatales. Muchos de estos programas también están condicionados a un factor de obediencia política, ya que una persona que abiertamente contradiga al régimen o no esté registrada en el PSUV, el Partido Socialista Unido de Venezuela, es denegada el privilegio del Estado. Las misiones han fomentado una condición de dependencia tóxica entre los sectores más desfavorecidos de la sociedad venezolana y el Estado.

No obstante, la concepción del “Comandante” en el imaginario popular venezolano trasciende los factores económicos y políticos para transformarse en un culto. En Venezuela existen dos ordenamientos que regulan la conducta en la sociedad. Uno es el que se desprende de las leyes y las costumbres heredadas por constructos sociales anteriormente existentes al chavismo y, uno muy diferente y quizás en contraposición al otro, que se desprende de los valores y principios generados por el liderazgo de Hugo Chávez: el chavismo.

Si bien la revolución de Hugo Chávez es considerada un fracaso en el plano de las ciencias económicas, en el ámbito teológico-político ha sido un éxito. Hugo Chávez fue capaz de penetrar en la fibras del imaginario colectivo, en el culto bolivariano para formar parte de este y constituirse en lo que Simón Bolívar es para una gran mayoría en América Latina: un héroe divino.

Ingobernabilidad

Esto es decididamente cierto cuando se estudian los fundamentos de la necesidad histórica que produjeron el culto a Bolívar. El Dr. Carrera Damas establece en su obra, El culto a Bolívar, que el culto bolivariano funge, luego de la muerte del Libertador y durante la construcción de la república, como “factor de unidad nacional, como reivindicación del principio del orden; en factor de gobierno, como manadero de inspiración política; y como factor de superación nacional, como religión de la perfección moral y cívica del pueblo”. Todos estos tres factores los cumplió Chávez al momento de su muerte cuando pasó de ser presidente a inspiración política para sus seguidores políticos, principio de orden dentro de su propio movimiento al momento de pedir lealtad a Nicolás Maduro y religión para sus seguidores que expresan fe ciega a su liderazgo sin importar las penurias impuestas por su socialismo del siglo XXI.

Nicolás Maduro no representa nada de ello. La sombra del “Comandante” se extiende alta y poderosa frente a la pequeñez del actual presidente que ante la presión social iniciada por los estudiantes en Venezuela solo ha sabido tomar represalias violentas, desproporcionadas e ilegales. Es claro que Maduro ha llegado a un punto de ingobernabilidad nunca visto durante los 14 años de Chávez. Incluso se habla de rupturas internas dentro del chavismo, cuestión que resalta su fallido liderazgo en dos frentes: a nivel externo, es decir, frente al electorado y a nivel interno, frente a los múltiples líderes chavistas que integran y son parte esencial del movimiento.

“Yo entré a una capilla chiquitica esta mañana (…) De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba. Se paró en una viga de madera y empezó a silbar, un silbido bonito. Me lo quedé viendo y también le silbé. El pajarito me vio raro. Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue y yo sentí el espíritu de él [Chávez]. Lo sentí ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: Hoy arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestras bendiciones. Así lo sentí yo desde mi alma”. Estas son las palabras de Nicolás Maduro en Abril del 2013. Quizás esta frase sirva para expresar lo que Nicolás Maduro representa para muchos.

No obstante, mientras Nicolás Maduro toca la lira, silba o sigue sintiendo desde su alma el espíritu del “Comandante”,Venezuela se hace ingobernable a tal punto que el legado de Hugo Chávez, después de un año de su muerte, se encuentra frente a la real posibilidad de desintegrarse pasando a ser una historia más de las locuras del trópico y sus dictadores trasnochados.

ANDRÉS VOLPE ― ELMUNDO.ES
@andresvolpe