Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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El “merrcenarrio”. Carolina Jaimes Branger

“Un cuento de carnaval en agosto… “

Había una vez un país en el que ocurrían las cosas más insólitas. Sus habitantes se habían acostumbrado a todos los exabruptos. No les sorprendía, por ejemplo, la cantidad de conspiraciones abortadas, intentos de magnicidio descubiertos, golpes de Estado frustrados ni cualquier otra acción desestabilizadora.

Un día se sorprendieron: apareció un extraño hombre. Algo en él no cuadraba, pero los policías no atinaban a dar con lo que era. Lo detuvieron, por aquello de “detener primero y averiguar después”. ¿Era el traje? Un flux negro, camisa blanca y corbata negra. Eso era sospechoso: nadie se ponía flux en aquel calorón. Pero no era suficiente indicio. ¿Eran los lentes? Hmmm, tal vez. Modelo aviador de Ray Ban. De los que usan los malucos en las películas… Bueeeeno, no era para tanto… unos cuantos de sus superiores también los usaban. ¿Pero qué es estoooo? ¡Un carnet! Un carnet que dice “CIA”… Pero “CIA” es la abreviación de “compañía”: eso solo significa que el señor trabaja. Revisemos el morral. Que vista de flux y lleve morral es altamente sospechoso. ¡Aquí está la prueba! ¡Un cuaderno! ¡Un cuaderno que dice “MUD” en la primera página! ¿Qué es “MUD”? Uno de los agentes voló a buscarlo en la computadora. “MUD” significa “barro” en inglés. ¡Ajá! ¡El idioma de las conspiraciones! ¡Este hombre es un conspirador! Pero el sargento recordó que la pana golillera también hablaba inglés y desecharon la hipótesis.

Ya la voz había llegado a las más altas autoridades: “tráiganlo a la capital”. Allá llegó el más veterano funcionario de inteligencia.

“Habla ahora o calla para siempre”, le dijo. “¿Que hable qué?” preguntó con voz nasal, chillona y con acento de musiú. “¿Qué viniste a hacer aquí?… ¡Confiesa!”… El hombre bostezó. Un enorme y prolongado bostezo. “Nou sé. Fui a una fiesta de disfrraces donde tomamos como locos… me monté en un autobús y me quedé dorrmido… Me desperrté en la comisarría”.

El veterano se puso de pie: “¡he aquí la prueba que necesitábamos: no hay fiestas de carnavales en agosto… deténganlo!”. Lo llevaron al calabozo. El agente que hacía la ronda se acercó sigilosamente y le preguntó: “¿de verdad estabas en una fiesta?… ¿de qué estás disfrazado?”. El misterioso hombre sonrió y dijo: “de merrcenarrio”.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

@cjaimesb

CAROLINA JAIMES BRANGER | EL UNIVERSAL
lunes 20 de agosto de 2012 12:00 AM