Si las secuelas de aquella obra de teatro no fuesen tan trágicas y destructivas de la calidad de vida de millones de personas, quizás fuese hasta divertido. Es un desfile de personajes al ritmo de la música, que cantan sin cesar en un coro repetitivo, como cuando Mary Poppins puso a flotar fuera de sus rieles a las figuras del carrusel del parque. Estos personajes dirigen su mensaje a las grandes masas de población, a los pobres, a los desposeídos, a los vulnerables, a los “descamisados”, a las “clases populares”. La pobreza, la mala nutrición, la contaminación ambiental, el calentamiento global, el racismo, la desigualdad de ingresos…tienen un culpable común: el neoliberalismo.

En la obra, opera un gobierno que tiene como oposición a semejante carrusel. A los ojos y oídos del público, aquella letra tan simple y pegajosa tiene mucha acogida, no faltaba más. Y no pasará mucho tiempo para que esos figurines asuman el poder, en nombre del pueblo. Una vez allí, arrancan de raíz toda la institucionalidad vigente. Porque así es la única forma de que “gobierne el pueblo”.  Subsidian la energía; estatizan y protegen a industrias y sectores “por razones estratégicas”; aumentan el empleo en el sector público, con múltiples beneficios para el trabajador; controlan todos los precios en la economía, desde los de la crema dental, el café y las aspirinas, hasta el tipo de cambio, los salarios y las tasas de interés; limitan las exportaciones.

En ocasiones, la gente percibe una mejoría en su cotidianidad. Pero es efímera e, inevitablemente, el modelo colapsa, y arrastra en su caída libre al empresariado, a la infraestructura de las ciudades, a la economía, a la gente. Los figurines pierden el poder, no sin resistencia, y alegan que los grandes grupos nacionales y extranjeros, con sus intereses, no los dejaron gobernar ni desmontar el “aparataje neoliberal”. El caos que legan es de tal magnitud que obliga a un nuevo gobernante a tener que corregir los entuertos lo antes posible, porque de lo contrario, se lo llevarán por delante.

Y allí estarán nuestros personajes musicales, prestos a asumir el poder de nuevo. El desfile continuará, a veces con nuevos personajes, o con los mismos pero con diferentes trajes y maquillajes. Pero hay algo que no cambiará. El neoliberalismo será siempre tema del estribillo, el sospechoso habitual, el culpable de todas las calamidades.

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Fuente: www.fundacionatlas.org

@YegresGuarache

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