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El país como alcachofa. Domingo Fontiveros

El gobierno ha metido al país en un círculo vicioso de ruina progresiva.

Frente a la deplorable situación de la economía venezolana, el régimen viene anunciando decisiones, planes y proyectos. A veces uno piensa que el gobierno, de esta manera, está maquiavélicamente haciendo lo necesario (mentir, decretar, perseguir y atemorizar) para terminar de socializar el aparato productivo, comercial y financiero.

Otras veces, cualquiera puede concebir, dando un inmerecido beneficio de la duda, que las autoridades están simplemente desconectadas de la realidad problemática que vive la gente y el conglomerado de empresas y personas que se ocupan de producir, distribuir, financiar, comercializar, cobrar y pagar en materia de bienes y servicios requeridos para que el sistema económico y “lo social” funcionen adecuadamente.

En cualquiera de ambos casos no cabe razón para encontrar luces optimistas respecto a una rectificación. Si el gobierno continúa socializando, las cosas serán peores que ahora, las cuales son básicamente resultado de casi 15 años de socialización continuada.

Nadie puede esperar en sano juicio que se obtengan resultados diferentes haciendo más de lo mismo. Y si el gobierno está simplemente desconectado de la realidad no es difícil anticipar que los problemas grandes y pequeños seguirán también por el mismo camino. Por encima de los avances puntuales en algunos segmentos que las autoridades se afanan en magnificar con una lente x100, para ponerlos como ejemplo de un avance general, la verdad está en que en el “agregado”, es decir, en la suma de lo bueno, lo malo y lo neutro, la ecuación arroja resultados muy negativos.

El gobierno ha metido al país en un círculo vicioso de ruina progresiva. De hecho, se está comiendo al país como si fuera una alcachofa, hoja por hoja. Que no les importe demostraría que su prioridad no está en la felicidad general que proclaman. Que no lo vean, aparte de probar su desconexión, es síntoma de un sistema informático del Estado interesado en engañar a los demás que termina engañando a sus propios altos funcionarios. Igual ocurrió en la URSS.

Ahora en China, respecto a algunas estadísticas cruciales. Casi nadie se molesta ya en cuestionar las cifras cubanas.

Las cifras oficiales de producción han sido reiteradamente cuestionadas, desde el petróleo y refinados, hasta el cemento; desde cabillas hasta jugos pasteurizados. Hasta el exBCV ha cejado de verificar y se atiene a las respuestas de cuestionarios-formatos, que no puede cuestionar si se trata de empresas estatales. Las estadísticas sobre inflación, en otro particular, puede decirse que están bastante subestimadas, no necesariamente sólo por una tentación de maquillaje, sino porque metodológicamente tienen un sesgo a la baja. Con una inflación “bajada”, no sorprende que tanto el consumo privado como el PIB hayan mostrado en la pantalla oficial un repunte durante el último trimestre que contradice la escasez en bienes de consumo y de materia prima reportadas en el mismo lapso y los severos estrangulamientos en el sistema de producción, distribución y comercialización.

Así como Hitler amasaba tanques de guerra y bombarderos en nombre de la paz mundial, este gobierno amasa propaganda para llenar el tanque de reservorio de la opinión pública en apoyo a su socialismo. Pero hay un hueco grande en ese tanque.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net