Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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El régimen y los estudiantes. Domingo Fontiveros

La bandera de libertad es más poderosa que todas las insignias simbólicas de la revolución.

En los últimos 15 años el estudiantado venezolano no se había movilizado en forma tan masiva como en el presente para cuestionar en las calles al gobierno-régimen. Esto representa un cambio cualitativo substancial que cambia la ecuación política del país, tanto a oposición como a oficialismo. Cada cual debe tomar nota.

Este cambio se manifiesta en varios aspectos. La juventud siente cómo el futuro se les va quedando atrás respecto a sus aspiraciones de libre elección, una vida adulta independiente, y acceso a bienes culturales, materiales y tecnológicos asequibles por sus pares en la mayoría de los países. Entiende también que su futuro y calidad de vida están sujetos más a políticas oficiales arbitrarias que a su esfuerzo propio o al de sus padres. La juventud ha aceptado que a pesar del esfuerzo de sus mayores para evitarlo, el régimen persiste en seguir el mismo camino equivocado porque ha tenido la fuerza material y represiva para hacerlo. Los estudiantes han decidido que les llegó la hora de hacerse escuchar y de asumir el espacio político, en sus diversas formas y expresiones, para sacudir la modorra de algunos partidos y aportar un importante factor de impulso al cambio de rumbo en el destino nacional. Asimismo han hecho suya la bandera de la libertad porque temprano han aprendido y presentido lo ominoso que significa perderla.

Para la oposición este cambio representa una oportunidad singular de actualizar su discurso e incorporar el mensaje estudiantil a su planteamiento político. No se trata de partidizar la protesta de los jóvenes, sino de reconocer que ellos se encuentran ya graduados de ciudadanos, lo cual implica estar politizados, no partidizados, y que seguirán buscando espacios, para lo cual deben encontrar puertas abiertas, sin condicionamientos ni cortapisas. Ello involucra al menos la renovación de la elite opositora, preservando lo mejor que exista en la misma, la incorporación de nuevos protagonistas, y un cambio en la expresión organizativa de la unidad democrática.

Para el gobierno, el cambio cualitativo mencionado, representa por el contrario una seria amenaza. La bandera de libertad es más poderosa que todas las insignias simbólicas de la revolución con las que ha venido manipulando al país. (Y también más fuerte que la consigna sencillamente democrática que ha enarbolado gran parte de la oposición). La aparición vibrante de la juventud como nuevo componente de la ecuación política está en abierta en contradicción con la acartonada y simplista concepción de un régimen que rinde culto a lo peor de lo antiguo, que detesta al pluralismo y que viene imitando al quizá más vetusto régimen político del mundo, como lo es el cubano. El gobierno sabe que puede comprar varios empresarios, algunos políticos y a muchos elementos de las fuerzas represivas formales e informales, pero no a la juventud idealista que busca su destino al margen de las “cúpulas podridas” que fijan el futuro del país.

De allí la arremetida violenta contra la libertad de expresión y los derechos humanos, el cerco armado a las manifestaciones opositoras y marchas de calle, la anegación de medios informativos con cínicos mensajes de paz y amor, y la persecución inclemente contra líderes locales, regionales y nacionales de la disidencia.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net