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El regreso de Tabaré. Álvaro Vargas Llosa

El sorprendente resultado de la primera vuelta en Uruguay ya anunciaba lo que ha sucedido anoche: la imposibilidad de que el opositor Luis Lacalle, joven estrella emergente de la política uruguaya, lograra votos suficientes para impedir el regreso al poder de Tabaré Vázquez y por tanto un tercer gobierno consecutivo del Frente Amplio.

Quizá Lacalle, que ha perdido el “ballotage” por un margen significativo, equivocó la estrategia que tanto se le alabó en la primera vuelta y que se resumía en el slogan “La Positiva”. Me refiero a su decisión de no atacar a los dos gobiernos que ha tenido el Frente Amplio y optar por un discurso desdentado y constructivo. El problema con esa estrategia, hoy se ve más claro, era doble: todavía muchos uruguayos asocian la década frentista con las vacas gordas que ahora empiezan a lucir esmirriadas y el “relato” político uruguayo favorece a la izquierda porque es ella quien más ha contribuido a elaborarlo.

Por tanto, perder la oportunidad de recordar que las vacas gordas (tasa de crecimiento promedio de 6%) se debieron al contexto internacional de altos precios para las exportaciones agrícolas, de bajas tasas de interés y abundantes capitales, y que probablemente el gobierno de Lacalle padre en los año 90 es el que hizo posible el buen aprovechamiento posterior de ese contexto, fue conceder una ventaja excesiva. Además, Lacalle y los suyos perdieron la oportunidad de señalar con el dedo a los principales responsables de aquello que hoy empieza a angustiar a una parte de la clase media crecida bajo los gobiernos frentistas: una educación pública en estado calamitoso y un exceso de impuestos (el frentismo instauró el impuesto a la renta sin reducir uno de los IVAs más altos del mundo, además de que aplica un importante gravamen al patrimonio).

Para no hablar de una infraestructura que en 10 años no se amplió y hoy es materia de obsesión nacional.

Tabaré, dicho todo lo anterior, es lo mejor del Frente Amplio (sin menoscabo de lo refrescante que es Mujica como figura pública, pero esa es otra historia). Es un hombre de visión más bien liberal obigado a convivir con una gama amplia de organizaciones de izquierda que van del populismo radical al socialismo “a la chilena”. Ha llegado a decir -y tuvo que desdecirse corriendo para que no se lo comieran vivo sus cofrades- que se necesita repartir bonos escolares a estudiantes de escuelas públicas de pésima calidad para que puedan acceder a la educación privada. Pero por ello mismo es poco representativo de la coalición que lo lleva de nuevo al poder.

En vista de la mayoría sólida del Frente Amplio en el Parlamento, el principal problema de Tabaré no será la oposición sino su propia grey. Ella está pidiendo una Asamblea Constituyente con el pretexto de modificar el rango jurídico de ciertos tratados internacionales y crear la Corte Constitucional, pero en realidad apunta a modificar aspectos medulares de un texto fundamental en la que, como dijo alguna vez el Presidente Mujica, “prevalece el derecho de propiedad sobre los otros”. Por otro lado, la presión del Frente Amplio para que Tabaré suba aun más los impuestos es inevitable: han ofrecido gastos adicionales por casi 4 mil millones de dólares a pesar de que el déficit fiscal ronda el 3%.

La experiencia ha demostrado lo peligroso que es reelegir eternamente a los partidos o coaliciones de gobiernos: ello despierta tentaciones hegemónicas que merman la ética y el Estado de Derecho a menos que haya una capacidad de reacción contundente. La ausencia de una oposición poderosa por el resultado de ambas vueltas electorales indica que sobre los hombros del oncólogo que se convertirá en el segundo mandatario desde la vuelta de la democracia en regresar al poder reposa la responsabilidad de contener las ínfulas de los suyos.

ÁLVARO VARGAS LLOSA | voces.latercera.com