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El regreso del dólar. Domingo Fontiveros

Vamos camino al establecimiento de un “mercado” cambiario a la cubana.

El dólar acaparado por el gobierno corre como en un circuito. Desaparece y reaparece según quieran los dioses que dirigen al país.

Esta que termina fue una semana de reaparición, luego de varias en que el dólar-cometa estuvo fuera de vista, dando vuelta por los soles que cogobiernan en la nube (the cloud), adonde todo converge y nada se distingue.

El dólar regresó esta semana a la Venezuela batuqueada por la escasez, el discurso estéril, la lejanía de futuro propio y la inflación rampante. Y regresó para ser vendido en pantalla del ciberespacio por el gobierno, desde una dirección virtual. En una pantalla donde el “usuario” introduce datos personales, los que exija el robot cibernético, para aspirar a la preciada divisa en una subasta donde puja con muchos otros que aspiran a lo mismo, dentro de rangos de cantidad fijados por la nube, limitados por un monto total de oferta y en el rango de precio que nadie conoce por anticipado, excepto el gobierno desde la nube.

El gobierno, que odia al mercado, se convierte así en paradoja mercantil para ofertar divisas a un sinnúmero de compradores potenciales que quieren adquirir al menor precio posible, intuyendo estos que de todas formas la “autoridad” cargará precios altos para algunos y bajos para otros, con la intención de evitar la formación aborrecible de un “precio de mercado”, para castigar de paso a unos y premiar a otros. Monopolio en combinación perfecta política-económica.

Obviamente no estamos en situación de competencia sino de información con extrema asimetría donde unos pocos están dateados y la mayoría se aglomera en torno a rumores, sospechas, consejos efímeros y cálculo de apuestas. Es decir, el terreno más fértil para negocios perfectos de unos y pérdidas irrecuperables para otros. Algunos confían en el experto mejor dateado, en apariencia, porque el tiro puede siempre salir por la culata en el entramado de intereses políticos y financieros.

Por ello, el retorno del dólar es buena noticia para algunos. El gobierno sediento de redención fiscal recibirá por fin más bolívares por cada dólar que venda. Las empresas podrán legitimar divisas que utilicen para importaciones y otros fines, sin caer bajo la guillotina de las atorrantes leyes cambiarias. La persona común tendrá una ventanita por donde alguna logrará pasar. Y los intermediarios tendrán nueva oportunidad para hacer su agosto en julio.

El problema está en que el dólar-cometa, que sube y baja, que viene y se va, no regulariza las transacciones. Por más que agudos economistas y políticos se esfuercen en visualizar variados segmentos para el mercado cambiario, las presiones de la realidad van en dirección irreconciliable: o pesocubano-bolívar-pesocubano o dólar-bolívar-dólar.

Esto significa, en medio de la irracionalidad que arropa a casi todo en la Venezuela de hoy, que vamos camino al establecimiento por descarte de un “mercado” cambiario a la cubana, donde el gobierno se paga a sí mismo y se da el vuelto, o a una dolarización a lo panameño, para fomentar negocios, o a lo ecuatoriano, para alimentar autoritarismos adolescentes. En ambos casos, el regreso del dólar implicaría a futuro la despedida del bolívar, con todo lo fuerte que quiso ser. Cosas veredes… 

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net